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Charlotte Johannesson: una sorpresa en el Reina Sofía


Pocas sorpresas depara el museo Reina Sofía; yo voy siempre con la esperanza de que algo ha cambiado, es decir, que no me voy a confundir de entrada y salida, que no me voy a perder por las salas y que mis pasos van a ir directos a la exposición que quiero ver.

Pues no: hoy, “vuelta la burra al trigo”; pocas indicaciones para acceder al ascensor exterior, flechas diminutas para las diferentes propuestas que ofrece en estos meses dicho Centro de Arte. En fin…que conviene llevar migas como pulgarcito para no caminar metros y metros sin llegar a nuestra meta.

Pero este sábado durante mi visita veraniega y en nuestro deambular museístico, me ha sorprendido Charlotte Johannesson, una artista de 77 años, sueca, nacida en Malmö y que refleja un arte, desde mi punto de vista, curioso y algo llamativo en estos tiempos.

Nos invita a conocer “otro mundo”. El suyo plasma unas formas y figuras inquietas e inquietantes: una gran colección de cuadros y obras en las que combina modelos computacionales y labores de pretecnología; todo un elenco de tejidos, telares, texturas de lana, hilos con imágenes de ordenador, pura informática.

Un mundo muy especial. Lo digital con lo humano: caras y más caras y muchos paisajes que para apreciarlos hay que alejar el punto de visión y así atisbar perfiles y contornos en su totalidad.

Gran parte de su producción me recuerda a esas mujeres que diseñan maravillas haciendo encaje de bolillos unidas a las técnicas más vanguardistas de los programadores.

Son tapices tradicionales fotografiados o expresados de forma natural, ejemplos de creaciones antiguas con un formato adaptado a lo actual. Resulta plausible adivinar ciertas imágenes de un mundo pasado para criticar una actualidad deshumanizada. Sátira, humor y denuncia. Toda una experiencia muy reveladora…conviene tener en cuenta a esta artista, anticipadora desde hace años de una realidad que la tenemos encima.

Seguir caminando por esos pasillos del honorable y majestuoso hospital de antaño, hoy remozado y con añadidos acristalados, nos permite “remirar” el Guernica de Picasso o El gran masturbador de Dalí, y descubrir la “trilogía marroquí”, todo un viaje de colores y sonidos, incluso adentrarnos en décadas pasadas del “pensamiento perdido” alrededor de la guerra civil; la “autarquía” de los que permanecieron en nuestro país y el “exilio” de los que salieron.

Carteles, planos, cuadros, figuras e imágenes: parece que las paredes hablan y hasta gritan. Cuánto historia, cuántos años, revivirla para no olvidar todo lo que aconteció en España y fuera de ella: materia y materiales, enjundia y sustancia, ética y estética. Sin colas de espera: en agosto la cultura también se relaja, como nuestros ánimos, y los visitantes se echan de menos. Hay menos agobio y más calor.

El Reina Sofía en esta mañana sabatina atiende a los turistas y abre sus puertas a un arte contemporáneo que avanza por momentos y por corrientes, influencias y artistas…uno nunca sabe si comprende lo que ve o ve lo que comprende; el subjetivismo a flor de piel y la sorpresa casi siempre; indiferencia casi nunca. Opiniones para todos los gustos.

Al salir, la sensación de ver lo acostumbrado entre las novedades cambiantes.

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