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Las cuatro muertes de Andreu Nin Pérez (POUM)


Andreu Nin, en un foto d'Agustí Centelles. Andreu Nin, en un foto d'Agustí Centelles.

A Andreu Nin no le salvó ni el beso que dio a La Moreneta (Virgen de Montserrat) en la boca en ocasión de una visita de líderes políticos extranjeros. La pelea entre la patronal y el movimiento obrero acabó en ocasiones con un enfrentamiento armado. La lucha entre las distintas facciones del movimiento obrero no siempre fue intelectual. De las palizas entre diferentes grupos se pasó a la ejecución. La caza entre patronos y obreros también daba paso a otra guerra en la lucha por el liderazgo político y sindical. En esta pelea debemos señalar la programación de la ejecución de Andreu Nin.

El líder del Partido Obrero de Unificación Marxista era un intelectual de la izquierda obrera que molestaba por sus ideas al comunismo soviético acusado de trotskista. La Internacional Comunista obtenía información de todos los países del mundo e intervino en aquellos lugares que le interesaban a través de operativos de sus servicios secretos. El protagonismo de Nin entre los grupos políticos obreros antiestalinistas provocó que se organizara un expediente de aniquilación. Las órdenes llegaron desde una dacha de Moscú para intervenir la política de la república parlamentaria española y los servicios secretos presentes en 1937 en España ejecutaron la operación enterrando el asesinato del líder obrero entre la bruma de la contrainformación. Bajo la cama ensangrentada de la habitación de Alcalá de Henares donde pasó los últimos días de su vida apareció una hebilla. El tormento estalinista para obtener una absurda confesión fascista para justificar su ejecución no tuvo éxito.

La organización comunista internacional y su intervencionismo en la política española iba en la dirección de agrupar a socialistas y comunistas en un solo partido político obrero eliminando los demás. Bajo esta idea se creaba el PSUC, las JSU y desaparecía el POUM. Esta pelea en medio de la guerra para ganarse el espacio político de izquierdas para un PCE que fagocitase el PSOE y las demás tendencias políticas estaba abocada al fracaso por la especial idiosincrasia española pero en esa dirección se movieron actores políticos y servicios secretos entre bambalinas. En esta búsqueda del poder de influencia comunista sobre el movimiento obrero español aquella pelea acabó fatal porque tras la guerra se encumbraba una dictadura fascista aliada de la Alemania de Hitler y de la Italia de Mussolini. El peor escenario para los trabajadores españoles de finales de los años 30.

En las investigaciones que se han llevado a cabo para conocer las circunstancias del asesinato del líder obrero debemos señalar las cuatro muertes de Andreu Nin. La primera fue un secuestro de agentes nazis en una mala película creada en la imaginación de agitadores políticos para sembrar pistas falsas. El soviético de origen italiano Palmiro Togliatti (miembro del Secretariado de la Internacional Comunista) diseñó en su mente un secuestro en Alcalá de Henares de noche, en medio de la lluvia, perdiendo documentación fascista como pista incriminatoria y, por supuesto, vestidos de nazis en la Alcalá de 1937. Esta invención fue calificada por destacados líderes republicanos como ridícula y fantasiosa.

Su segunda muerte se producía por un secuestro de agentes soviéticos que llevándolo hasta Valencia lo trasladaban hasta la URSS en barco. Demasiados kilómetros para ejecutar a un político incómodo para Stalin. Por supuesto con dos versiones, vivo o muerto. Maniatado o en un fardo que sería descubierto ante el líder soviético. Esta versión parece otra mala película con un guión absurdo.

La tercera muerte tenía más verosimilitud. La lucha del héroe derrotado en su traslado se resolvería con una ejecución no programada. Aquí tenemos localizados dos emplazamientos diferentes. Una muerte errante que las pistas llevan hasta un lugar en el campo a cien metros de la carretera hacia Valencia en un paraje del término municipal de Perales de Tajuña. Montaje que no tiene sentido porque la carretera en ese tramo estaba cortada por las tropas franquistas y los republicanos se desviaban en dos carriles más al este para evitar aquel lugar y enlazar con la carretera de Valencia a la altura de Villarejo de Salvanés. El otro kilómetro parece inventado por un hijo de un español que formó parte de la NKVD, el Comandante Juan de Dios Cobo García, y tenía anotado este detalle en una agenda que nunca ha aparecido. Por tierras albaceteñas se llegaron a excavar mentiras entre una tierra absurda e inhóspita.

La cuarta muerte se produjo de manera programada. No fue ningún accidente. Otra cuestión es que además a Andreu quisieran sacarle la confesión de ser un fascista. El maltrato durante unos días, al menos, fue inhumano y los tormentos orientales dejaron al catalán medio muerto. Una vecina de Alcalá daba testimonio de ello porque oyó sus gritos y lamentos, además de ver sacar un fardo que metieron en un coche aparcado en la parte de atrás. Hoy sabemos que su ejecutor fue uno de los espías más importantes del siglo XX. Iósif Grigúlevich. El asesor de Santiago Carrillo en la segunda Junta de Defensa de Madrid tiene una biografía digna de una gran película de cine negro. Primero actuó León Narvich (Capitán de las Brigadas Internacionales) obteniendo información y finalmente, tras el asalto en Barcelona de la sede del POUM, una brigadilla formada por Erich Tacke, Lev Lazarevich Nikolsky (Orlov), ¿Juan Cobo?, ¿Fernando Valentí? y Grigúlevich parece que fueron los que acompañaron al líder obrero en su último adios.

El problema del cadáver pudo ser solucionado por medio de la incineración. No podían dejar un fiambre con las gafas rotas en cualquier lugar. Lo tenían que hacer desaparecer entre la bruma de la historia. Los soviéticos tenían crematorios para hacer desaparecer figuras políticas incómodas de carácter trotskista. Stanislav Alekseyevich Vaupshasov (NKVD) los construyó en aquella despistada España en donde había voluntarios para alimentar aquel fuego. El trabajo de hacer desaparecer a Nin fue una operación programada y dirigida por Orlov con la colaboración de otros miembros de la NKVD. Por allí andaba también Koltsov que se hacía el ruso simpático en los barrios de Madrid para obtener información al servicio de la URSS.

El estalinismo aplicó su política a través de la influencia en políticos, militares y obreros españoles y también con sus servicios secretos que dejaron incontables cadáveres en el camino. En esta política la idea era crear un partido político obrero único para obtener gran influencia y el control de la república de España. Mientras tanto tener entretenido a Hitler en estas tierras daba algo más de tiempo para que las tropas alemanas no atravesaran los Urales. La cuenta atrás había comenzado hacía mucho tiempo y los soviéticos trataron de impedirlo hasta convirtiéndose en sus socios. En aquella guerra la sangre española recorrió las calles de todos los pueblos de aquella república parlamentaria. El estalinismo y el fascismo hicieron que aquella guerra se prolongara en el tiempo y fuera aun más dura para todos los españoles.

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Juan de Á. Gijón Granados es Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Trabaja en la enseñanza secundaria desde hace más de 20 años en la Comunidad de Madrid. Profesor Visitante (2006) en el Instituto de Historia (CSIC). Ha colaborado con la editorial Oxford en la elaboración de libros para profesores y alumnos. Entre sus temas de investigación están las Órdenes Militares, la arquitectura militar o la represión de los dos bandos en la Guerra Civil, entre otros. www.juangijon.com