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Si Lorca levantara la cabeza…El abrecartas en el Real


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Como en la vida, en la ópera, no todo vale. No vale todo. Cualquier cosa no es ópera.

Y mucho menos conviene permitir ni consentir que la cultura sea disuasoria. Pero lo que se ha visto estos últimos días en el Teatro Real invitaba a la huida del público sin pensárselo dos veces. Y una vez fuera del recinto, decidir si darse al trago o ingerir un tubo de optalidones de los de antes.

Entre la música de Luis de Pablo y el texto trufado de la novela homónima de Vicente Molina Foix, vaya tarde que nos han dado… (y me consta que no ha sido la única, sino que la tónica dominante es la que hoy describo).

El público (en gran parte), ni corto ni perezoso, se ha dejado oír, perdón, ni eso, ha tomado las de Villadiego, y pies para qué os quiero, ha abandonado el local: la melodía sin melodía, el dodecafonismo reinante, las síncopas asincopadas, el ritmo en pura arritmia, las voces sólidas y muy bien proyectadas, a su bola, sin pentagrama ni compás facilitando que el cerebro colapsara.

Es lo que tiene la… ¿música contemporánea? ¡Qué razón! tienen quienes afirman que otros vendrán y bueno te harán: recuerdo algunos títulos y las críticas que recibieron en el mismo Real las óperas Bomarzo o Moises y Aaron … (Pura delicia y elegancia al lado de la actual El abrecartas).

Del montaje y de la escenografía…aburrido y monótona, sin recursos originales salvo la llamativa aparición de un conjunto de figuras simbólicas a modo de sueño surrealista, quizá, que lucen en technicolor unos minutos en el escenario, dominado por bloques monolíticos que se mueven bajo luminotecnia sin contrastes.

Desfilan escritores de la generación del 27 como si de una clase de Literatura se tratara: Federico rutilante y el resto fagocitando a su alrededor: tal fue su atractivo. En un Madrid apto para francachelas, bailes y escapadas nocturnas, diálogos con Vicente Aleixandre y añoranzas de Miguel Hernández. Retazos de vidas y obras en los años treinta de la preguerra y luego durante el conflicto cainita para desembocar en el franquismo. Recitados, gritos, lamentos y quejíos en un desconcierto sin descanso.

Un despropósito y un desvarío. Estridencias por doquier. Desafuero de letra, destarifo general. Pretendida poesía dramática y drama poético sin lograr. Pasodoble, nanas, sones militares, intertextos. Todo muy turbio, todo muy ambiguo. Este sábado ha sido la última función y me viene bien para reflexionar sobre este género artístico tan de puristas, tan de esnobs, tan de frikis…

Con ejemplos como el de hoy, las personas que sientan un mínimo interés por acercarse a la ópera, huyen de estampida; eso de que la música amansa a las fieras en estos tiempos tan belicosos, pierde total sentido, a quien escucha El abrecartas le chirrían los tímpanos y le provoca una inquietud malsana difícil de aplacar.

Hay un tenor que dijo más o menos que si al terminar una ópera, el público no sale tarareando la melodía, es que no ha valido la pena asistir ni escucharla.

Pues eso: después de una hora y media de este ruido, aventuro que nadie ha salmodiado ni la más mínima de las corcheas (si las había, que lo dudo).

El Teatro Real debería ser un foco atractivo que anime e incentive la difusión de la cultura, de la ópera. Insisto, de la ópera, no de cualquier cosa.

Si Lorca levantara la cabeza…

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

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