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Indalecio Prieto y Largo Caballero: Otra forma de hacer y de pensar


19/12/1933. Los diputados socialistas Francisco Largo Caballero y Margarita Nelken posando sentados en sus escaños del Congreso. Foto Luis Ramón Marín / Fundación Pablo Iglesias. E/Coloreada. https://twitter.com/latinapaterson/status/1311207535429513217 19/12/1933. Los diputados socialistas Francisco Largo Caballero y Margarita Nelken posando sentados en sus escaños del Congreso. Foto Luis Ramón Marín / Fundación Pablo Iglesias. E/Coloreada. https://twitter.com/latinapaterson/status/1311207535429513217

Hace unos meses la mayoría conservadora del Ayuntamiento de Madrid imponía un acuerdo por el que se eliminarían del callejero a los dirigentes socialistas Indalecio Prieto y Largo Caballero, y, además, se retiraría cualquier placa o estatua suyas de la vía pública. En ejecución de esta anomalía democrática, ya se ha retirado, a martillazos, la placa en recuerdo de Largo Caballero de la plaza de Chamberí, coincidiendo con el 151 aniversario de su nacimiento, cuya colocación fue aprobada por unanimidad en el Ayuntamiento hace casi 40 años.

Frente a este ataque se están generando continuas reacciones de apoyo a Indalecio Prieto y Largo Caballero, actos que, en definitiva, son en defensa de lo que ambos simbolizan: elevados valores éticos y democráticos.

Con este propósito, debemos destacar que UGT de Madrid ha editado el libro titulado “Largo Caballero: un deber de memoria”, que fue presentado el pasado 5 de marzo en el Ateneo de Madrid por la Sección de Filosofía que preside el profesor Antonio Chazarra, en el que participan Manuela Aroca, Luis de Benito, Francisco Cánovas, Antonio Chazarra, Antonio García-Santesmases, Luis M. López Reillo, Isabel Vilabella y Rafael Simancas. En el acto se hizo un repaso clarificador de la vida personal y política de Largo Caballero, trayectoria que se puede leer con detalle en este excelente libro.

Junto a los autores del libro, estuvo presente en el acto Pepe Noja, escultor de la estatua de Largo Caballero de Nuevos Ministerios, que recibió los aplausos del público. Precisamente en el libro encontramos un dibujo original de Noja de esta escultura, sufridora periódica del vandalismo de los intolerantes. Ha contribuido decisivamente con sus obras en homenajear a la democracia, como fue el primer monumento a la Constitución que está en Vitoria desde 1983, ocho metros de altura de mármol blanco que son cuatro manos que se elevan y entrelazan como símbolo de unión y fuerza.

Con el mismo espíritu, el 26 febrero pasado, también en el Ateneo, organizado por la Agrupación Especial Ateneísta Agustín Argüelles y la Sección de Filosofía, se homenajeó a Luis Araquistáin Quevedo, periodista, escritor y político socialista, compañero de Indalecio Prieto y Largo Caballero. Intervinieron Luis de Benito, Eduardo Huertas y Antonio García Santesmases, con introducción del Presidente de la Agrupación Agustín Argüelles, José Antonio García Regueiro, y presentación del Presidente de la Sección de Filosofía, el profesor Antonio Chazarra.

Igualmente, en el “Ciclo: El Exilio Republicano” de la Fundación Progreso y Cultura, coordinado por el profesor de Filosofía Antonio Chazarra, hemos podido disfrutar de interesantes conferencias que conectan con las anteriores:

La del 21 de enero de 2021, del mismo Chazarra, sobre el “El exilio itinerante de una pensadora: María Zambrano”, una filósofa que también tuvo que sufrir el exilio por sus ideas y su buen hacer en proyectos como las Misiones Pedagógicas, y que, aunque pudo regresar a España, fue en los últimos años de su vida para recoger el Premio Cervantes.

La del 11 de febrero de 2021, sobre el “El Legado Constitucional de Luis Jiménez de Asúa”, conferencia dada por el Letrado del Tribunal de Cuentas y ex Letrado del Tribunal Constitucional José Antonio García Regueiro, sobre la importante influencia jurídica y política que Luis Jiménez de Asúa tuvo en la elaboración de la Constitución de 1931.

