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Los retratos de El Fayum


Retrato frontal con mirada ausente. / Wikipedia Retrato frontal con mirada ausente. / Wikipedia

También conocidos como «retratos de momias», estas pinturas hacen referencia a un tipo de retrato pintado sobre tabla y que se encontraron en la provincia romana de Egipto, la mayoría en la región de El Fayum: de ahí su nombre.

No cabe duda de que uno de los hechos más determinantes de la civilización egipcia, y que la hecho muy popular, sin duda, ha sido su técnica de conservación de los cuerpos trás su fallecimiento. Es lo que conocemos como «momificación». Los retratos a los que hacemos referencia pertenecen a esta práctica funeraria, pero siglos después de la época de oro de los faraones.

Cuando los retratos de El Fayum se realizaron Egipto era una provincia romana, anexionada tras la muerte de la reina Cleopatra. Son estos retratos, junto a las pinturas de Pompeya, uno de los pocos testimonios que nos quedan de la pintura clásica.

Su desconocimiento, hasta épocas relativamente recientes, se debe a la pasión que los egiptólogos demostraron por el periodo faraónico, abandonando todo interés por el conocimiento de la época en que Egipto estaba bajo dominio del Imperio romano. No fue hasta finales del siglo pasado en que se despertó la curiosidad por conocer más de estas obras de arte tan peculiares. Cronológicamente se sitúan entre el siglo I a.C y el IV d.C.

Respecto a los autores no hay evidencias escritas de quién pintó estos retratos. Se conocen algunos nombres, la mayoría griegos. Lo que se desprende del estudio de las diversas obras es que hubo varias escuelas, lo que queda claramente plasmado en la calidad tan diversa que presentan. También se ha especulado con la posibilidad de que se utilizaran plantillas, retocadas con las características determinadas de cada personaje. Veremos un reflejo de este estilo en la época posclásica: en el arte bizantino, en la pintura encáustica de icono, y en el copto local.

Los retratos no corresponden ni a emperadores, ni a personas de alta alcurnia. Son hombres y mujeres de la sociedad de la época, adolescentes e incluso niños. Su estilo realista, de clara influencia romana, nos lleva a observar una pléyade de rostros adornados con sus mejores galas y joyas. Los retratos se colocaban sobre el rostro del difunto, entre las bandas de tela (cartonaje) que se usaban para envolver el cuerpo.

En la aplicación del color sobre el soporte de madera se podían utilizar diversas fórmulas, siendo la más común la disolución del pigmento en cera licuada, una vez que aquel se había desleído en aceite. Este procedimiento se denomina «encáustica». También se utilizaba la pintura «al temple», en la que el color se diluye en clara de huevo o grasa de animal, lo que permite dar mayor calidad a las obras. Se han encontrado algunas en las que se encuentran ambas técnicas.

La mayoría de los retratos son de personas jóvenes lo que nos dice que, o bien la esperanza de vida era corta (unos 35 años), o que se retrataban años antes de su fallecimiento, para que sus familiares pudieran recordarles tal y como fueron en su juventud. Están realizados con un realismo sorprendente, destacando sobre todo la mirada, de ojos agrandados y expresivos, que reflejan una vida interior aún cuando ya esta hubiera escapado del cuerpo momificado.

MIRADAS.

La mirada es el espejo del alma, dijo alguien alguna vez. También la mirada nos puede besar, al igual que se puede hablar de amor a través de los ojos, dijo un poeta algún día. A eso respondió otro que el ojo es ojo no porque lo vemos, sino porque él nos ve.

Hombres, mujeres, niños, que nos miran desde la oscuridad de unos ojos pintados por los siglos, ventanas a las que nos asomamos desde nuestra Historia, miradas que nos hablan, que nos besan y nos ven aún sin ver.

Si Mona Lisa encierra el secreto de su enigmática sonrisa, los retratos de El Fayum nos ocultan el misterio de las miradas en el tránsito entre los dos mundos, el misterio irresoluble del más allá.

La mirada es el espejo del alma, dijo alguien alguna vez… 

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