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El niño que llora, de Bruno Amadio


Hoy traemos a nuestro comentario un cuadro intrigante de un pintor más intrigante aún: Bruno Amadio, conocido también como Giovanni Brangolín (pseudónimo con el que firmaba sus cuadros), o “El pintor maldito”.

La Historia del Arte está repleta de obras a las que les persigue ciertas supersticiones, pero ninguna, qué duda cabe, como la serie de niños (y niñas) llorando de este pintor italiano.

Nacido en Venecia en 1911, poco se conoce de la vida de Amadio. De formación pictórica academicista, se sabe de su cohesión con el movimiento Futurista de Marinetti. Vinculado políticamente al fascismo, luchó como soldado en la Segunda guerra mundial. Es entonces, según algunos especialistas, que se encontraría con el dolor y la penuria de la infancia asolada por los desastres bélicos, lo que tendría gran repercusión es la temática de su obra, y sería el origen de la necesidad de plasmarlo en la serie de niños llorando.

Terminada la guerra se traslada a España. Primero a Sevilla y luego a Madrid, quizá por vínculos creados con el régimen de Franco. Viviría en España hasta los años 70’s cuando se trasladaría de nuevo a Italia, concretamente a Padua, en donde moriría en 1981.

Es durante su estancia española cuando inicia la serie de veintisiete obras dedicadas a los niños llorando, de la que forma parte el cuadro que comentamos, El niño que llora, que es uno de los más conocidos. Todos ellos están firmados ya con el pseudónimo de Giovanni Brangolin.

El niño que llora muestra un retrato (como casi todos seriados) de medio cuerpo de un infante de entre dos y tres años, de pelo rubio y brillantes ojos azules; las facciones de querubín, angelicales, anegadas por las lágrimas que corren por sus mejillas. El rostro enmarcado por una profunda tristeza, por una pena interior que se escapa al llanto común que se suele encontrar en niños de tan corta edad, cuyas lágrimas responden a hambre, miedo, o frustración (la consabida pataleta). En este caso el rostro emana sobre todo soledad, una gran sensación de soledad, de orfandad. Porque eso es lo que es, el retrato de un huérfano que con su mirada parece suplicar al espectador ayuda. Un foco de luz ilumina de izquierda a derecha el rostro, delineado con precisión, apreciándose la maestría en las encarnaciones. Tras la figura no hay perspectiva, nada más que un fondo plano, para resaltar el rostro del pequeño, que no puede por menos que conmovernos al contemplarlo.

Fue tal la popularidad de este y de estos retratos infantiles de Amadio que se hicieron miles de reproducciones a partir de 1970, siendo tremendamente popular en Chile.

Pero, repentinamente, y a partir de los años ochenta una leyenda empezó a flotar alrededor de los niños llorones: esos cuadros estaban malditos. De hecho se llegó a decir (incluso por bomberos) que eran los causantes de incendios, encontrándolos intactos entre las cenizas. También que eran transmisores de mala suerte a sus poseedores, ya que las obras estaban impregnadas del dolor y la pena causadas por el pintor a sus modelos para captar de esa manera tan real sus lágrimas. Por no hablar de cierto pacto con el Diablo por parte de Amadio para que sus obras triunfaran.

Poco a poco los cuadros de los niños llorando se dejaron de reproducir, aunque permanece ese halo de misterio en torno a los originales que quedan en circulación, y a los que se les sigue imputando cierta carga de “malditos” como a su pintor.

¿Tal vez, querido lector, posees uno de ellos?

Elena Muñoz Echeverría es licenciada en Historia del Arte, gestora cultural, editora y escritora. Ha ejercido la docencia durante veinticinco años. Desde 2015 a 2019 ha sido vicepresidenta de la Asociación de Escritores de Madrid.

Autora de un blog de éxito MI VIDA EN TACONES

http://mividaentacones59.blogspot.com/

Tiene diez libros entre poesía y narrativa. En 2018 estrenó su primera obra teatral. En la actualidad acaba de publicar su quinta novela, El amante pluscuamperfecto, con Ediciones Ondina.

Actualmente es concejala de Desarrollo económico y empleo de Rivas Vaciamadrid.

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