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Silva: "Los madrileños votaron contra una forma de ser gobernados que no gustó"


Foto: Aniol Resclosa. Planeta de libros. Foto: Aniol Resclosa. Planeta de libros.

Los madrileños han votado "contra una forma de ser gobernados que no les ha gustado", asegura el escritor Lorenzo Silva, que considera además que diez años después del 15M, la fuerza política que surgió de ese movimiento murió en las elecciones autonómicas del pasado 4 de mayo.

Silva (Madrid, 1966), que ha presentado en Toledo su nueva novela, "Castellano" (Destino), ha señalado en relación a la situación política actual y a las recientes elecciones madrileñas que se ha producido "un cierto voto de castigo al poder" que provoca un movimiento "sísmico".

"Es curioso -dice en referencia a los episodios de su libro, centrado en la revuelta de los comuneros de 1521- que ese espíritu 500 años después está en acontecimientos de la política contemporánea".

Silva ha visitado con un grupo de periodistas los escenarios de esa revuelta, que considera la primera revolución moderna y que levantó a las gentes de Castilla contra los abusos de poder de Carlos V.

Las lecciones de aquella revuelta llegan a la actualidad, sostiene el escritor: "Madrid fue ciudad comunera desde el primer momento, formó con Toledo el embrión del Ejército comunero y fue muy beligerante".

"Y el 15M fue en cierto modo una explosión de capas de la sociedad española descontentas frente al sistema y ese movimiento tectónico desde la población provocó un viraje en la política española contemporánea. Curiosamente este viraje en el que estamos ahora también se imprime desde Madrid y contra el poder".

Madrid ha sido en ambos movimientos el "catalizador", sostiene Silva: "el 15M nace en Madrid y en cierto modo esa fuerza política muere en Madrid en las urnas con el 80 por ciento, porque no es un mensaje de las élites o de la oligarquía" el que se ha pronunciado en las urnas, defiende el autor, que aclara que no ha votado a la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, ni lo haría nunca.

EL LEGADO COMUNERO

La épica revuelta de las gentes de Castilla contra el abuso de poder de Carlos V culminó en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521. Las tropas imperiales arrollaron a las de las Comunidades de Castilla y decapitaron a sus principales capitanes: Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado.

Fue en los albores del siglo XVI cuando las clases populares y medias y la pequeña nobleza de las ciudades castellanas, capitaneadas por Padilla, Bravo, Maldonado o el obispo Antonio de Acuña se atrevieron a desafiar a Carlos V y a la codicia de unos gobernantes intrusos que esquilmaban a las Comunidades de Castilla.

Una revuelta transversal, apoyada en las leyes y con vocación constitucional en cuyo espíritu se basó la tradición liberal del constitucionalismo: "no es casualidad que Manuel Azaña reivindicara el legado comunero", explica Silva.

El escritor llevaba diez años detrás de escribir este libro, que va más allá de una novela histórica.

No es tampoco un relato bélico o de aventuras, ni tampoco un texto político o sentimental, sino que lo que ha querido es "recoger y sintetizar con la mayor integridad posible unos hechos que revelan el carácter de un pueblo -el castellano- y que fueron determinantes en la constitución de otro -el español-".

El escritor considera que hay un cierto complejo en conectar con la identidad castellana porque se identifica con la "identidad residual española".

Un complejo que puede deberse también a que Castilla ha sido objeto de "vaciamiento y empobrecimiento" y que por eso falta conexión con su herencia cultural.

El sueño de los comuneros fue "de orgullo y libertad", indica Lorenzo Silva, que, de vuelta a la actualidad, explica que el "problema de la palabra 'libertad' es que es demasiado amplia y cada uno la interpreta como quiere".

"Los comuneros hablaban de libertad frente a tributos excesivos y abusivos que los castellanos no podían pagar. Pero también supone la defensa de tu idiosincrasia frente a que el poder te dirija en exceso", dice.

La novela ha sido un viaje del escritor a la historia de la identidad castellana, pero también de su propia identidad, alejada de lo que prevalece a su alrededor, ha explicado, donde se concibe como un "arma arrojadiza" convertida en un "parámetro colectivo que te exhorta o conmina a que te adhieras".

Precisamente su libro, asegura, es un alegato contra ese tipo de identidad, aunque fue en su escritura cuando descubrió su identidad castellana.