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La Primera República. El despertar de las Conciencias


Entrada de las tropas del general Pavía en el Congreso de los Diputados el 3 de enero de 1874. Grabado aparecido en La Ilustración Española y Americana. / Wikipedia. Entrada de las tropas del general Pavía en el Congreso de los Diputados el 3 de enero de 1874. Grabado aparecido en La Ilustración Española y Americana. / Wikipedia.

Este sábado 13 de marzo, la Agrupación Ágora para el Diálogo del Ateneo de Madrid de la que soy miembro, va a realizar una ofrenda floral a los presidentes de la Primera República que descansan en el Cementerio Civil de Madrid y que viene celebrando desde 2010.

Por la situación de pandemia que asola España y el mundo, se va a realizar de manera más íntima de lo acostumbrado, aunque con la solemnidad que se requiere. Honrando a los presidentes de gobierno de la Primera República se ensalza a todas esas personas que ya en el siglo XIX soñaron con alcanzar las libertades que esta representa y un mundo mejor.

El 11 de febrero de 1873, es decir, hace 148 años fue proclamada la Primera República Española por decisión de las dos cámaras reunidas en sesión permanente. Así, la Primera República, como después lo hará la Segunda, rompe con la vieja tradición golpista como forma de cambio de modo de Estado. Un hecho importante, puesto que demuestra que la democracia siempre se defiende con la razón y las ideas; y no con las armas. La LIBERTAD, la IGUALDAD y la FRATERNIDAD son principios que siempre la acompañan.

En las Cortes, Emilio Castelar, dirá:

“Señores, con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra Patria”.

Y el 16 de febrero, en un periódico catalán se pudo leer:

“¡Ya la tenemos! ¡Ya la tenemos, ciudadanos! El trono ha caído para siempre en España. Ya no habrá otro rey que el pueblo, ni más forma de gobierno que la justa, santa y noble República federal. […]”.

Las fuerzas conservadoras dominantes a lo largo de la historia de España han impuesto una memoria, presentando la Primera República como un momento histórico caótico y de desgobierno. Imagen que no es justa ni responde a la verdad. Como en otras ocasiones, esas fuerzas estancadas en el inmovilismo que entienden que la patria empieza y acaba en sus intereses, finiquitaron con un régimen que traía un aire fresco, renovador y moderno que hubiera puesto a España en el lugar que le corresponde dentro de Europa y hubiera acabado con la leyenda negra que la acompaña desde tiempos de Felipe II.

La Primera República se enmarca en lo que se conoce como Revolución de 1868, la Gloriosa o el Sexenio Democrático, siendo el primer intento republicano de la historia de España. Periodo breve, apasionante que tuvo que enfrentarse a la falta de consenso y la desunión dentro de las fuerzas republicas (unionistas y federalistas), la crisis económica, política y social en la que estuvo envuelta, falta de reconocimiento internacional (solo lo fue por los Estados Unidos, Suiza, Costa Rica y Guatemala), las tres guerras con las que se enfrentó (dos de ellas heredadas): la tercera guerra carlista (1872-1876) – guerra civil, la guerra de los Diez Años en Cuba (1868-1878) – guerra colonial y la sublevación cantonal (julio de 1873-enero de 1874) – guerra civil. Y finalmente, un levantamiento militar, el del general Pavía, que terminó con el sueño de mujeres y hombres que imaginaban una España moderna y democrática.

Este levantamiento dio paso a la dictadura del general Serrano que acabó con todos los avances y que fue la antesala de la restauración monárquica en la persona de Alfonso XII que se produjo tras el pronunciamiento militar el 29 de diciembre de 1874, del general Martínez Campos y la vuelta del rey en enero de 1875.

A pesar de todo, la Primera República logra poner en práctica medidas para modernizar y transformar la sociedad como la reducción de la jornada laboral, aumentos salariales, normativa sobre higiene en el trabajo, creación de los jurados mixtos, la reforma agraria, la prohibición del trabajo infantil o el establecimiento de la enseñanza obligatoria, entre otros. Y lo que es más importante, establece un clima de interés por la educación, de apertura intelectual, de desarrollo de la prensa y de aspiración para lograr una sociedad más justa.

