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La visión socio histórica de Amós de Escalante


Amós de Escalante fue un destacado ateneísta que se merecía, sin duda, el homenaje que en el Ateneo de Madrid ha recibido este 21 de octubre organizado por el profesor Antonio Chazarra, presentado por el prestigioso periodista Luis de Benito y con las ponencias de Carmen Barahona, José Antonio García Regueiro y del propio profesor. A continuación, ofrecemos la ponencia de José Antonio García Regueiro:

Es habitual referirse a él como referente de las letras cántabras destacando en su obra el amor a su tierra, lo cual es cierto. Pero también lo es, aunque se pase frecuentemente por alto, que los años en que vivió en Madrid fueron claves para comprender su visión socio histórica. No olvidemos, además, que sus principales obras fueron escritas en el período en que residía en la capital de España.

Como nos dice el profesor Antonio Chazarra en su artículo “Los libros de viajes de Amós de Escalante”, “En sus obras se pueden apreciar, con claridad, aquellas páginas dedicadas a glosar su tierra montañesa de aquellas otras, que reflejan su estancia en Madrid. Fue un novelista interesante, un buen amigo de Benito Pérez Galdós, un contertulio de Menéndez Pelayo y de Pereda y un asiduo de El Ateneo en un momento de auge y esplendor de la Docta Casa”.

Nació en el seno de la burguesía liberal y moderada santanderina un 31 de marzo de 1831, en una familia sin problemas económicos y con cierta influencia política de su padre, el alcalde Cornelio de Escalante. Era, no obstante, una capital en medio de una Cantabria rural de estructuras feudales, con levantamientos carlistas y campesinos de pequeña y mediana propiedad o simplemente de aparcería o jornada.

Se fue formando en el Instituto Cántabro, reconocido templo del humanismo y de las lenguas clásicas que abrió sus puertas a principios del siglo XIX en el desamortizado convento de Santa Clara, donde otros relevantes escritores estudiaron y recorrieron sus pasillos como Marcelino Menéndez y Pelayo (que en 1907 prologó Poesías de Escalante, una edición póstuma) , cuyo padre Marcelino Menéndez Pintado fue el profesor de Matemáticas, su hermano Enrique Menéndez y Pelayo (que escribió una biografía de Escalante) o José María de Pereda que da hoy su nombre a este Instituto.

Perteneció a la denominada Escuela Montañesa (según José María de Cossío es “el poeta más representativo de la Montaña”), a la Real Academia de la Historia en calidad de miembro correspondiente, así como miembro de la Sociedad de Bibliófilos de Cantabria y Caballero de la Real y distinguida Orden de Carlos III.

Con el alma templada en los debates de la Universidad y del Ateneo madrileños volverá a su tierra, a Santander, en 1880, casado con María de la Colina. Como decíamos al principio, esta circunstancia explica su visión histórico social diferente a la de otros representantes de la llamada “escuela lírica montañesa” como la del filósofo neocatólico Gumersindo Laverde (tutor intelectual de Marcelino Menéndez y Pelayo) o la del poeta y periodista Evaristo Silió, caracterizados por el patetismo romántico de sus personajes y por las representaciones barrocas de la naturaleza.

Desde 1858 parte de su creación literaria la firmó con el seudónimo de Juan García. Dos años después se licenció en Ciencias Físicas en Madrid, coincidiendo con un momento de gran expansión de la capital como denota, por ejemplo, que se aprobara el importante Plan Castro para su ensanche hacia el norte de la ciudad, con una red viaria conocida como «las Rondas».

Las relaciones sociales capitalinas aparecen en algunas de sus obras como en “Del Manzanares al Darro, relación de viaje” en la que relata “mi espíritu la noche del 26 de Marzo de 1863, mientras bajaba a la estación de los ferrocarriles del Mediodia. En la estación encontré dos amigos, Castelar, el célebre orador, y Cruzada Villaamil , el infatigable y celoso amante de las artes y las glorias españolas ¡ Feliz agüero !”.

En esta misma obra se constata una visión social de lo español que encuentra sentido en los personajes cervantinos, el espiritual de D. Quijote y el más mundano de Sancho Panza: “Así la vida de Cervantes ofrece uno de los tipos más completos de la existencia humana; toda ella puede resumirse en la palabra «acción, que resume y compendia la vida ; que es , pudiéramos decir, la síntesis de ella .-- Acción guerrera en la juventud : acción en la cautividad , trabajo incesante y peligroso para romper su cautiverio : -acción después para lograr un puesto que remediase su escasez , labor difícil , lenta y penosa , puesto que consistía en abrirse camino a través de ambiciones y conatos diversos , cuyo interés comun era lograr lo mismo que él codiciaba ; - acción , en fin , la postrera , pero la más gloriosa , la más fecunda ; - accion del alma recogiendo la experiencia y los desengaños de toda la vida , creando con ellos un mundo no de fantasmas , sino de hombres , y entre esos hombres dos tipos soberanos , inmortales , que compendian la sociedad . El hombre rudo , llano , cuyo afan primero son las necesidades de la vida ; positivo pero lleno de sentido comun , con el que juzga acertadamente a sus semejantes ; - y el hombre que aspira al ideal engendrado por su fantasía ardiente , y su corazón generoso , y viéndolo todo a través de ese ideal , trae sobre sí el desacierto y la desventura”.

El que continuara viviendo en Madrid hasta 1880 le permitió tener importantes contactos políticos e intelectuales en aquellos años y desarrollar una visión social en los círculos científicos y literarios, especialmente con su asistencia a los encuentros universitarios y académicos que se encontraban en pleno y permanente debate como los del Ateneo de Madrid, noble caserón situado simbólicamente alrededor de una biblioteca.

