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EL PERIÓDICO
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El secuestro/The Fantasy


Diciembre, un pueblo en escalera con el mar en el último peldaño. Las casitas se enfrentan confiadas al sol del mar, buscan el placer de despertar en sus espumas. El Mediterráneo, enfermo también de historia y de amor, tiene un olor especial a pino, pescado y sal. Cuando llega se acuerda del verde de Ibiza, un paraíso perdido entre la muchedumbre.

No espera nada, ni siquiera alivio, el placer adormecido sin vigilia ya no la visita. Huele a asfalto en la estación, los árboles la reciben entre brillos. En el coche se abrocha el cinturón, desea que suene Pat Metheny, cierra los ojos, el destino es el desconcierto en su mirada. Cansancio es la palabra, aventura el interrogante. La ha llevado por carreteras desconocidas, peajes solitarios, se abandona. Las negaciones desaparecen.

El peso que no la deja respirar cede ante la mano amiga y sus cuerpos se mezclan sedientos por la distancia, el idioma, el color. Cuando amas en el acto de la entrega sientes mucho alivio, si vas despacio, el cuerpo desconocido es una tierra por descubrir, en el abrazo el sufrimiento se diluye como en agua tibia, en ese abrazo se funden la soledad y el dolor antiguo. El sexo con amor es una ceremonia de celebración de la vida. Es un hombre, quemado por el fuego, le han cosido la piel, cuando la penetra siente el temblor de la tierra, el grito de la esclavitud silenciada y sometida. El amor de ceniza le ha peinado la cabeza con sus largos dedos. Ha escuchado latir el corazón con la velocidad de la conquista.

Con la luz de la mañana, todo se habrá acabado, la magia del deseo ya no volverán. Enlutados en su propio destino, recobran la tarea, las obligaciones conquistadas. Se juntarán con sus familias, ese extraño conflicto permanente.

Ella siente el mar cerca, espera en la brisa el placer del agua que arrastra las penas. Ha soñado durante meses ese encuentro que la hiciera sentirse viva.

No saben ni siquiera si volverán a verse, quizá todo se convierta en polvo de mentira. Desde la terraza ha visto salir el sol en el amanecer del mar que se ha hecho visible a sus ojos, ahora más jóvenes por su presencia. Nubes tristes ensombrecen ese torbellino cuando llega a la casa. Después la lluvia repetida oscurecerá el barrio que es ahora una ciudad fantasma.

En la vida a veces lloramos y a veces reímos. Los desafíos nos alejan de la erosión y el desgaste. Vivimos inmersos en la provisionalidad que nos humilla.

María C. Galera fue ayudante de Don Enrique Tierno Galván. Es Doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura Castellana.