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Yukio Mishima: el verso discordante


Yukio Mishima en una imagen de archivo. Yukio Mishima en una imagen de archivo.

“Me hallo al borde del momento de mi vida en que todas las patas de la mesa han desaparecido […]. Estoy agotado”. (Yukio Mishima)

Mishima nunca encajó dentro de la sociedad en la que le tocó vivir. Era un rebelde en un Japón de posguerra al que se le habían caído todos los mitos posibles: el Emperador (por aquel entonces Tenno), la inviolabilidad de las islas japonesas, el trauma del ataque atómico, el abandono paulatino de las viejas formas en medio de un desarrollismo tecnológico que hoy es bandera nacional pero que entonces era una novedad.

Yukio Mishima, cuyo nombre de nacimiento era Kimitake Hiraoka, nació en el seno de una familia de burguesa, él se vanagloriaba sin embargo de pertenecer por sus antepasados a la clase de los samuráis. Fue criado por su abuela, realizó los estudios en Gakushüim, la escuela por tradición reservada a la nobleza. Escribió su primer cuento a los trece años y a los dieciséis su primer libro de relatos, que coincidió con su ingreso en la Facultad de Derecho. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en una fábrica aeronáutica, tras ser desestimado como piloto suicida. El hecho de sobrevivir a una guerra en la que habían muerto tantos compatriotas se convirtió para él en un trauma lacerante e imborrable a lo largo de toda su vida, quedando patenten en toda su obra.

Recibió el influjo del Nihon romanha, escritor perteneciente al romanticismo japonés. Movimiento que enfatizaba la unidad del Japón y de sus valores culturales, y que servía de base de apoyo a la ideología nacionalista, ya que dominaba el mundo literario de los años de la guerra. Sin embargo, también la literatura occidental moderna fue para Mishima objeto de destacado interés y de atenta lectura.

En los años sesenta la figura de Mishima es vista siguiendo las dos distintas pero inseparables facetas de su personalidad, había una profunda divergencia dentro de él, cada una de ella representaba una imagen diferente de Japón: el antiguo y el nuevo, el militarista y el pacifista, el monárquico y el democrático, el pesimista y el optimista. El Mishima hombre de acción encontró su soporte teórico en la idea de que la verdad puede ser alcanzada sólo a través de un proceso intuitivo en el que pensamiento y acción no son dos modalidades distintas. Encontró la ejemplificación de ello y la summa de los más auténticos valores nipones en la ética de los samuráis. Mishima se hace portavoz de la necesidad de restaurar los valores de la cultura prebélica y militarista. Por todo lo anterior era visto como un excéntrico entre los suyos, que lo veían como un elemento incontrolable. Su final fue quizás el único y auténtico acto de coherencia. Curiosamente horas antes de haber entregado a su editor un último texto.

La obsesión por la decadencia física y una concepción esteticista y masoquista del heroísmo le impulsaron a practicar halterofilia y artes marciales, y a llevar una vida turbulenta, signada por las actitudes retóricas y las posturas extremas. Era un maestro de la representación: actor de teatro, espadachín ritual, modelo de fotografías de simbología inquietante, adalid de una misoginia espartana.

Pero a pesar de todo lo anterior, es importante señalar que jamás descuidó su ingente producción literaria, entre las que destacan: El color prohibido (1951), La muerte de la mitad del verano (1953), La voz de la onda (1954), El sabor de la gloria (1963) y Sed de amor (1964). Después del banquete (1960) fue una de sus novelas de más éxito. Poco tiempo después escribió Patriotismo (1961) y Muerte en la tarde y otros cuentos (1971), recopilación de relatos breves representativos de una época en la que se moría en nombre de nobles ideales. Entre su producción teatral de estos años cabe destacar Madame de Sade (1965) y Mi amigo Hitler (1968).

Su obra cumbre es, no obstante, la tetralogía El mar de la fertilidad, compuesta por las novelas Nieve de primavera (1966), Caballos desbocados (1968), El templo de la aurora (1970) y La corrupción de un ángel, completada esta última el mismo día de su muerte. Cada una corresponde a una reencarnación distinta del mismo ser: primero es un joven aristócrata, luego un fanático político de los años treinta, una princesa thai antes y después de la guerra y por fin un perverso huérfano de la década del sesenta.

El 25 de noviembre de 1970, Yukio Mishima, se abrió en canal en la primera fase de un ritual de nombre seppuku al grito de “Larga vida al emperador”, rito que culmina con la decapitación de un solo golpe de espada por parte de un camarada. No obstante el escritor no tuvo suerte: después de varios intentos de su asistente tuvo que ser su amigo Hiroyasu Koga el que terminara el ritual que iba a ser un gesto estremecedor para todo Japón y la literatura nipona.

Este tipo de suicidio difícil de entender para un occidental, tenía un sentido completo para la cultura japonesa y para él, (educado en la doctrina samurái por su abuela). A pesar de ello, después de su suicido todo Japón quedó consternado por aquel brote violento tan fuera de tiempo. Mishima pasó a convertirse en un símbolo de los nuevos nacionalistas nipones, que poco a poco desde los años 70 fueron abriéndose camino hasta ser hoy una opción real de gobierno.

Mishima fue un poeta y esteta tradicionalista que no soportó ver cómo su mundo ideal y simbólico se venía abajo. Fue reconocido como uno de los más importantes estilistas del lenguaje japonés de posguerra. Escribió también novela, teatro, ensayo, y crítica literaria. Fue y es considerado uno de los más grandes escritores de Japón del siglo XX.

Para Occidente, Mishima ha pasado a la historia como un elemento peligroso, y para el Japón de su época como un símbolo demasiado incómodo. Pero para la literura, aquella que hace eternos a los grandes escritores ha pasado a ser un escritor sobresaliente e hiperactivo, al que nunca se ha de olvidar mientras su aliento sobreviva impreso en las páginas que escribió.

Inma J. Ferrero (Madrid, 01/01/1977) Poeta, libretista, crítico literario, directora y fundadora de la revista cultural Proverso.

Ha publicado los poemarios El leve suspiro de un poema (Ed. Bubok. 2012) Égloga del pétalo dormido (Ed. Bubok 2013) Poemario Nocturno (Ed. Seleer 2013) El amanecer en este sombrío (MRV Editor Independiente 2014) Geografía Inversa (MRV Editor Independiente 2015) Óxido (MRV Editor Independiente 2016), Adagio ma non troppo (MRV Editor Independiente 2016), El acorde perturbado (Ediciones Vitruvio 2017), Azul Primero (Proverso Ediciones 2017), Allí donde las luciérnagas duermen junto al poeta Nicola Foti (Proverso Ediciones 2019). El Horizonte Purpúreo duermen junto al poeta Nicola Foti (Proverso Ediciones 2019). La quiete dell’uragano junto al poeta Nicola Foti (Proverso Ediciones 2019). Ianuarius junto al poeta Nicola Foti (Proverso Ediciones 2019). Ikigai (Proverso Ediciones 2020).

Ha ofrecido recitales en Madrid, León, Valladolid, Gijón, Salamanca, Úbeda, Baeza, Roma, Bruselas, Granada, Candás (Asturias), Guadix (Granada), Rosario (Argentina), Montesarchio (Benevento), Florencia.