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EL PERIÓDICO
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A un clic de ratón


Se había quedado sin trabajo, una pesadilla anunciada. En tiempos de pandemia y con la cabeza en otro sitio, cuando le llegó el despido, el toquecito en el hombro que te manda a la calle, se le quedó la cara descompuesta, el corazón a todo ritmo.

Con buena presencia y mejor presentación no se ajustaba en las entrevistas al perfil solicitado. ¿Qué querían y esperaban de él esa corte de humanos con recursos que no le daban la solución que esperaba? Se había empapado en los foros de todos los comentarios y se estudiaba la empresa a que aspiraba con toda la información en la red a su alcance. A quién se le ocurre hablar inglés mejor que su jefe y dominar las nuevas tecnologías.

La sospecha de que era necesaria una buena recomendación se hacía evidente. En España este tipo de acción siempre se había llevado mucho. Si no tienes padrino, no te bautizas. Dame tus datos y lo consigo a un clic de ratón, mis contactos moverán tu expediente.

El paro se acababa y los ahorros en bolsa no crecían lo esperado. La ingenuidad y falta de previsión lo habían arrastrado a esta creciente calamidad. Los lunes al sol, esta situación irritaba sus nervios, las colas del hambre lo sumían en una impotencia y un sufrimiento alarmantes. Sus primos, obligados a abandonar España con sus títulos al hombro no lo habían pasado mejor.

El mindundi con patines junto al mar con sus sueños lapidados. El chaval no podía ser más guapo y más encantador, la delicia de su madre y la alegría de su hijo. Ingenuidad que otorga la sobreprotección, sueños de seductor y de gran triunfador en un país de mierda en el que todavía hace falta un tarjetón o un apellido para llegar a ser alguien.

Le encantaba la música, Drake, Rosalía, Bad Bunny y algunos más en esos vídeos cargados de tetas y culos. Y yo perreo sola. Paciencia, joven, hay que luchar, con esfuerzo, tu generación irá consiguiendo objetivos, como la de tus padres. Poco a poco. Esta sociedad decadente y mentirosa con ansias de nueva libertad y de vivir bien a cualquier precio, disfruta, disfruta, irá concediendo las mejores recompensas con paciencia. Egoísmos reconcentrados de capitalistas insaciables con ansias de poder y lujo. ¿De qué sirve irse a Andorra y esconder las ganancias para ahorrarte los impuestos si renuncias a tus raíces y a tu identidad? La pela es la pela.

El mundo propio es el mejor no permitamos sentir el hastío de la existencia en un país cargado de trabas que te hacen perder la paciencia y desconfiar de tus capacidades.

Nuestros jóvenes sin trabajo y personas que no trabajan, aprovechadas y convenidas, sacando jugo a privilegios adquiridos. Un insulto nuevo de la nueva normalidad. Que vivir no sea una manía lúgubre y no te culpes.

Las familias que se implican discuten, todo el mundo discute, es la consecuencia del miedo y el asombro, de nombrar las cosas por su nombre. Aquí está la tristeza, os la presento, de ella ejercemos.

No vivamos para el olvido, recordemos que las agonías con amor son menos; juntos y unidos el tiempo que ambicionamos será nuestra conquista.