Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Madrid-Roma. Ida y vuelta para ver una Tosca estelar


Escena de 'Tosca' en el Teatro Real - JAVIER DEL REAL Escena de 'Tosca' en el Teatro Real - JAVIER DEL REAL

A Puccini le iba la marcha. Sin duda. Hoy sería un activista defensor de múltiples causas que campan por doquier.

Al público del Real, el pasado viernes también le iba la marcha. Y el ambiente de juerga y fiesta se palpaba desde los primeros momentos.

En el hall toca posturear: ver y dejarnos ver. Emulando el siglo XIX que vivió el compositor. Alguna pamela lució cierta dama, despistada creo yo por las horas de la representación y el recinto a cubierto. Fue la nota de color e imagino de trastorno para quien tuviera detrás de semejante palmera.

En 1900 se estrena Tosca en Roma. Éxito rotundo para un drama intenso al que no le falta de nada: de nada de la época, quiero decir; fuga, lances, misterio, pasión y celos, tortura, más pasión, suspense y violencia, fingimiento y más pasión…hasta la muerte. Romanticismo en estado puro, en ebullición.

Me fijo que van llegado jóvenes veinteañeros de atuendo muy estival acompañados de padres y miran el vestíbulo del Teatro, observan los techos, la decoración…la ópera se acerca a públicos más amplios.

Ubicados, la expectación por el inicio se palpa: lleno casi total (el palco real, vacío).

Instantes previos, cuando ya todo “funde a negro”, se acomodan a mi derecha una pareja, atropellada: él un orangután, cayetano cincuentón barrigudo y engominado, caracolillos en la nuca y con la mascarilla mal puesta (mi hijo, con razón y sin contemplaciones, le recuerda la conveniencia de su correcto uso) acompañado de una “escort”, muy aburrida, la treintañera…

Desde el primer momento no paran de hablar: ella se distrae con el móvil (es lo que tiene la servidumbre de acompañar donde sea y a quien paga).

Sonrío y recuerdo la escena de Pretty woman en la ópera de San Francisco con una Julia Roberts llorando de emoción al escuchar La Traviata. En esta ocasión, nada de cine.

La escena en el Real está ocupada por un elenco de lujo envuelto en una carcasa escenográfica más que conveniente y muy acertada. Retablos en la iglesia de Sant’ Andrea della Valle.

Hace dos años la visité durante un viaje a Roma: también asistí a Tosca: muy vintage, poco que ver con la versión que hoy contemplamos.

Ocurre tanto y pasan tantas cosas en Tosca, que el espectador se siente atrapado en la historia, en los lamentos y desesperación, en la ilusión.

Abanico, incienso, palio y juerga eclesiástica: “lo sagrado” invita al refugio y a la prevención, a la tortura y a la salvación…

Una música rotunda, una orquesta brillante. La atmósfera que inventó, vivió e imaginó Puccini envuelve, seduce…

Necesitamos un descanso para relajar vehemencia. Y un refrigerio para continuar ,,,

Sentados en una mesa frente a un gran ventanal, majestuoso el Palacio Real: es una tarde de verano de cuento, una tarde llena de entusiasmo.

Me giro y aparecen de la nada, bueno, del lado izquierdo del salón, un grupo de personajes escapados de viñetas japonesas en modo Manga, anime o cuadrilla de samuráis que nos pasma a propios y a extraños. Por cierto, muy mal remedo del atuendo de esos personajes nipones.

Pasear por Farnese: palacio y jardines cerca de la casa museo del diseñador y amigo Enzo, donde nos alojamos. Imágenes de nuestra visita con la irrupción en escena de la tragedia que se avecina.

Tras el solo de la soprano, el público en pie rompe en aplausos vigorosos ¡¡bravo, brava!!, más aplausos (mis vecinos de la derecha no tienen manos libres para acompañar al resto; ellos, a lo suyo). Una Tosca que agradece cual diva nuestro reconocimiento y que nos premia con un bis: inefable. De llorar, de apasionamiento.

Avanza el espectáculo…volver a Roma a recorrer calles y barrios, a conversar y descubrir, a vivir e imaginar…ahí se yergue Sant’ Angelo, imponente. Fortaleza hecha terraza, testigo de lágrimas y amor. Amor más allá de la muerte.

Y la revolución “metaforizada” en una joven que en cueros se pasea por el escenario. Sube y baja escaleras. Espera y recoge un telón rojo, caído y enrojecido. Prescindible Ni sumaba ni restaba. Ni estética ni elemento rompedor. Nada. Si hoy alguien se asusta o se sorprende por ver a la protagonista de Delacroix luciendo carnes, es para hacérselo mirar.. Anécdota que no merece más comentario.

Aparecen y se desvanecen ojos humanos holografiados que atentos esperan el final. Un final que no hay otro. Es el que es. Muerte y destrucción. Tragedia en carne viva.

(Mis vecinos se van mucho antes de que acabe la acción…).

Gran labor de los regidores y el manejo excelente de una maquinaria diseñada para producciones fílmicas de altos vuelos. Estábamos en Madrid y en Roma, o en Broadway…luces, papelitos de colores del techo, confeti, esplendor instrumental.

Esto se acaba y no queremos que termine. Lloramos con Mario, nos desplomamos con él y sobre todo, acompañamos a Tosca en esa decisión libre de llegar a la eternidad. Amor omnia vincit.

Te deum, Damni colori…retumban en nuestros oídos en medio de una teatralidad extrema. Hemos sufrido y hemos disfrutado.

Sí, volver a Roma…desde a aquí en Madrid, qué buena forma de cerrar mi temporada de ópera. Ahora ya pensando en La Cenerentola.

Bajando por las escaleras, ya cerca de la salida observo que hay un grupo muy variopinto y polícromo: cresta rosada, melena fuego infernal y traje de baño con chancletas…como si se hubieran escapado del Manzanares y vinieran a merendar al Real.

Cuánto pasa en Tosca y cuántas cosas ocurren en Tosca,

Periodismo riguroso y con valores sociales
Necesitamos tu apoyo económico para seguir contando lo que otros no cuentan. Para donar haz clic en el botón "COLABORA" de abajo. Muchas gracias por tu apoyo.
Slider