El primer gobierno de la República es el de Estanislao Figueras (del 11 de febrero al 11 de junio de 1873). Se enfrenta a una difícil situación social, económica y política que no es otra cosa que el reflejo de la crisis mundial de 1873. Muchos republicanos federales intransigentes no reconocen al gobierno de Figueras al que acusan de ser una marioneta de los monárquicos, exigiendo el establecimiento de juntas revolucionarias, la ocupación de tierras y la desaparición de las quintas:

Trece días después, el 24 de febrero, el gobierno se encuentra bloqueado, Figueras presenta su dimisión, lo que es aprovechado por el líder de los radicales y presidente de la Asamblea Nacional Cristino Martos para intentar un golpe de Estado, desalojar del gobierno a los republicanos federales y establecer una república liberal-conservadora. Finalmente fracasa por la actuación decidida del ministro de la Gobernación Pi y Margall.

El 8 de marzo, en Madrid, Martos intenta un nuevo golpe de Estado y en Barcelona la Diputación formada mayoritariamente por republicanos federales intransigentes, proclaman el Estado catalán. Otra vez, gracias a Pi y Margall ambas actuaciones fracasan. El 23 de abril, se intenta un nuevo levantamiento con el mismo objetivo de los dos anteriores, que una vez más, Pi y Margall, desbarata.

En mayo se celebran elecciones a Cortes Constituyentes, donde los republicanos federales obtienen 343 escaños y el resto de las fuerzas políticas 31 (no se presentan carlistas, alfonsinos, republicanos unitarios, ni las organizaciones obreras adscritas a la Internacional). El 1 de junio de 1873 se abre la primera sesión a Cortes y el 8 de junio se proclama la República Federal.

Figueras conoce que se va a perpetrar un nuevo golpe de estado para establecer la República Federal al margen de las Cortes y del gobierno, lo que provoca que al temer por su vida, abandone el país el 10 de junio. Al día siguiente, se produce un nuevo intento de golpe de Estado, que fue disuelto cuando Pi y Margall acepta la presidencia de la República.

El gobierno de Francisco Pi y Margall dura desde el 11 de junio al 18 de julio de 1873. Su programa era ambicioso (acabar con la guerra carlista, separación de Iglesia-Estado, abolición de la esclavitud, reformas en favor del trabajo de mujeres, la educación infantil, la devolución de los bienes comunales, la cesión vitalicia de tierras a los arrendatarios, la elaboración de una Constitución, etc.

Pi y Margall encuentra la oposición de los intransigentes que bloquean su gobierno. Esto lleva a que se apruebe en Cortes una proposición que permite al presidente nombrar y destituir libremente a sus ministros. El presidente destituye a los ministros intransigentes, surgiendo un gobierno de coalición entre centristas de Pi y Margall y moderados de Castelar y Salmerón. La respuesta de los intransigentes es abandonar las Cortes el 1 de julio; y tras ello, llaman a la formación de cantones, lo que inicia la rebelión cantonal y el conflicto armado.

Pi y Margall se ve abrumado y desbordado por la situación. El sector moderado le retira su apoyo y el 17 de julio propone a Nicolás Salmerón como nuevo presidente. Al día siguiente dimite. Un párrafo que define su estado de ánimo será:

“Han sido tantas mis amarguras en el poder, que no puedo codiciarlo. He perdido en el gobierno mi tranquilidad, mi reposo, mis ilusiones, mi confianza en los hombres, que constituía el fondo de mi carácter. Por cada hombre agradecido, cien ingratos; por cada hombre desinteresado y patriótico, cientos que no buscaban en la política sino la satisfacción de sus apetitos. He recibido mal por bien”.

Nicolás Salmerón es elegido presidente, estando en el poder del 18 de julio al 7 de septiembre de 1873. Defiende la necesidad de llegar a un entendimiento con los conservadores y el avance hacia la república federal. Se produce una intensificación del movimiento cantonalista que complica su gobierno. En ese momento carlistas y cantonales se hallaban levantadas en armas. Para resolver la situación, nombra a generales contrarios a la República Federal como Pavía y Martínez Campos; pensando que lo importante es restablecer el orden. Moviliza reservistas, aumenta la Guardia Civil, autoriza contribuciones de guerra, organiza cuerpos armados provinciales. Logra someter a los cantones, excepto el de Cartagena que resiste.

