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La Séptima de Shostakóvich: Leningrado en el recuerdo…


Leningrado es una de esas ciudades que surgen y emergen revitalizadas de vez en cuando. A lo largo del tiempo, diversos vaivenes ha sufrido el nombre de esta capital del imperio zarista que Pedro el Grande fundó en 1703, con la intención de convertirla en la ventana de Rusia hacia el mundo occidental.

Fue cuna de Dmitri Dmítrievich Shostakóvich (1906-1975), y estratégico enclave donde se concentró hasta espesarse la revolución bolchevique en octubre de 1917. El músico, dubitativo por naturaleza y completamente incapaz de decir "no" a nadie, sufrió censura y recelos soviéticos por su aparente falta de celo político e incluso llegó a ser denunciado por ejecutar música decadente y formalista, “antimarxista”, “contraria a la lucha de clases” y “pro-occidental”. Nacido en la calle Podólskaya en San Petersburgo, de ascendencia católica polaca, sus antepasados más próximos vinieron de Siberia. Mostró un gran talento musical después de que recibiera clases de piano con su madre a la edad de nueve años. Creció en una ciudad que sería renombrada por su fama y por su “identidad” tan mudable: durante la Primera Guerra Mundial San Petersburgo resultaba excesivamente germánico y se cambió por el de Petrogrado, en claro homenaje a la victoria revolucionaria. Al morir Lenin en 1924 tomó la denominación de Leningrado en su honor, por su obvia filiación al líder marxista, hasta que un referéndum popular la rebautizó con el nombre por el que hoy es conocida y celebrada, San Petersburgo. El cementerio memorial de Piskarióvskoye en dicha localidad alberga a la mayoría de los muertos, caídos en el fatídico y funesto “sitio de Leningrado”.

Hoy en día se pueden apreciar edificios vacíos en sus alrededores señalando el violento pasado de la ciudad que luce el título de Ciudad Heroica recibido en 1945, año que marcó el final de la contienda. En 1941, Hitler maquinaba hacer desaparecer, costara lo que costara, Leningrado, icono de la cultura rusa y sede donde se hallaba la única fábrica productora de tanques pesados, coches y trenes blindados del mundo. De gran importancia constituye su ubicación sobre la desembocadura del río Neva en el golfo de Finlandia, durante aquellos meses de sitio férreo en que la población sobrevivía gracias al transporte que a través de esa vía fluvial abastecía a una población depauperada y exhausta. Por aquel entonces, el compositor sigue las pautas de Stravisnky y Prokofiev en su producción musical. A pesar de ser poco apreciado por su moderación emocional e impulso rítmico, su Primera Sinfonía es aclamada con entusiasmo, igual que la segunda, Octubre, en 1927, pieza patriótica con un final coral prosoviético; su éxito se ensombrece con la Tercera Sinfonía calificada de marcado carácter experimental, según la crítica. Conocer la música de Mahler supone una poderosa influencia en su Cuarta Sinfonía y en el conjunto de su obra posterior. Escribe la ópera Lady Macbeth de Mtsensk, un auténtico logro al ser descrita como el resultado del triunfo general de la construcción socialista, de la política correcta del partido: solo la podría haber compuesto un músico soviético educado en la mejor tradición de la cultura soviética. Ideología y propaganda. Pero la sospecha nunca le abandonó…

El número 7 posee magia: puente de unión entre lo sagrado del número 3 y lo terrenal del 4. Cuatro puntos cardinales y cuatro elementos telúricos vinculados a la perfección del tres. Todo el universo se mueve, siempre, de manera constante, sin parar. Septenario astral clásico, siete milagros del mundo, y siete formas de arte medievales, años de vacas flacas y años de vacas gordas, siete. Pitágoras y Dante Alighieri también sabían mucho y hoy nos lo siguen enseñando acerca de la atracción de dicho guarismo; siete pecados capitales... Una cifra poderosa en sí misma. Un dígito histórico y moderno. Musical. De la misma manera… la sinfonía Leningrado: una pieza de artesano, cuidada hasta el mínimo detalle, cápsula espacial que nos hace viajar a aquella ciudad, a ese año, a esos momentos…

Como mínimo para su interpretación se precisan110 instrumentos. Música y maestros de la guerra, de la supervivencia, de la liberación. Del horror y de la esperanza.

Quizá sus compases nos remontan a otros tiempos y a otros lares: Bizancio y Mehmet II, Damasco y Tamerlán, Siracusa y Claudio Marcelo…¡¡qué lejano todo!!

Shostakóvich se vio obligado a abandonar su querida ciudad: una evacuación realizada sin plan previsto, en completo caos de huida y salvación. Gracias a su personalidad tan vulnerable y extraordinariamente sensible y receptiva percibirá el lugar que lo vio nacer como fuente de inspiración para su genio personal e ingenio artístico. Acusado de escribir música antimarxista, aseguraba que no creía en Dios y que lo sentía mucho.

Asistimos con estas líneas a la memoria perpetuada en anales históricos. Reminiscencias pretéritas en la lontananza abisal… El presente nos asola y comprobamos con dolor y espanto qué cerca de nuestros días, un “episodio” no de los más conocidos de la Segunda Guerra Mundial (1 de septiembre de 1939- 2 de septiembre de 1945) pero sí de los más terribles, acude a nuestras páginas para hacer justicia y música.

En sus últimos años, el artista padecía problemas de salud crónicos, pero se resistió a dejar el tabaco y el vodka. Frágil y nerviosamente ágil, su faz llena de tics y gestos. Amante del deporte, disfrutaba jugando a las cartas, en especial, haciendo solitarios. Le gustaba leer a escritores satíricos a los que imitaba parodiando en sus escritos a muchos oficiales soviéticos. Quienes lo conocieron, hacen de él una semblanza llena de paradojas y contradicciones: de carácter retraído, directo y puro; ácido, muy inteligente, fuerte y quizás despótico sin ser del todo bueno pero racionalmente bondadoso, intentando ayudar a la gente y salvarse a sí mismo. Una personalidad curiosa y atrayente. ¿Un hombre de su época? Sin duda, el más grande compositor del Siglo XX en una ciudad que por su emplazamiento ha sido calificada como la más artificial del mundo, construida bajo condiciones climatológicas adversas, comparada con Brasilia e incluso con Venecia por los numerosos canales en las calles que siguen el patrón de Ámsterdam. Durante 29 meses tuvo lugar el sitio de Leningrado por las fuerzas armadas de la Alemania nazi (Wehrmacht) y tras la guerra sufrió la época de las purgas de los dirigentes soviéticos. Hoy, San Petersburgo, alberga más de doscientos museos que irradian a sus visitantes una profunda cultura entre edificios barrocos y neoclásicos. Una ciudad vital.

(Basado en el artículo de la misma autora, “Shostakóvich, una sinfonía para la esperanza”, publicado en MUY, Historia edición coleccionista)

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