Y el próximo 18 de marzo se nos ofrece la conferencia “Prieto y la reconstrucción democrática desde el exilio”, por el profesor Alfredo Liébana Collado, que se centrará en Indalecio Prieto como líder de la reconstrucción del exilio republicano.

El 23 de marzo, 75 aniversario del fallecimiento de Largo Caballero, la Fundación Largo Caballero y la UGT inauguran un conjunto de actividades para dar a conocer su papel protagonista en la historia de España. Intervendrán el Secretario General de la UGT, Pepe Álvarez, la Vicepresidenta Carmen Calvo, la Ministra de Trabajo Yolanda Díaz y Sonia Largo Valcarce, nieta del que fuera Presidente del Gobierno durante la Segunda República.

Aunque sea sin duda calificable como anacrónica la forma de proceder de quienes actúan de forma intolerante contra personalidades que han sido ejemplares en la defensa de la democracia en nuestro país, debemos analizar las causas por las que todavía pervive ese anacronismo en el seno sociológico y político de una parte del espectro conservador. Para ello es sin duda útil hacer un breve repaso histórico.

Recordemos que con la Constitución de 1812 empezó un largo proceso para modernizar nuestro país que todavía hoy no ha terminado, impulsado por ideas liberales que desde el primer momento fueron consideradas como una grave amenaza para quienes llevaban siglos rigiendo el destino de España, la oligarquía y el caciquismo que diría Joaquín Costa, sin apenas contratiempos, clases sociales privilegiadas que han ignorado sistemáticamente las penurias del pueblo.

El liberalismo tuvo durante el siglo XIX momentos en que alcanzó el poder como el trienio liberal de 1820, año en que se fundó el Ateneo de Madrid, o la Revolución de 1868 con su Constitución de 1869 y la I República de 1873 con la eclosión de los partidos republicanos; tuvo también importantes instituciones que sirvieron para impulsarlo como la Institución Libre de Enseñanza, con una fuerte influencia de un pensamiento a la par espiritual y racionalista, llamado Krausismo, que nos acercaba a la Europa ilustrada; en toda Europa, además, una parte del liberalismo se fue transformando tras la revolución industrial de mediados de siglo en partidos y sindicatos de clase, lo que en España serán el PSOE y la UGT fundamentalmente. Fernando de los Ríos diría que la más perfecta cristalización del liberalismo es el socialismo democrático.

Ese paso lento del liberalismo en el siglo XIX, apoyado en partidos tanto de corte republicano como socialista, tendrá su expresión más gráfica en el Pacto de San Sebastián de agosto de 1930, donde se reunieron varios líderes republicanos y, aunque a título personal, el socialista Indalecio Prieto. Tras este pacto se constituyó un gobierno paralelo al de la monarquía, llamado Comité Revolucionario, que adoptó como sede de sus Consejos el Ateneo de Madrid.

Poco después, el 14 de abril de 1931, se proclamará la República, y el Comité Revolucionario se transformará en Gobierno Provisional, siendo Miguel Maura y Largo Caballero los primeros del mismo que llegaran al Ministerio de la Gobernación, ubicado en la Puerta del Sol, rodeado ya de miles de personas celebrando la proclamación. A las 20.30 se constituyó formalmente el Gobierno Provisional, correspondiendo precisamente a Indalecio Prieto el Ministerio de Hacienda y a Largo Caballero el de Trabajo.

Si hubo una carta magna que supusiera un cambio de paradigma en la historia política de España fue precisamente la Constitución de 1931, pues por primera vez se aparta de la tradición monárquica, permite configurar una estructura territorial descentralizada, socializa la propiedad privada y proclama la laicidad del Estado. Si exceptuamos la forma monárquica de la Jefatura del Estado, resulta evidente que la actual Constitución hunde sus raíces en la de 1931.

Resulta, pues, estremecedor constatar que en el siglo XX, antes de la Constitución de 1978, sólo tenemos de democracia los seis años que duró la II República, y que la brevedad de los períodos progresistas en los siglos XIX y XX indican que las fuerzas reaccionarias no sólo nunca renunciaron a controlar los resortes reales del poder sino que ni siquiera pensaron en compartirlos.

Y aquí llegamos a la clave de esa actitud beligerante que todavía hoy persiste, y que se traduce, junto a otros comportamientos, en ataques contra símbolos que lo son no sólo de los valores democráticos sino también de otra forma de hacer y de pensar, la que proclama la libertad, la igualdad y la solidaridad.