En las Cortes se aprueba la pena de muerte para soldados que incumplan determinadas normas. Salmerón es contrario a esa medida y cuando el 5 de septiembre se le presenta a la firma la aplicación de una sentencia de muerte de ocho soldados que se habían pasado al bando carlista, dimite antes de aprobar tal medida.

Tras él, se nombra a Emilio Castelar (del 7 de septiembre de 1873 al 3 de enero de 1874), partidario de la república unitaria. Defiende que la República es “la forma de gobierno en la que debían caber todas las opciones liberales, incluidas las conservadoras”. Trabaja para acabar con la rebelión cantonal y la tercera guerra carlista. Entre el 20 de septiembre de 1873 y el 2 de enero de 1874, se cierran las cortes, paralizándose la discusión y la aprobación de la Constitución Federal; gobernando Castelar mediante decretos. Para lograr la aprobación de nuevos impuestos y poderes extraordinarios, reabre las Cortes. Estas aprovechan la situación para quitarle el poder.

En la madrugada del 3 de enero, cuando se estaba procediendo a la votación para elegir al candidato federal Eduardo Palanca Asensi, el general Pavía entra en el edificio del Congreso disolviendo las Cortes.

Pavía ofrece a Emilio Castelar formar un gobierno nacional, pero este último no acepta pues no quiere mantenerse en el poder por medios antidemocráticos. Lo que supone de hecho el fin de la Primera República, aunque oficialmente continuase casi un año más, con el general Serrano (del 3 de enero a 31 de diciembre de 1874). Se da al traste con las medidas que se habían conseguido (se suspende la constitución, se propone que tras acabar con la guerra carlista y cantonal se restablecerá las Cortes que elegirán la forma de gobierno, se vuelve al viejo sistema de las quintas, se suprime el derecho de asociación, se restablecen los impuestos en artículos de primera necesidad…).

Como ya se ha señalado, el 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos se levanta en Sagunto a favor de la restauración borbónica. El 31 de diciembre de 1874 se forma el conocido como ministerio-Regencia presidido por Cánovas hasta la llegada de Alfonso XII que lo hará en enero 1875.

En definitiva, la Primera República, aunque de corta duración fue vista por la población con esperanza, surgiendo en ella, “DESPERTADORES” donde se construye el espíritu democrático (casinos, logias masónicas, centros republicanos, asociaciones culturales, agrupaciones filosóficas, movimientos de librepensamiento, etc.). Fue gobernada por intelectuales moderados, muy alejados de posicionamientos extremistas que buscaron modernizar España estableciendo medidas sociales (reparto de tierras desamortizadas, fijación de la jornada laboral de 8 horas, jurados mixtos patronos-obreros para solucionar los conflictos laborales, protección del trabajo de menores y mujeres, amnistía de presas y presos republicanos, abolición de impuestos y quintas, abolición de la pena de muerte, separación de Iglesia-Estado, abolición de la esclavitud, impulso de la enseñanza obligatoria y gratuita, … y la redacción de la Constitución Federal de 1873 que no llegó a aprobarse).

Quisiera acabar este recuerdo a la Primera República con el alegado de Pi y Margall que hago mío:

“No desmayen, sin embargo, los que sientan aún en sus almas el amor a … la República. Los hombres mueren, las ideas quedan. No han logrado matarlas jamás ni la traición, ni el hierro, ni el escándalo… Viven más que sus vencedores…lo violento dura poco; pasará la tempestad, y podremos desplegar de nuevo al aire nuestros estandartes…”.

Funcionario del Cuerpo de Gestión de Sistemas e Información de la Administración General del estado. Actualmente destinado en el Ayuntamiento de Madrid como jefe de Unidad en la subdirección general de Comunicaciones del Organismo Autónomo Informática Ayuntamiento de Madrid (IAM). Doctor en Historia e historia del arte y territorio con la tesis “Masonería y Política en Madrid (1900-1939). Miembro del Centro de Estudios históricos de la Masonería Española (CEHME). Miembro del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Libros: La quema de conventos de mayo de 1931 en el Madrid republicano. El anticlericalismo de la gasolina y la cerilla. Saarbrücken, Academia Española, 2015, y La masonería madrileña en la primera mitad del siglo XX. Madrid, Sanz y Torres. 2019.