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Muchas fotos en el museo ICO y muchos tejados desde el Urban


Guy Hersant, Sin título, 1986 (Vigovisións). Colección fotográfica municipal. Ayuntamiento de Vigo Guy Hersant, Sin título, 1986 (Vigovisións). Colección fotográfica municipal. Ayuntamiento de Vigo

Saint-Saëns (1835-1921), este romántico parisino, me inspira.

Descubro que está sonando su Sinfonía número 3 en la mañana de un sábado que se adivina caluroso en la capital.

Encarar la Gran Vía en coche supone armarse de paciencia y practicar con habilidad el juego freno-embrague y acelerar suave.

Ya van llegando a Madrid los turistas de todas las clases y condiciones, nacionales y extranjeros: tan fácil distinguirlos como a nosotros mismos cuando cambiamos de paralelos: es ese aire de “visitante de fuera” que nos caracteriza y que no pretendemos disimular.

De camino a nuestro destino cultural, me soliviantan los “bicicleteros” y los “patineteros”; por más carril ad hoc destinado a ellos, tengo la sensación de que tildan hacia mi costado y me aturden.

Los compases musicales dedicados a Liszt avanzan con la entrada del órgano, dirigidos por la Orquesta del Capitolio de Toulouse, mientras voy parando en todos los discos rojos que la exalcaldesa Manuela Carmena sembró por esa Vía majestuosa y que en pleno mes de junio nos recibe con un azul resplandeciente. Me encanta vivir en Madrid. Parece propaganda, lo sé. En esta ciudad me siento cómoda y me resulta todo familiar y fácil…

Llegamos a las Cortes y termina el hilo musical sinfónico.

Y ahora subimos por la calle Zorrilla en dirección al museo ICO (Instituto de Crédito Oficial) destinado a exhibir muestras de los ámbitos de la arquitectura y del urbanismo y sus vínculos de manera transversal con la fotografía. Un edificio señorial, armonioso de formas y de estilo tranquilo; voluminoso y compacto que recibe a sus visitantes y muchos curiosos en busca de sombra por la calle trasera del Congreso, tan desconocida para la gran mayoría.

En esta ocasión asistimos a la exposición: En España. Fotografía, encargos, territorios. 1983-2009. Encontramos todas las medidas de seguridad que marcan los tiempos, para su acceso, y por las salas muy bien organizadas, espaciosas y perfectamente señalizado el recorrido, observamos el trabajo de Guy Hersante, Eva Lootz, Graciela Iturbide, por ejemplo o el de Rafael Navarro, Luis Ortega y Max Becher, por destacar algunos de los nombres de una abultada nómina muy encomiable; todo un universo lleno de ciudades, rincones y personas. Gestos y guiños de la cámara de un gran elenco de auténticos artistas: fotógrafos que paralizan el instante y lo hacen mágico en la realidad de la evolución. Expositores con carteles, planos y textos que complementan una colectividad tan completa como variopinta. Colores y monocromatismo, publicaciones editadas, ristras de fotografías enmarcadas para la posteridad de unas décadas finales del siglo XX y los nuevos años de la presente centuria. Realizaciones minuciosas y proyectos visuales hechos materia perenne. La imagen “paralizada” permanece como recuerdo del pasado y de la memoria, para revivir nuestros momentos y anticipar el futuro.

A gusto del consumidor. No defrauda, en absoluto. Deambulan visitantes infantiles y otros talluditos, contemplando plácidamente y sin prisa todo lo que el ojo del objetivo ve y lo que añade el humano. Me fijo en un joven que dibuja a grandes trazos en una libreta algo que le habrá sugerido una de las instantáneas…

Espacios abiertos y luminosidad, un paseo interior que cumple las expectativas de quien se acerca a una fachada plana, quieta y sorprendente. Entrar en este museo ha sido relajante y satisfactorio: una nueva cita que añadir a la oferta cultural y de ocio madrileña. El personal amable y solícito invita a repetir visitas sucesivas.

Y al salir… tejados, muchos tejados y voladizos que dan sombra a las aceras cerca del Urban, famoso hotel por su terraza. Se lleva eso de ver las ciudades desde la altura con los pies en la tierra.

Las tejas se desperezan a esas horas aún tempranas de la mañana sabatina, y el cogollo de la zona antigua, del Madrid castizo, empieza a ponerse en funcionamiento; los ventanucos de las buhardillas se resguardan del incipiente sol con persianas y las mansardas lucen maceteros coloridos. Desde arriba se distinguen edificios oficiales, ociosos y académicos: reloj famoso, torres coronadas, carros y figuras por la calle de Alcalá.

Lo dicho: familiar y fácil. Una ciudad que ofrece tanto…

De vuelta, suena La forza del destino en la voz de Rosa Ponselle que canta “La vergine degli angeli”.

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