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EL PERIÓDICO
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Mutaciones


Decidió cambiar de nombre, era lo mejor, inútil y desastroso llamarse Eva, todo iba de puto culo, quizá inventando otra vida podría, poco a poco, salir del fango. Imprescindible cambiar de nombre. Vaya racha, no había manera de enderezarla. Entre broza y enfermedad se estaba ahogando. Años tras una enfermedad crónica sin solución, una gota de martirio diaria.

Hay que respirar, fuera, en la calle, salir a la calle, unos minutos de sol. Las familias se pudren en los problemas de salud mental, prácticamente no están atendidos, cómo calmar el sufrimiento inacabable. Cómo empezó, si no es que siempre estuvo ahí. Cuando se agrava vas a tientas buscando escaleras en paredes blancas, amigos en asientos que están vacíos, niños debajo de una cama articulada en un hospital, ingresos y altas. Los hospitales y su olor, ascensores que crujen, personas perdidas en los pasillos entre medicamentos, sonámbulos disparatados. Cuando llega el gusano verde para llevarse los restos de un tratamiento inoperante, la silla estará temblado. Su padre acabó conectado a muchos cables en una máquina imposible de mover, como un reptil asustado que no pudo llegar a la aurora.

Una guerra sin trincheras, una mente enferma que llora y grita.

Llamarse Dulce, nombre de caramelo, podría ser la solución, así podría bañarse en agua caliente entre árboles, respirar el sol de noviembre, oír la canción que desata los pies y los brazos, mientras la cabeza vuela. Leer un poema que te inunda de emoción; que salten las lágrimas para correr sin duelo.

Habría que empezar de nuevo, pero cómo, dónde. Quizá como D. Quijote, de hidalgo empobrecido y envejecido a protector de pobres, oprimidos, viudas y, enamorado, rescatar doncellas en apuros.

Hay quien se inventa un perfil en las redes sociales y se disfraza de otra vida, inclusa la sueña, pasa de soldado en zona de conflicto a cirujano militar salvavidas, incluso usurpa otra cara, otro cuerpo y otro corazón para sentir.

Llamarse Dulce, un nombre corto, femenino, inolvidable. Invita a una vida sencilla en la que se va al campo a coger calabazas y acariciar caballos. La sanidad pública atiende la salud mental y los niños no corren peligro de pasar hambre. Si un niño está sobre una bomba ¿quién lo salvará? ¿y si está en un incendio? Los niños que necesitan que los besen y les canten.

Definitivamente se llamaría Dulce, ya no se encuentra la a y la i con el puntito no aparece.

María C. Galera fue ayudante de Don Enrique Tierno Galván. Es Doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura Castellana.