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Sentidos y sensibilidades: de Joanie Lemercier al Four Seasons


Hay quien celebra el día de las fuerzas armadas y rinde homenaje a la bandera sobrevolando tejados a puro chorro bicolor y propulsión rojigualda… sobresaltando a propios y extraños, peatones que caminan por las calles aledañas a la Gran Vía madrileña y provocan ligirofobia a algún despistado que no recuerda la efeméride de esta jornada.

Antes de este susto, venimos del Espacio Fundación Telefónica. A mí, el edificio me ha gustado de siempre: por ser provinciana y ahora capitalina de adopción. No sé por qué me imaginaba que un complejo cableado, cobraba vida, retrepaba por las paredes y emitía ondas de todo tipo para que pudiéramos descolgar aquellos mamotretos de auriculares y oírnos, “oye, como si estuvieras aquí” sin interferencias. Misterios de la química, o de la física o…

La torre que se divisa desde Fuencarral aparece rígida e inmortalizada en varias películas de Almodóvar, en claro homenaje a su paso laboral por dicha empresa.

Hoy alberga sorpresas, muy visitables y tranquilizadoras pues no he atisbado ni un hilo de alambre suelto, ni rayos infrarrojos, ni ondas (malas o buenas).

Las tripas de la construcción se configuran en modo caracol: escaleras que ascienden hasta el cuarto piso y ahí nos recibe diseño, mucho diseño: la exposición de Joanie Lemercier con una muestra de Paisajes de luz o luz de paisajes, diría yo.

Un joven artista belga que lleva más de 10 años haciendo virguerías con la luz y las figuras geométricas. Perfección y delicadeza con mucho tino y habilidad personales.

A mí me parece muy original y distinto, muy novedoso. Pocos accesorios y ningún adorno excesivo. Las instalaciones que se pueden observar cambian frente a nuestros ojos: tubos de neón, montañas que se despliegan salpicadas de copos de nieve para convertirse en una red metálica que atrapa, laderas y nubes punteadas de cerca y despintadas de lejos. Fotos, sombras y paneles. Se mezcla ante nuestra vista holografías y trucos de escenógrafos, cubos y líneas, silencio y melodía.

Invita a participar en esos mundos nuestros que él los percibe proyectados según diferentes motas luminosas. Incluso podemos ver los entresijos de su obra, cómo consigue el resultado que admiramos. Impacta el paso de la cumbre japonesa a la cima Islandesa. Energía, carbón, bosques, islas, desiertos y orillas que se mueven.

Digitalización y teatro, casi ciencia ficción en plena tierra; láser y arte, tecnología y naturaleza. Confusión y quietud. Mucho diseño y conciencia ambiental. Una sorpresa muy actual en la confluencia de dos calles comerciales. A pesar de la enormidad reflejada, no nos sentimos minúsculos, nos implica, partícipes, en su obra.

Y una nueva realidad en el bullicio mundano: la paz de la exhibición nos devuelve al tránsito viario, pero algo ha variado…cierta conciencia de un mundo en constante cambio. Una luz, dos, la del día y la de la exposición proyectadas sobre nosotros que seguimos recorriendo la zona, ojo avizor al cielo y al asfalto.

Parada y fonda en el Four Seasons: igual que los turistas extranjeros que visitan nuestra ciudad, traspasamos las puertas giratorias y otras entrañas nos reciben: policromía en las vidrieras, claraboyas resplandecientes, flores, oropel y mármol. Terciopelos, sonrisas y amabilidad. Otro espacio muy urbano y sofisticado.

Mezcla de estilos, mezcla de actividades en una mañana sabatina o dominical. Con mascarilla y distancia. Para todos los gustos.

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