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Michelle Betancourt y Fernanda Echeverría: promesas cinematográficas en alza


  • Escrito por Julio Martínez
  • Publicado en Cultura
(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

Son muy jóvenes, pero están sobradamente preparadas. Tienen formación, ilusión y ganas. Por ello, todos los especialistas les auguran un prometedor futuro por delante. Nos referimos a las actrices mexicanas Fernanda Echeverría y Michelle Betancourt, que han encarnado los papeles protagonistas de «Celeste Soledad», una película de Álex Argüelles que acaba de ser estrenada en la 37ª edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), Jalisco (México). Se trata de una historia que habla del duelo que sufren dos hermanas tras la muerte –inesperada– de sus padres. Cada una de las protagonistas gestionará esta circunstancia de manera muy diferente, lo que hace más interesante –si cabe– la trama del filme. Por ello, desde El Obrero hemos querido conversar con las intérpretes principales de la obra, para que nos cuenten sus reflexiones en torno a la labor que han realizado.

¿Cómo ha sido el trabajo de ambas durante el rodaje? ¿De qué manera alcanzaron la complicidad que se observa en pantalla?

Fernanda: Hay varios factores que lo explican. El primero es que el director de «Celeste Soledad», Álex Argüelles, es mi primo. Por tanto, desde que yo tenía 15 años y él 17, contábamos con el sueño de trabajar juntos. Y, al final, se ha cumplido. Además, los dos somos atormentados y sensibles, unas características que conjugamos muy bien en esta película.

En segundo lugar, mi relación con el personaje de Celeste fue –también– muy complicada, porque es vivir un duelo «mal llevado» (entre comillas) de un proceso tan fuerte como es la muerte de tus padres. La protagonista lo sufre desde la evasión.

Y, en tercer plano, está mi relación con Michelle [Betancourt] y su personaje –Soledad–. Antes de la película, Mich[elle] y yo no nos conocíamos personalmente. Pero cuando comenzamos a ensayar para el filme, Álex [Argüelles, el director] se puso un poco nervioso y nos decía que no podíamos entablar una relación de gran amistad, ya que la historia caminaba por el trayecto opuesto. Pero, al mismo tiempo, nosotras le respondíamos que éramos actrices y, por tanto, profesionales. De hecho, necesitábamos hablar mucho entre Michelle y yo, con el fin de conocernos mejor [debido a que representaban a dos hermanas]. Fuimos muy comprometidas con nuestro trabajo, algo que se acabó observado en la pantalla.

Yendo a la película, Soledad [encarnada por Michelle Betancourt] es la que sufre, la que se enfrenta –con una transgresión de la realidad– a lo que está ocurriendo. Deja paso al llanto y al dolor desde el primer momento. Una actitud que, además, se ve acompañada por la esquizofrenia que padece. En cambio, Celeste [interpretada por Fernanda Echeverría] adopta una postura diferente. Se va de vacaciones, de fiesta, no llega a dormir, no llora…

Sin embargo, a mí, en muchas ocasiones, al representar a Celeste, el director me tuvo que frenar, porque me empezaba a conmover. Me recordaba que no era el papel que tenía que hacer. No tenía que llorar en pantalla. Lo que mi personaje debía transmitir era un bloqueo emocional.

¿Qué es lo que llevó a Celeste, al final de la película, a externalizar ese llanto?

Fernanda: Se dio cuenta que no iba a volver a ver nunca más a sus padres. Y que, además, sólo tenía a su hermana. Una dura realidad de la que fue consciente al ver el retrato que Soledad había realizado de sus progenitores…

Para usted, Michelle, ¿qué fue lo más difícil a la hora de interpretar el personaje de Soledad?

Michelle: [Piensa unos segundos] ¡Híjole! Muchas cosas. Su complejidad se encontraba en la expresión del dolor que estaba atravesando por la muerte de sus padres. Algo que, además, iba acompañado por la transgresión de la realidad que sufría debido a la esquizofrenia que padecía.

De hecho, en este papel subyacía tanto una carga psicológica como una física. No en vano, existen muchas escenas en las que Soledad se encuentra corriendo o escondiéndose, por lo que hacer las tomas y representar al personaje era un «maratón de acrobacia emocional».

Desde su punto de vista, Michelle, ¿cómo fue esa evolución de su personaje en la última escena de la película?

