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Espronceda en nuestros días: mucho pirata, mucho gitano…


José de Espronceda. José de Espronceda.

Hace mucho tiempo, allá por 1808 nació José de Espronceda.

Romántico como Larra; yo creo que la vida y sobre todo la muerte del afrancesado Mariano José le quitó protagonismo merecido y más que meritorio al extremeño pero ya se sabe: escribir en periódicos, viajar y criticar mucho el país de uno cotizaba al alza (igual que ahora) y en estas lides fue superado por su colega. A mí me parece que Espronceda resultó un auténtico visionario y que en sus versos anticipaba, arrebatado, aires de libertad y de independencia (Me suena de algo…). Cuando recitábamos los cañones, 10, que eran 10 nada menos, o repetíamos tanta sonoridad en “Jarifa y orgía”, inquietos por averiguar quién sería ella, adivinábamos una personalidad polifacética que se avenía como un guante (muy propio del outfit de la época) al momento que le tocó vivir. 34 años. Y a nuestros momentos presentes también.

Siempre he pensado que algo tenía que ver tanto “pirateo” con el “gitaneo” que más adelante leeríamos en Lorca. 38 años. Lo escribo entrecomillado porque no han sido pocos y lo siguen siendo hoy quienes menoscaban la labor poética de ambos artistas: el romántico del siglo XIX y el romántico del siglo XX.

No sé si los piratas esproncedianos cantaban eso de “ron, ron, ron, la botella de ron” o si los gitanos lorquianos entonaban bulerías y soleás (andalusíes, por cierto, aunque alguna se empeñe en atribuirles raigambre madrileña), pero casi estoy segura de que unos y otros, por mar y tierra, salvando oleajes y cruzando páramos, expresaban deseos libertarios, modos de vida comunitarios y alegría del sentir y del compartir.

Color y calor humano en sus poesías alejadas en el tiempo y próximas en el contenido: la figura del pirata y del gitano, símbolo de una vida trashumante, poco reposada y muy activa.

Ambos eran artistas, eso, artistas: políglotos, de vida azarosa y amoríos complicados; conocedores de países, ideólogos, filósofos y hasta políticos. Intelectuales y conscientes de que podían aportar mucho con su prolífica obra.

Se les consideró revolucionarios y de tendencia liberal; implicados en el devenir de su patria no se camuflaron en metáforas vivientes, sino que hicieron oír su voz trasmutada en versos mayores y menores.

Cosaco, mendigo, carromatos y limones…cuántas personalidades literarias y reales se intuyen en sus protagonistas.

Sus vidas, la de José y Federico, sufren hostigamiento político y personal. Sobreviven como pueden y les mantiene en pie su escritura, su canto en defensa de una sociedad más libre e igualitaria y hasta más diversa y plural (no me cansaré de repetir estas consignas). De las décadas decimonónicas se dice que fueron convulsas, del siglo pasado, tres cuartos de lo mismo: Espronceda y Lorca influyeron en sus coetáneos y su producción ofrece muestra palmaria de sentimientos convencidos que hoy podrían ser epítome de unos momentos frágiles.

El garrotillo acabó con el poeta del siglo XIX un 23 de mayo y al poeta andaluz lo asesinaron.

Siempre recordaremos a sus gitanos y a sus piratas. Hoy más que nunca.

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