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Las centurias negras rusas: ¿Fascistas avant la lettre?


Centenanegristas manifestándose en Odesa tras la publicación del Manifiesto de Octubre. / Wikipedia Centenanegristas manifestándose en Odesa tras la publicación del Manifiesto de Octubre. / Wikipedia

En 1902 se publicaron en Rusia Los protocolos de los sabios de Sión, un libelo antisemita falsificado. En él se advertía de un presunto contubernio judeo-masónico, el cual pretendía que los comunistas, los judíos y los masones se hicieran con el control de las naciones, como primer paso para tomar el poder a nivel mundial. En realidad, su objetivo era el dar una cobertura ideológica a los pogromos que sufrían los hebreos en Rusia bajo la férula del zar Nicolás II.

En 1921, el diario londinense The Times reveló que el escrito era apócrifo ya que se trataba de un plagio de la obra Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, o La política de Maquiavelo en el siglo XIX de Maurice Joly, en el que se inventaba un complot de Napoleón III para dominar el mundo.

A pesar de todo, el libro alcanzó una gran difusión y llegaría a ser traducido en muchos idiomas y, años después, Hitler lo convertiría en una obra de referencia obligada para llevar a cabo su política antisemita. Las Centurias Negras surgieron en el marco de las medidas de “democratización”-ma que nada cosméticas-, promulgadas por Nicolás II. Aunque, formalmente, se constituyen en 1902, en realidad, ya desde años antes había diversas organizaciones que propagaban sus principios. Los integrantes (llegaron a ser centenares de miles), procedían de diferentes estratos sociales: terratenientes, clérigos, alta y pequeña burguesía y los llamados “elementos desclasados.” Además, el régimen zarista les proporcionó apoyo moral y financiero. Su lema era Pravoslawije, Samodjerschawije y Narodnosjt [Ortodoxia, autocracia y nacionalidad].

Rápidamente la llamada “cuestión judía” se convierte en la principal obsesión de los dirigentes del movimiento, persuadidos como estaban que el capital judío se encontraba a la cabeza de un vasto complot internacional. Este pretendía-según ellos- fomentar y financiar un levantamiento, el derrocamiento del régimen zarista y el asalto al poder por parte de las clases populares.

Después del aplastamiento de la revolución de 1905, según afirma Julián Casanova en Una violencia indómita. El siglo XX europeo (Crítica, 2020), los terratenientes exigieron medidas represivas y las Centurias Negras, organizadas en torno a la Unión del Pueblo Ruso, serían un eficaz instrumento para aplicarlas. Sus miembros se manifestaban en las calles contra los revolucionarios con estandartes patrióticos así como retratos del zar y lanzaban progromos contra los judíos en no pocas ciudades. A finales de 1906 tenían más de 300 000 miembros, muchos de ellos reclutados en los estratos bajos obreros y campesinos, de funcionarios y policías a los que, en sus acciones más violentas se juntaban criminales comunes. Para Julián Casanova, en “perspectiva histórica comparada, fueron el más claro precedente de los movimientos fascistas de los años veinte y treinta.”

Más de setecientos progromos tienen lugar entre 1906 y 1907 que se saldan con varios centenares de muertos y millares de heridos así comó con el asesinato de varios dirigentes políticos. Entre ellos se encontraban Grigori Borisovich y Mikhail Herszestein, ambos del Partido Demócrata Constitucional, los llamados kadetes. El órgano de prensa de las Centurias Negras, el Russkoe Znamya, no tan solo no condenó el atentado sino que lo justificó abiertamente diciendo que “los verdaderos rusos asesinaron a Iollos y Heszenstein con conocimiento de los funcionarios.” Y expresaba su pesar porque “solo dos judíos perecieron en la cruzada contra los revolucionarios.” Además, no se limitaron a acabar con la vida de políticos, también tuvieron en su objetivo a personalidades de la máxima influencia en la corte zarista como Rasputín. En efecto, Vladímir Purischkevich, líder y fundador de las Centurias Negras participó en el homicidio, un crimen todavía no aclarado.

El movimiento publicó diversos periódicos como Znamja [El Anuncio], Russkoje znamja [El Anuncio ruso], Kolokol [La Campana] o Grosa [Tormenta], entre otros, aunque sus artículos se publicaron también en diarios de información general de tendencia derechista como, por citar solo uno, el Moskowsvije wedomosti [Noticias de Moscú].

Las Cinturas Negras celebraron cuatro congresos en toda Rusia con el propósito de unir sus fuerzas. En octubre de 1906 eligieron a la llamada glavnaya uprava -una especie de junta directiva-de la nueva organización totalmente rusa Ob'yendinyonny russkiy narod [Pueblo Ruso Unido]. Sin embargo, después de 1907, esta organización se desintegró y todo el movimiento se fue debilitando a medida que la tasa de afiliación iba disminuyendo constantemente. Durante la Revolución de Febrero de 1917, las restantes organizaciones centuristas negras fueron ilegalizadas.

Después de emigrar al extranjero, muchos de sus integrantes se convirtieron en los principales críticos de la derecha del movimiento blanco. Lo culparon de no haber enfatizado el monarquismo como su base ideológia clave y de estar dirigido bajo la influencia de los liberales y masones.

BIBLIOGRAFÍA

Casanova, Julián Una violencia indómita.El siglo XX europeo. Barcelona: Crítica, 2020.

Duquenne, HenriLes mouvements extrémistes en Russie”· En: "Le Courrier de pays de l'Est” 2007/2, nº 1060, p. 70-86.

Francisco Veiga “Sobre el asesinato de Rasputín.” En: Diario de Córdoba 02/01/2017

WEBGRAFÍA

Blacks Hundreds” En: "Wikipedia. The Free Encyclopedia”(consulta 15/10/20).