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Viena muestra el arte de Nuku, que convierte plástico en deidades maoríes


  • Escrito por Jesús Calero
  • Publicado en Cultura
(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Los arrecifes y deidades maoríes del Pacífico Sur se convierten, bajo las manos del escultor maorí George Nuku, en obras de arte hechas con el plástico recuperado del mar que invitan al visitante a replantearse su relación con los residuos.

Bajo el título "Océanos.Colecciones.Reflexiones", el etnológico Weltmuseum (Museo del Mundo) de Viena ofrece hasta el próximo 9 de octubre una amplia exposición de originales piezas de este artista que estima imposible erradicar por completo el plástico.

Paralelamente, el cercano "Templo de Teseo" de la capital austríaca presenta una colección de criaturas marinas que tiene como objetivo pronosticar el estado de los océanos en los próximos 100 años.

En la creación de sus obras, 170 activistas por el clima ayudaron a Nuku a recoger los residuos, moldearlos y pintar las esculturas marinas.

HIJOS DEL PLÁSTICO

Las criaturas mitológicas de Nuku funcionan como interlocutor entre los visitantes y las aporías del progreso, insinúa Reinhard Blumauer, comisario de la exposición.

"Erradicar por completo el plástico forma parte de la agenda de los países más avanzados, pero es imposible para millones de personas que dependen de él para almacenar agua potable en botellas en otras partes del mundo. Lo que sí que podemos cambiar es cómo nos relacionamos con el plástico", explica Blumauer.

Creadas con residuos reciclados y material de sus exposiciones anteriores, las deidades maoríes esculpidas en poliestireno tienen invitan a contemplar el plástico "como un tesoro cultural antes que como basura", explica Nuku a Efe.

"Los monstruos (del consumo) son peligrosos y no se pueden arrinconar, debemos entenderlos. El plástico puede decirnos mucho de nosotros mismos y reflexionar sobre él podría llegar a salvarnos", indica el escultor maorí.

Para este artista, las mutaciones del entorno marino son inevitables y no tienen nada de artificial. Con los combustibles fósiles, que en su visión son "el veneno del espíritu de los organismos que habitaron la tierra", dice entablar un diálogo a través del arte.

"El plástico que corre hoy por nuestros ecosistemas y nuestra sangre es una parte inevitable de nuestros avances. Lo que debemos hacer es cambiar nuestra relación con los residuos, deshacernos de la cultura del consumo de usar y tirar", afirma Nuku.

A principios de 2022, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF en inglés) vaticinó que para el año 2040, la proliferación de los residuos plásticos afectará a una extensión oceánica dos veces y media mayor que la isla de Groenlandia.

UNA HIDRA DE SEIS CABEZAS

La muestra está dividida en seis salas, cada una de un color diferente, y una temática propia: el océano, las expediciones científicas coloniales en Nueva Zelanda, la relación del hombre con la naturaleza, la emancipación del pueblo maorí y el inframundo.

En la primera, bautizada como "Gran Azul", una ballena gigante de poliestireno preside el espacio, ambientado por una grabación en la que se escucha a Nuku cantar en honor a Tangaloa, dios maorí de los mares.

Aquí Nuku combina sus figuras de plástico con objetos maoríes de madera que pertenecen a la colección del Weltmuseum, formando una canoa que, sin el plástico entre medias, no estaría completa. Para terminarla, el escultor talló el cuerpo de la balsa con plástico e incorporó dos figuras en su interior.

"George intenta aumentar la percepción del valor del plástico para que dejemos de esparcirlo por el océano. Para él, como maorí, la contaminación también es sagrada, al formar parte del mundo" explica Blumauer a Efe al llegar a la sala verde, dedicada a las relaciones entre el hombre y la naturaleza.

La del inframundo, pintada por completo de negro, es la parte central de la exhibición. En ella se encuentra un "Mokomokai", una cabeza indígena disecada que los maoríes guardaban como trofeos de guerra, una pieza perteneciente asimismo al museo.

"La exposición es un cuerpo, y esta sala es el corazón. Es una representación del inframundo, pero también de la oscuridad del fondo de los océanos y del vientre materno, que en maorí también significa 'cosmos'", señala Nuku.

LAS HUELLAS DEL COLONIALISMO

Entre las excursiones europeas a Nueva Zelanda, la colección destaca la expedición de Novara realizada por los austríacos en 1857.

Las buenas relaciones entre los locales y los exploradores austríacos propiciaron la primera llegada de los maoríes a Europa, concretamente a Austria, donde dos de ellos fueron recibidos por el emperador Francisco José I y obsequiados con una imprenta.

Según Nuku, la visita de los indígenas se convirtió en un elemento crucial para la independencia maorí, que empezó a mostrar al mundo, con esa misma imprenta, la injusticia de la invasión del Imperio Británico a través de los primeros periódicos independientes.

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