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EL PERIÓDICO
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La Escuela de Atenas, de Rafael Sanzio


Conocido también como Rafael de Urbino, o simplemente como Raffael, y reconocido por los tiempos como uno de los mejores pintores renacentistas y arquitecto, estamos ante un artista que destacó desde edad temprana, viendo su vida trucada prematuramente a la edad de treinta y siete años, aunque nos dejó, a pesar de ello, una extensa obra.

Giorgo Vasari describe tres etapas en su vida artística: sus primeros años en la Umbría, su región natal; su paso por Florencia, la capital del arte en el Cincuecento, y su trabajo en Roma al servicio del papado.

Es en este último periodo cuando lleva a cabo la obra objeto de nuestro comentario, ya que forma parte del conjunto denominado Las estancias vaticanas, encargo que consigue gracias a su amigo Bramante. En concreto, y en este caso nos referimos a la estancia de la Segnatura (o del sello), que contiene además de la mencionada las pinturas denominadas La disputa del sacramento, Virtudes cardinales, El Parnaso, y la bóveda.

No cabe duda de que en estas obras de Rafael encontramos referencias a Miguel Ángel y de su magna obra en la Capilla Sixtina. El pintor florentino llegó a acusar a Rafael de plagio. No obstante, de lo que no cabe duda es que el artista que comentamos es uno de los más importantes pintores renacentistas por méritos propios. Así lo demuestra La Escuela de Atenas.

Estamos ante una pintura al fresco de 7,7m de ancho por 5m en la clave del arco que lo enmarca. La perspectiva se realiza mediante un punto de fuga central, que abre la conocida “ventana renacentista”, dándonos una gran sensación de profundidad, en la que podemos encontrar la aplicación de las enseñanzas del maestro Perugnino por un lado, y de Bramante en el trazado de la arquitectura ficticia de las tres bóvedas de cañón con casetones, simuladas y sucesivas, separadas por arcos de medio punto y enmarcadas por estatuas que aluden al mundo clásico: Apolo, dios de las Artes , y Atenea, diosa de la Sabiduría y de la estrategia.

Sobre un escenario representado por una escalinata se despliegan diversos personajes históricos del ámbito de la filosofía, la ciencia, las matemáticas, las artes, la política…, que comparten espacio con figuras coetáneas al pintor, rodeando las dos figuras centrales que representan a Platón y Aristóteles.

Rafael, para alguna de las representaciones físicas utiliza retratos reconocibles, como es el caso de Platón, cuyo rostro es el de Leonardo da Vinci. El dedo índice de este personaje señala el cielo, en donde se ubican las Ideas. Aristóteles, sin embargo con la palma de la mano abierta nos indica la Realidad. Continuando con este juego de sosias, Heráclito asume el rostro de Miguel Ángel, Bramante se representa en Arquímedes o Euclides (es la figura que lleva un compás) y Protógenes, pintor de la edad antigua adquiere las facciones de Giovanni Antonio Bazzi.

Junto a los más arriba descritos podemos contemplar una pléyade de nombres que han trascendido la Historia de la Humanidad: Diógenes, Zenón de Elea, Epícuro, Federico Gonzaga, Anaximandro, Averroes, Pitágoras (que porta una pizarra con el número Tetrakys), Telango, Hipatia, Parménides, Alejandro Magno, Jenofonte. Alcibiades, Sócrates, Plotino, Homero, Ptolomeo, Apeles (en el que el pintor se representa así mismo) y el geógrafo Estrabón, que sujeta un globo terráqueo.

La Escuela de Atenas es una inmensa alegoría del conocimiento, del fundamento del movimiento renacentista que determinaron una nueva concepción del mundo y del ser humano, y que Rafael quiso mostrar como en un inmenso escaparate, que es en lo que convierte el ágora ateniense, magistralmente definido en el dibujo y el color, la simetría y la perspectiva, envuelto en la luz.

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