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Fatima Daas y el orgullo de romper clichés con la literatura


  • Escrito por María Díaz Valderrama
  • Publicado en Cultura

Con 24 años, Fatima Daas descubrió el lado oscuro de la fama. Su primer libro, "La hija pequeña", sobre la dificultad de conjugar sus identidades como hija de inmigrantes, lesbiana y musulmana, la puso en el foco de la discriminación de las élites.

"Me preguntaban: '¿Quién te ha ayudado a escribir?". No son muchos los escritores noveles que pueden presumir de haber alcanzado el éxito: alemán, inglés, italiano, sueco o turco son algunas de las traducciones en marcha, y ahora acaba de ser publicada en español por la editorial Cabaret Voltaire.

Daas (Saint-Germain-en-Laye, 1995) llega a la entrevista con EFE con una sudadera ancha de Nike, unos pantalones caídos y una cadena gruesa de plata que le cubre todo el pecho y que la ha acompañado en el último año en entrevistas por los platós, donde ha tenido que justificarse por algunas polémicas que le pillaron de nuevas.

Tuvo que explicarse, por ejemplo, por decir que en el islam -como en el judaísmo o el catolicismo- la homosexualidad es un pecado. La acusaron de homófoba y trataron de convertirla, muy a su pesar, en la portavoz de las lesbianas musulmanas de Francia.

Por si no fuera poco, muchos se sorprendieron de que no hubiera renunciado a su fe. "Uno se pasa dos años escribiendo para que al final sólo se hable del tema. Para mí la escritura no es eso. Si escribo es para explorar, para observar y plantear preguntas, no para dar respuestas", dice Daas.

Su trabajo le valió pronto el respaldo de algunos pesos pesados de las letras francesas, como Virginie Despentes, que la comparó con el Roland Barthes o el François Mauriac de Clichy-sous-Bois, su ciudad de la periferia parisina, conocida tristemente por disturbios y pobreza.

A golpe de frases cortas que lanza como puñetazos, Daas -nombre ficticio- habla de construirse en medio de la dificultad.

De un padre violento, de un despertar sexual que no entendía, de tratar de ser la hija modélica, la alumna perfecta y la musulmana ideal... pese a descubrir muy pronto su homosexualidad.

Un conjunto de identidades que comparte con la protagonista de su libro y que quiere que cohabiten en ella en la vida real, aunque no a todos les guste: confiesa que es más difícil ser aceptada como lesbiana y musulmana en ciertos círculos progresistas, que ser ella misma en Clichy-sous-Bois.

"LA VERGÜENZA ME HA LLEVADO A ESCRIBIR"

"Me llegaron a preguntar si me habían ayudado a escribir el libro. Esta pregunta no se la hacen a cualquiera", lamenta. Tras la publicación, algunas de aquellas cuestiones la hicieron sentir como una impostora.

"'Eres demasiado joven para haber publicado un primer libro de éxito, demasiado 'mora' para escribir; ¿qué pasa cuando vuelves a Clichy?'.

¡Pero si yo no me he ido! ¿Uno tiene que abandonar el lugar del que viene por tener un cierto prestigio? A la gente le da igual, son respetuosos. Como mucho me hacen una broma y me dicen que si ahora voy de estrella", dice entre risas.

Un año después del lanzamiento de su libro, ha asumido que éste "molesta" porque Daas no quiere ser portavoz de nadie, porque no quiere renunciar a ser quién es ni encarnar la imagen del éxito para los jóvenes de la "banlieue".

Su libro, señala, es un grito de libertad y ha dado a muchos ganas de liberarse también a través de la escritura. Daas sigue luchando contra el sentimiento de vergüenza que la acompaña desde pequeña: la vergüenza de no sentirse en su sitio, de ser de Clichy-sous-Bois, de no ser la buena chica o de cometer una falta en francés.

"Mi padre es analfabeto y mi madre no trabajaba. Con 10 años mentía y decía que eran comerciantes porque había interiorizado que se aprovechaban del sistema. Me daba vergüenza decir que hablaban árabe por si pensaban que yo no hablaba bien francés; si tenía una falta creía que me iban a decir que no estaba en mi país", rememora.

Aún con muchas preguntas en la cabeza y muchas ganas de escribir -cuando la promoción le dé una tregua-, Daas habla con orgullo de esta vergüenza que la ha llevado a escribir y sabe que ahora será más fácil asumirse: "Sé por qué escribo, y no es para que me digan: 'Lo has hecho bien'".