Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Mucha gimnasia “en silencio” en los Teatros del Canal


Carmen Werner. Carmen Werner.

La cultura es, la mayoría de ocasiones, cosa de mujeres. Asistir a espectáculos culturales, quiero decir, aunque no solo. Somos un público culto, entusiasta y fiel. Nos gusta acudir al teatro, al ballet, a los conciertos…

Sobre todo es propio de las féminas, parece, un domingo por la tarde en un puente de octubre, aunque no solo. Entre el auditorio, algunos hípsters, amigos muy de dos en dos, amigas muy modernas y muchas melenas canosas: se lleva el plata natural en la cabellera de la mayoría de talluditas.

En los teatros del Canal, Carmen Werner nos enseña que el silencio resulta un valor en alza, necesario. Muchas palabras no son buenas, hacen ruido e impiden la comunicación y la expresión de afectos y sentimientos.

Así que su compañía, con ella a la cabeza de la misma como protagonista, pretende plasmar el alcance de la esencia misma, sin tapujos ni capas que distorsionan las relaciones humanas más genuinas.

Premiada por su gran carrera, de una pedagogía con mucho calibre, ha destacado siempre por su apoyo a los jóvenes bailarines; sorprende su puesta en escena. Muy simple, poca luz, confeti y serpentinas en el suelo, después de la fiesta de nochevieja.

Un nuevo año, personajes que se mueven al compás de la música que suena de un aparato de radio, ritmos y contorsiones, palabras susurradas, sillas dispuestas para acoger a los participantes del cotillón, copas de champán que danzan en las manos, mínima escenografía, algo de teatro y mucha gimnasia.

La base del ballet moderno radica en la composición clásica y se descubre con cierta facilidad. Lo que más llama la atención es la huella del canon, los mimbres de otras épocas que siguen funcionando dentro de la modernidad o posmodernidad dirán algunos. Me ha costado seguir el hilo narrativo, -quizá ni lo hay- trasunto del silencio que desea bailar, que bailan con denodado esfuerzo y solvencia. Momentos de transición y pausa, en los 50 minutos de actuación, existe cierta inquietud de qué va a pasar o igual no tiene que pasar nada. El tiempo se diluye como los pases y los pasos de los bailarines.

Hay cierto ajetreo y oscilaciones de mayor y menor interés y tensión. Los desplazamientos por el escenario parecen exhibiciones de ejercicios trabajados y repetidos para que nada quede oscuro.

No he conseguido implicarme en lo que veía. Tengo la sensación de anáfora muscular, muletillas corporales que se reanudaban incansablemente.

Quizá la innovación en el arte consiste en el sentido repetitivo de un estribillo, de una melodía a lo largo de los diferentes pasajes.

Aplaudo el buen propósito de la danza que crea la coreógrafa y lo bienintencionada de la representación…a mí me ha faltado algo nuevo, cierto apasionamiento e imaginación y me han sobrado minutos.

Como Carmen Werner asegura, cada espectador puede extraer su propia lectura. Interesante afirmación. Estética, concepto, baile, palabra y… silencio.

Periodismo riguroso y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider