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La sorpresa del trigo, de Maruja Mallo


'Sorpresa del trigo' (1936) 'Sorpresa del trigo' (1936)

Maruja Mallo es el nombre artístico de la pintura gallega Ana María Gómez Gónzalez, una de las figuras más relevantes de la Generación del 27. Salvador Dalí la definió como “mitad ángel, mitad marisco”.

Defensora del amor libre y la igualdad de género, Mallo llegó a Madrid en los años 30 para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Conoció y tuvo cercanía con figuras de la cultura tales como Pablo Neruda, Ortega y Gasset (quien la invitó a mostrar sus trabajos en la Revista de Occidente), Rafael Alberti (con quien compartió un idilio apasionado), Gabriela Mistral y Miguel Hernández.

Fue fundadora, junto a otras artistas de e intelectuales, del grupo de las “sin sombrero”, y mostraban su transgresión social apareciendo sin esa prenda de vestir en su cabeza. Tuvo que exiliarse por la Guerra Civil, recalando en la ciudad de Buenos Aires, en donde realizó una intensa actividad artística, destacando sobre todo en el retrato. Su regreso a España en los años 60 aportó al mundo artístico el reencuentro con un personaje lleno de frescura que hacía las delicias de propios y extraños.

Encuadrada muy próxima al movimiento surrealista, estilo que encontramos en la obra que hoy presentamos: La sorpresa del trigo, que forma parte de una serie de siete obras denominadas “La religión del trabajo”.

La sorpresa del trigo es la primera, pintada en 1936, y que según algunos analistas, entre ellos M.A Zenetta, representa las huellas pitagóricas y teosóficas, influencia quizá de la filósofa María Zambrano, con la que la pintora gallega tenía gran amistad. También se pueden encontrar en el cuadro el interés de Mallo por el orden matemático que representaba el Grupo constructivo, unión artística que intentaba aunar los principios de la abstracción con la figuración, y del que vemos un ejemplo en la exposición que llevaron a cabo en Madrid en 1933.

Asimismo podemos encontrar en esta obra que comentamos la referencia a la diosa Deméter, simbolizando la madre tierra, representando el proceso de germinación desde la semilla a la espiga. Ambas manos son el soporte para este proceso, en el que vemos también la importancia del número 3, un número que para los pitagóricos simbolizaba la armonía entre la unidad-punto (1) y la diversidad-recta (2). Otras interpretaciones han visto un carácter sacramental, una metáfora del proceso de cambio que España afrontaba con la II República.

Para finalizar este artículo cabe preguntarnos cómo surgió la idea de esta obra. En palabras de la propia pintora nació en la manifestación del 1º de mayo de 1936, cuando la artista vio alzarse entre la multitud un brazo sosteniendo una barra de pan que le recordó a una consagración eucarística proletaria.

Alimento para el cuerpo y para el espíritu nos presenta La sorpresa del trigo, surgida de las manos de Maruja Mallo, mujer que adoraba la libertad, que hizo lo que quiso y pintó siempre como le apeteció.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

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