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EL PERIÓDICO
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Es tan dulce y breve cuando llega


Pocos lugares como la Vall del Madriu en Andorra te hacen sentir la belleza de la naturaleza en toda su expresión. Me lo dijo Joan, el Madriu en junio. Cuidado en no perder las uñas al descender, cuesta llegar, pero cuando lo haces el recuerdo de esa jornada te acompañará siempre.

Árboles que brillan, mariposas juguetonas, agua sobre piedra, neveros, nubes de flores -floración tardía- y, sobre todo, el aire que se respira en medio de un espectáculo fantástico.

Andorra ofrece muchos lugares que hay que buscar: la Vall de Incles para hacer raquetas en enero, Tristaina para una buena caminata que coronas con lagos y el bocadillo más sabroso que has probado nunca; Sorteny, la Rabassa, y más, mucho más: Ordino con el Auditorio y LLuis Claret tocando el cello, qué belleza déu-n´hi-do. El románico espiritual que te ofrece paz y recogimiento. Un lugar hermoso.

Próximo, frente al Cadí, está Lletó, un paraje próximo a la Seu d´Urgell, en el Alto Urgel, que no tiene rival. En este lugar sientes la fuerza del corazón y las raíces. Con nieve que se desploma de los árboles vencidos, con lavanda en primavera, es el paraíso con el que sueñas. Una casa de payés reconstruida con el respeto que guarda la memoria de los tuyos. Té de hierbas silvestres y buen fuet es todo lo que necesitas para sentirte en el centro del mundo. Suena Miles Davis. Un viaje al corazón de la tierra. En esa paz amable te visita un zorro curioso y solitario, es el lugar que has buscado. Los amigos te lo ofrecen con la generosidad compartida de quien tiene la capacidad de comprender.

En Extremadura, volví a sentir la proximidad de la tierra, el mismo respeto por las raíces y sus conjuntos. Visité una finca que no olvidaré, próxima a Garvín y los ríos Ibores, un remanso de bienvenida que reúne a los amigos para celebrar la vida. Sin conexión con el exterior, hundes los pies en el campo entre olivos para sentir sus frutos, lejos de la contaminación y el plástico.

Conversaciones, lectura y risas junto a la alberca, con gallinas y gatos que te emocionan porque crece la vida sin temor, qué tranquilidad dan las gallinas…

Un hombre bueno que respetaba el arte, la música y la literatura ha ganado este terreno para su gente; un sueño que te facilita el retiro necesario para escribir y oler las jaras que en su diálogo amarillo con el aire, te devuelven la salud. Una Arcadia del presente.

Patios interiores con naranjos y olivos contemplan las plumas de los pavos desplegadas en su soberbia y altanería. Verderones y golondrinas que con las cigüeñas negras nos dan los buenos días con perdices y conejos, corzos, ciervos y jabalíes.

El verde crece libre y las amapolas rojas son acariciadas por el viento que engorda a los venados. Los arbustos perdidos en su luz nos acompañan desde Horacio y Garcilaso a Fray Luis y John Lennon.

Hombres y mujeres sacudidos por el ruido del dinero y la mentira usurpan a las generaciones futuras lugares donde contemplar la belleza y la salud, van quedando pocos. La Península Ibérica no debe permitir que se nos congele la esperanza.

María C. Galera fue ayudante de Don Enrique Tierno Galván. Es Doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura Castellana.