Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Las tentaciones de Buda, de Eduardo Chicharro y Agüera


En nuestro recorrido por la historia de los cuadros, de las obras pictóricas, nos encontramos, en ocasiones, con artistas que no son tan conocidos como aquellos a los que consideramos genios y que han ocupado siempre el imaginario popular. Sin embargo son igual de meritorios de protagonizar nuestros comentarios, tanto por su calidad como, y este es el caso de la obra que hoy traemos, por su temática, que resulta de gran originalidad en la pintura española: Las tentaciones de Buda.

Este cuadro, por el que su autor, Eduardo Chicharro, recibió la medalla de Honor en la exposición nacional de 1922, fue subastado en 1984 por la cantidad actual de 20.000 euros. Desde 2001 se encuentra en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Chicharro fue uno de los pintores más renombrados de su tiempo. Discípulo de Sorolla y Manuel Domínguez, fue fundador, a su vez, de la Asociación de pintores y escultores. Sustituyó a Valle-Inclán al frente de la Academia española de Bellas Artes de Roma. Es de destacar su enorme facilidad para el dibujo y su enorme capacidad para manejar el color, que queda patente en la obra que comentamos hoy, y que fue realizada entre 1916 y 1922, durante su estancia en la capital italiana. Su estilo se puede encuadrar dentro de un realismo simbólico. El tema recoge la tradición del pueblo indio, que llega al pintor a través de Rabindranath Tagore, poeta por el que Chicharro mostraba gran admiración.

Las escrituras del Budismo nos cuentan como el príncipe Sidharta Gautama (s. VI-V a. C), cuando sale a la vida real que le había sido ocultada tras las murallas de su palacio, se da cuenta de la existencia de la vejez, la pobreza y la mortalidad. A partir de ese momento el camino de este noble se convertirá en la senda en busca de la iluminación a través de la meditación, para convertirse en Buda.

Las tentaciones de Buda recogidas en la tradición india hacen referencia al episodio en el que Mara, espíritu del mal y de la ignorancia, intenta que el príncipe Sidharta no alcance esa iluminación tan deseada, mientras meditaba bajo el árbol Bodhi. Para tentarlo llegaron las Apsharas, hijas de Mara, pero esta estrategia no surtió efecto. Luego llegaron los demonios, pero se convirtieron en flores. Mara, entonces, desafió a Buda aseverando que no le correspondía el trono de la Iluminación, pues era un mero mortal. Entonces el príncipe tocó con su mano derecha la tierra, y la tierra alzó la voz: “este es mi hijo amado, quien, por innumerables vidas, se ha dado así mismo en beneficio de todos los seres”.

No se nos escapan las similitudes con los pasajes evangélicos en los que describen las tentaciones de Jesucristo y la revelación de su destino, su sacrificio por la humanidad, aunque entre ambas figuras religiosas haya 500 años de distancia.

Es esta historia la que recoge el cuadro de Eduardo Chicharro. En él destaca Buda, cubierto por un manto rojo, y solo deja ver sus pies descalzos, símbolos de pobreza y caridad, junto al ficus sagrado. El rostro está sosegado, encuadrado por los largos lóbulos de las orejas a causa del peso de los pendientes principescos. A su alrededor las Apsharas, sensuales y desnudas, guardando cada una de ellas un significado simbólico.

En el lateral izquierdo encontramos el Deseo representado por el abrazo de dos mujeres; la Lujuria, mitad mujer, mitad leopardo, y bajo ella, medio oculta, la pereza. A los pies del Iluminado encontramos la Ternura, junto a la Voluptuosidad, que se recuesta a su lado. A la derecha la Lisonja y la Adulación. También observamos otra mujer sobre un elefante blanco: es la diosa Laksmi, que equivale a Venus en la mitología clásica. Cerramos esta galería de personajes con el de Yasodhara, esposa de Sidharta, que le está rogando para que vuelva con ella a su antigua vida. Todas las mujeres responden al arquetipo de la mujer india y a su iconografía, destacando las palmas de las manos y de los pies de color rojo.

La composición tiene forma de “U”, destacando, en el centro de ella, Buda. Toda la obra se encuentra bañada por una luz irreal, de color verde, que no corresponde ni al día ni a la noche, pero alcanzando aquello que tanto buscaba el pintor y que dejó reflejado en su discurso de acceso a la Academia del arte y la ciencia en 1922y que resume todas las bases de su creación:

“Que el color no destruya la forma; que la forma no apague la llama el color (…) Embriaguémonos con la sensualidad del color, pero no olvidemos que la forma es su arquitectura”.

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

Periodismo riguroso y con valores sociales
Necesitamos tu apoyo económico para seguir contando lo que otros no cuentan. Para donar haz clic en el botón "COLABORA" de abajo. Muchas gracias por tu apoyo.
Slider