Conocerá, así, en 1865, la propuesta de Francisco Giner de los Ríos de establecer en el Ateneo cátedras de enseñanza en Política, Derecho, Filosofía de la Historia, Historia de la Filosofía Española y Estética, con un profesorado por oposición o el proyecto de Fermín Gonzalo, con cátedras públicas con retribución mensual y reserva del 25 por 100 de la matrícula para el fondo de biblioteca. En el período de 1876 a 1877 presenciará las discusiones en la sección de Literatura sobre la poesía lírica en España con la presencia de Zorrilla, Campoamor, Núñez de Arce, Selgas, Fernández y González, Ruiz Aguilera o Palacio, entre otros poetas.

Y en 1878 pudo reconocer los esfuerzos de Labra para que alguno de los proyectos de los años sesenta pudieran realizarse. Nos relata Labra que en el año 1878, el Presidente del Ateneo, José Moreno Nieto, invitó a un «grupo de oradores para que ocupasen la cátedra dando algunas de esas conferencias que con tanto éxito inauguró la Institución Libre de Enseñanza en 1877, y que tan en boga han puesto el Círculo de la Unión Mercantil, el Fomento de las Artes, el Ateneo Mercantil, la Dirección de Agricultura, el Conservatorio de las Artes y la Sociedad Económica Matritense»

Esta visión social de naturaleza intelectual le calará profundamente y se mezclará con la que ya traía de su tierra, dando lugar a retratos como el del escritor Buenaventura Rodriguez-Parets que decía “no ha tenido Cantabria cantor más apasionado de sus bellezas que Amós de Escalante. Prendado de su tierra, no con amor irreflexivo y ciego, sino avivador del alma y los ojos, puso a su servicio lo mejor de su pensamiento y de su corazón”.. “honra y prez de las letras montañesas, hombre de esmeradísima y extensa cultura, castizo prosista hasta el extremo de que dudo haya quien le aventaje entre los escritores de su tiempo e historiógrafo notable”.

Como su formación académico política le llevó a procurar la concienciación de la gente con respecto a lo que significa ser montañés y cántabro, en Antigüedades Montañesas se complace en recordar como los escolares y universitarios cántabros, al volver de la meseta al fin del año académico (y precisamente cuando iban a comenzar las más urgentes faenas del campo) saludaban a los montes de su patria chica, su tierruca, con la frase ¡Ave Patria!. A juicio de Tomás Maza Solano “fue el primero en La Montaña que había publicado algunos romances populares recogidos directamente de la tradición oral”.

En Costas y montañas,1871, junto a las descripciones de la comarca del Besaya que son una contemplación rica pero serena de la naturaleza, contiene relatos socio históricos como el que recuerda que “Ayudaron nuestros templarios gallardamente á la reconquista , y es gloria de su orden en Castilla haber salido limpia de toda abominación del proceso que la condenó á exterminio en todos los reinos cristianos; si tenían pecados de orgullo y , prepotencia que expiar, la expiación fue dura y completa . Su historiador español Garibay los pinta, y es tristísima pintura, arrojados de sus conventos y encomiendas, expuestos a la insolencia de pecheros y villanos, acosados por campos y aldeas, mendigando asilo , escondiendo sus gloriosas divisas , despedidos de la hueste , negado a su desesperación el campo de batalla y la gloriosa tumba del soldado muerto por armas, necesitados de solicitar amparo del rey Fernando IV, para salvar su inerme y desconsolada vida . Al morir oscurecidos, pobres y odiados, purificados por el martirio, podían ofrecerse á Dios, repitiendo la letra escrita en sus estandartes, letra de los humildes y resignados: « Non nobis , domine , non nobis , sed nomini tuo da gloriam».

Marcelino Menéndez Pelayo sostiene en el prólogo que Ave, Maris Stella, de 1877, es «una de las mejores novelas históricas que se han compuesto en España». Relata la historia montañesa del siglo XVII recreando el sentimiento de los españoles que entonces vivían: “Los enemigos mayores que España tuvo, cuando era poderosa bastante para merecerlos, fueron enemigos por mar; del Septentrion venian, y nuestras costas cántabras habían de ser las primeras que los avistaran y recibieran. Y no siendo la gente española, como no lo fue, de ánimo tan escaso, que pacientemente aguardara a sus contrarios, abrigada y cubierta de sus nativas defensas, fiando más que de su valor de su fortuna, sino al contrario, siempre con temeridad notable apuntó sus tiros al corazón de su enemigo, buscándole en su campo, en su tierra, dentro de sus reparos, más cuidadosa de encontrar con él , que de asegurarse con espacio la ventaja de las armas, la ocasión, el lugar y la victoria que a la previsión obedece…”.

Por último, debemos mencionar como obras que contienen ese importante interés por la visión socio histórica y que han llevado a algunos autores a compararle con Aphonse de Lamartine, Del Manzanares al Darro, de 1863, que desde la investigación histórica y la leyenda popular se acerca al costumbrismo andaluz, y En la playa, de 1873, que contiene una evidente crítica social, de la que extraemos este párrafo: “Nunca le había quitado el sueño el que Tácito hubiera dejado escrito que «es menor quiebra aceptar el príncipe que tenemos á mano, que andar á buscarlo fuera», y el que á políticos modernos esta máxima hubiese parecido cosa añeja y de ninguna conveniencia en los tiempos actuales, y por tal merecedora de olvido completo. Todas las leyes le parecían buenas, porque no estaba dispuesto á levantarse contra ley alguna; aunque á decir verdad no sé yo si él se daba cuenta de si había leyes, puesto que por costumbre y enseñanza las obedecía, sin necesidad de someterlas previamente á juicio personal y propio”.

Ex Letrado del Tribunal Constitucional.