Michelle: En ese momento, uno agradece tener un director que te dé orientaciones, como es el caso de Álex Argüelles. Recuerdo que cuando filmamos la secuencia, me conmovió mucho ver a Fernanda Echeverría [en el papel de Celeste]. De hecho, estas sensaciones se sellaron en el abrazo entre ambas, como una forma de finalizar el desencuentro existente entre los dos personajes. En este contexto, se me llenaron los ojos de lágrimas, y el propio Álex [el director] fue el que me dijo que ese no era el momento para que Soledad llorara…

Además, con Fernanda [Echeverría] tuve una gran empatía. Hemos construido una relación muy especial, que transciende a la pantalla y en la que existe mucha química. Entonces, ha de ser el director –desde fuera– el que recuerde el papel que debemos realizar en cada secuencia, de acuerdo a la historia que se está relatando en la película.

Gran parte de «Celeste Soledad» se encuentra rodada en Ciudad de México. ¿Cómo es grabar una película en un lugar tan «loco» como la capital mexicana?

Fernanda: [Ríe] Creo que debe ser una pesadilla para los sonidistas. Sobre todo, cuando se rueda en exteriores, porque es una ciudad que no se calla. En cualquier caso, la totalidad de las escenas de Celeste en CDMX transcurren dentro de la casa. No así las de Soledad, quien sí sale a pasear por los exteriores. De todos modos, Coyoacán [la Alcaldía del sur de CDMX donde se rodó el filme] es hermoso y accesible. Es rápido llegar y trasladarse por el lugar.

Michelle: La vivienda donde se desarrolla la película es un espacio muy amplio y un personaje en sí mismo. Pero, de todos modos, era un emplazamiento muy cómodo. Lo complicado fue la «puesta en cámara». También hicimos varias tomas en el «pesero» [pequeños autobuses urbanos de México que siempre van repletos de pasajeros], lo que unido a que las calles que atravesamos estaban llenas de baches, convirtió el rodaje en todo un reto.

Ahora, «Celeste Soledad» se encuentra en promoción. ¿Qué recorrido van a hacer?

Fernanda: Lo que nos corresponde es dar a conocer el trabajo en los perfiles de redes sociales y en foros especializados, como certámenes cinematográficos. De hecho, el filme se ha estrenado en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), que este año ha cumplido su 37ª edición. Además, vamos a asistir a Puerto Vallarta, donde –también– se desarrolla una cita de estas características. Al mismo tiempo, hemos de estar muy atentos y dispuestos a ver cuál va a ser el siguiente recorrido en Ciudad de México y en otros Estados mexicanos.

Michelle: El futuro todavía es un poco incierto, pero esperamos poder participar en más festivales. E, incluso, anhelamos que haya alguna distribuidora y/o plataforma de contenidos que se interese en el trabajo.

Ustedes proceden del teatro. ¿Cómo fue dar el paso al cine y, más concretamente, a «Celeste Soledad»?

Fernanda: Personalmente, vengo de una familia muy vinculada con la interpretación, por lo que tuve el privilegio de conocer –desde pequeña– este mundo. Es cierto que yo estudié otra carrera universitaria –Diseño Gráfico–, pero me di cuenta que mi verdadera pasión era el teatro, que lo considero la verdadera formación de la actriz que anhelo ser. Por ello, este ámbito y el cinematográfico tendrían que tener una relación cada vez mayor, porque deben aprender mucho el uno del otro. En mi caso, me comenzaron a invitar a participar como intérprete en cortometrajes estudiantiles y, en este contexto, desarrollé el lenguaje del cine. Así, me involucré progresivamente en el Séptimo Arte.

En este sentido, el teatro y lo cinematográfico, ¿se están dando la espalda el uno al otro?

Fernanda: Noto que en México se hace muy buen cine y muy buen teatro, pero las personas que realizan películas –al final– acuden poco a las obras teatrales. Sin embargo, y al mismo tiempo, observo que los actores sí que consumen bastantes películas. Por ello, se debe estimular la comunicación entre ambos mundos. Nos necesitamos mutuamente y una mayor relación nos permitiría crecer como industria…

Michelle: Yo estudié teatro en la Universidad Autónoma de México (UNAM). Salí en busca de esta disciplina. Empero, y a pesar de que la UNAM posee escuelas en ambos ámbitos, no se tocan entre ellos. Y es algo en lo que se debería trabajar, que se establezca un puente entre ambos mundos.

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