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Las fábricas-escuela de los Amigos del País en el Madrid de Fernando VII


La Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, desde los días de su fundación, recibió numerosos proyectos de maestros y fabricantes para crear o transformar sus establecimientos en escuelas especializadas. El lema de la Matritense era claro: “Socorre enseñando”. La educación básica pero también una enseñanza profesional resultaba necesaria para sacar de la pobreza y la indigencia a muchos trabajadores. Además, los artesanos, comerciantes y pequeños negociantes necesitaban mano de obra especializada de una manera creciente.

Los Amigos del País rechazaron cualquier propuesta que no estuviera inspirada en principios ilustrados, pues su idea era crear jóvenes profesionales y no facilitar una mano de obra barata, analfabeta y dependiente. Además, la invasión napoleónica había causado estragos en la población que necesitaba recuperar el tejido económico anterior a la invasión francesa. Para evitar abusos y propuestas deshonestas por parte de maestros o negociantes, la Económica Matritense acostumbraba a enviar a algunos de sus socios - generalmente de la sección de Artes y Oficios- como comisionados a los talleres para comprobar la calidad de la obra de aquellos que pretendían enseñar a través de una nueva pedagogía. Había que asegurarse de que los jóvenes serían tutelados por expertos y personas que velarían por su interés.

Buena parte de las propuestas que recibieron, a partir de 1814, fueron rechazadas, a pesar de su interés y necesidad, por falta de dinero o de acuerdo con las condiciones propuestas por los ofertantes a la Matritense o al Consejo Real, donde enviaron también sus planes para formar jóvenes en sus obradores. No obstante, los Amigos del País intentaron impulsar la erección de doce fábricas-escuela, aunque a la altura de 1820 sólo funcionaban cuatro centros en la capital: un almacén-escuela de cordonería, la escuela de talabartería de Manuel Chacón, un obrador para la construcción de instrumentos de astronomía, dirigida por Francisco Lorenzo, y la escuela de disecado y dibujo de Manuel Duchen du Princi. Otros proyectos que no pudieron sufragarse -sobre todo por falta de dinero- fueron un taller-escuela de doradores, una fábrica-escuela de maderas finas y una escuela de tintorería. Otros proyectos fueron enviados al Consejo Real con la recomendación de la Sociedad Económica, como una escuela de adorno, otra de dorado, una fábrica de tejidos y una escuela de tintes. Como se aprecia, negocios relacionados con el consumo de la elite social y la confección textil.

Desde un punto de vista pedagógico, estos establecimientos basaron su enseñanza primordialmente en la trasmisión de conocimientos profesionales. Los estudios teóricos y el dominio de las primeras letras ocuparon un lugar muy secundario, pues los maestros a cargo de estos talleres, en su mayor parte, no estuvieron convencidos de la utilidad de estas disciplinas para el perfecto manejo de su oficio. Por ello, el número de aprendices de estos obradores disminuyó con el tiempo, al percibir que sus maestros no se molestaban en mejorar sus técnicas, pues transmitían, en muchos casos, las tradicionales y ellos podían adquirirlas en otros lugares.

Sin embargo, las autoridades fernandinas conocieron el interés de la Matritense por el fomento de la industria, de tal manera que el rey –a través de su secretaría de su mayordomía mayor- encargó a los Amigos del País que inspeccionaran la fábrica de tapices de Livinio Stuyck, a fin de estudiar la renovación o no de su contrato a su viuda e hijo, la cual todavía existe hoy. A la par, el corregidor de Madrid – que era el conde de Moctezuma- solicitó a la Sociedad que examinara el estado en que había quedado las fábricas, el comercio y el artesanado en la provincia de Madrid tras la Guerra de la Independencia, y en el mismo informe expusieran los medios que podrían proveerse para restablecer la situación y ofrecer trabajo a las familias pobres.

El lector interesado puede acudir a

Eduardo Montagut, “Las Reales Sociedades Económicas en tiempos de Fernando VII”, Torre de los Lujanes, nº 25, (1993), pp. 133-149.

Antonio Moral, Gremios e Ilustración en Madrid, 1775-1836, Madrid, 1998.

Doctor en Historia por la Universidad de Alcalá y especialista en la etapa contemporánea. Ha ejercido como profesor universitario y ha escrito numerosos artículos sobre cine e Historia Contemporánea en diversos medios.