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Terribles hondonadas


Solicitar el ingreso forzoso de una persona enferma no es tarea fácil en este país en el que la salud mental no cuenta con la atención necesaria. Socialmente mal vista y médicamente sin presupuesto, legalmente la maquinaria administrativa es lenta y distante para la ayuda que necesitan las familias que se sienten abandonadas y solas. Lo más parecido a ser un apestado.

Tienen que suceder acontecimientos fatales y finales: muertes, agresiones, enajenación total. Las denuncias van de la policía al juzgado y allí los trámites van despacio, pasan los días y el enfermo se ha podido quitar la vida en un soplo. La burocracia, el papeleo y la falta de apoyo ponen de manifiesto una situación grave y peligrosa. En estos tiempos los casos aumentan, también en gente muy joven.

La indefensión de los ciudadanos deja perplejo a cualquier observador atento. Todos lo saben, aunque se callan. En un país próspero este sufrimiento individual, familiar y social solo causa padecimiento y dolor, la protección médica es necesaria.

La persona que está enferma no suele reconocer la gravedad de su estado y se niega a ingresar voluntariamente. En realidad, hace lo posible por morirse y lo intenta de diferentes formas. Un suicidio lento. Las familias muy apuradas acaban siendo noticia de los informativos en primera página o en programas televisivos de larga duración. La depresión es una enfermedad muy grave.

¿Cómo no se dieron cuenta, qué tenían que haber hecho, en qué estaban pensando cuando ante sus ojos la atrocidad aumentaba de tamaño? Los allegados suelen evaporarse, comentan a las espaldas, se quedan los imprescindibles. La inutilidad del sufrimiento y las pocas ganas de soportar una situación incómoda y costosa hacen el resto.

Qué pena, cómo es posible que haya acabado así, lo tenía todo…cuántos ingresos lleva…ha perdido el sentido común y la dignidad. Los niños llevan la peor parte, no lo entienden.

La Literatura da cuenta de las enfermedades mentales y sus funestas consecuencias. El suicidio es tema recurrente y hasta de moda en alguna época literaria. En Mis Dolloway de Virginia Woolf, la depresión, el dolor espiritual, la angustia y la locura aparecen. Desde Kafka al El rey Lear de Shakespeare; La campana de cristal de Sylvia Plath también nos sirve de ejemplo.

Corazón de mariposa de Andrea Tomé, trata el tema de la anorexia. Los trastornos alimenticios son el origen de muchos problemas depresivos que conducen a la adicción y la autolesión.

El demonio de la depresión, Andrew Solomon abunda en el tema y El hombre en busca de sentido, una lectura imprescindible.

Ansiedad, depresión TLP, son enfermedades cada vez más abundantes, y son las mujeres las que las sufren con mayor frecuencia en parte por el maltrato psicológico y físico que padecen y muchas son las que necesitan tranquilizantes para dormir y antidepresivos para soportar el día a día. Clarice Lispector y Alejandra Pizarnik nos han legado escritos reveladores.

Rafael Narbona en Miedo de ser dos da testimonio de la enfermedad bipolar que padeció. Una crónica valiente y sincera que ayuda a comprender.

El alcoholismo, Manual para mujeres de la limpieza de Lucía Berlín; Dostoievsky y Poe reflejan la locura y el trastorno mental con un realismo estremecedor. Guy de Maupassant, uno de mis autores favoritos por sus cuentos inteligentes y reveladores, en El Horla relata la alucinación que sufre quien no sabe reconocer a su otro yo, el que habita dentro de sí mismo, estar fuera de la realidad le llevará a un final trágico.

Javier Giner ha escrito Yo, adicto un viaje para conocer un problema que conlleva dolor y autodestrucción: la adicción. Las listas de espera en la sanidad pública para la atención de este grave problema son prolongadas, dan poca esperanza.

Psicólogos, psiquiatras, abogados, tratamientos, ingresos, juzgados, policías forman el mundo torturado en el que nos movemos, cargados de sufrimiento. Una pesadilla y una tortura en un mundo gobernado por las sombras.

La ansiedad de niños y jóvenes, las urgencias disparadas nos hacen temer por un mundo que se tambalea en el que habita el olvido por la precipitación, la ansiedad y la precariedad.

Este escrito es una llamada de socorro, un grito que pide apoyo, una alerta para que reflexionemos y seamos capaces de aunar esfuerzos, soluciones que salven las carencias de esta sociedad líquida, enferma y agresiva.

María C. Galera fue ayudante de Don Enrique Tierno Galván. Es Doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura Castellana.

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