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La adoración de los pastores. El Greco


Adoración de los pastores es un cuadro pintado por el Greco (Domenikos Theotokopoulos, 1541-1614). Este óleo sobre tela mide 320 centímetros de alto y 180 cm de ancho, y fue ejecutado entre 1612 y 1614, posiblemente durante el último año de la vida del Greco. Se conserva en el Museo del Prado de Madrid, España. Este cuadro fue pintado para la cripta de la iglesia de Santo Domingo el Antiguo de Toledo. / Wikipedia. Adoración de los pastores es un cuadro pintado por el Greco (Domenikos Theotokopoulos, 1541-1614). Este óleo sobre tela mide 320 centímetros de alto y 180 cm de ancho, y fue ejecutado entre 1612 y 1614, posiblemente durante el último año de la vida del Greco. Se conserva en el Museo del Prado de Madrid, España. Este cuadro fue pintado para la cripta de la iglesia de Santo Domingo el Antiguo de Toledo. / Wikipedia.

Hablar del Greco es hacerlo sobre uno de los pintores más grandes del arte español, aunque su origen no lo sea, ya que nació en la isla de Creta. Doménikos Theotocópuli ocupa un lugar privilegiado por mérito propio en el Olimpo de los pintores. Crisol de estilos, fue el arte bizantino el que marcó su primera época, para luego ir evolucionando por influencia de las escuelas renacentistas de Venecia y Roma, hasta llegar a su original y reconocible estilo, cuyo trazo, encuadrado perfectamente dentro del Manierismo, nos muestra esas figuras alargadas que, como faros, se convierten en focos de luz propia, casi fantasmal, con una gran expresividad y colorido lleno de contrastes.

Como hemos ya señalado, El Greco fue capaz de aunar las dos grandes escuelas pictóricas de la época. La romana, para la que el dibujo era primordial sobre el color, y cuyo máximo representante fue Miguel Ángel, y la veneciana, que ubicaba la importancia en el color y tenía a Tiziano como su “gurú”. Ambas se ofrecen en la obra del pintor cretense, sin abandonar, como hemos dicho, ese sustrato bizantino de su aprendizaje juvenil. Pero, sin lugar a dudas, lo que hace más reconocible la pintura del artista son sus formas alargadas, la figura serpentinata, que se vuelven sinuosas y ascendentes.

Todas estas características las encontramos en el cuadro que hoy “leemos”, dedicado a uno de los episodios más conocidos de la Natividad y que, sin duda se estará reproduciendo en muchos hogares en los que, en estas fechas, se ha instalado el conocido “Nacimiento”. Nos referimos a la Adoración de los pastores. Puede decirse que esta es la última obra del Greco antes de su muerte, ya que fue pintada entre 1612 y 1614, para que estuviera colgada sobre su propia sepultura, en la capilla de Santo Domingo el Antiguo de la ciudad de Toledo, urbe castellana tan íntimamente ligada al pintor.

La escena se desarrolla en un espacio angosto en el que las figuras se apiñan. El acceso a esa especie de cueva se vislumbra al fondo en forma de dos arcos de medio punto. Como vemos en otras obras del Greco, la composición nos muestra dos áreas definidas. La inferior en donde encontramos el motivo central que da título al cuadro, que representa lo terrenal, y la parte superior que es la zona celestial donde los ángeles contemplan la adoración, portando una filacteria con el texto ya conocido: GLORIA IN EXCELSIS DEO ET IN TERRA PAX. Para algunos especialistas este grupo de ángeles se asemejarían a los que faltan en la parte superior de otra de las obras de este pintor: La apertura del séptimo sello. Entre ambos mundos el vacío.

En la escena de la Adoración encontramos a la Sagrada familia con el buey recostado, que, según los evangelios apócrifos, con su aliento dio calor al recién nacido. Los pastores, que según los textos sagrados fueron los primeros en acudir a la llamada, y que dominan el primer término, aparecen descalzos y con ropa ligera, muestran actitudes de pleitesía y éxtasis, mientras que la escena es iluminada por el foco de luz que irradia del Niño. Colores cálidos como el rojo de la Virgen, anaranjados y fríos como verdes, morados, azules y el fondo grisáceo de la cueva.   Se perciben extrañas asociaciones de colores como en el pastor que se encuentra de espaldas, son los colores junto con las luces y sombras los que dan volumen a las figuras. Las pinceladas son sueltas, en algunos lugares como inacabadas.

Toda la pintura se encuentra animada por un movimiento que nace de la propia composición, inestable y al mismo tiempo armónica. Llena de dramatismo por el contraste de luces y sombras, esta obra del Greco nos sumerge en el inquietante misterio del origen del Cristianismo.

VENID Y ADORAD

Gloria en tierra y cielo,

gloria al Nacido de Dios,

venid, venid y adorad

a nuestro Salvador.

 

Aquí está el Buen pastor

que nos guardará del lobo,

somos humildes ovejas

postrados ante su trono.

 

Gloria en cielo y en la tierra

paz.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

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