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EL PERIÓDICO
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Mercedes Peces Ayuso

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

Las flores del mal vuelven en la época del coronavirus

«Ángel lleno de salud, ¿conoces las fiebres,

Que a lo largo de los murallones pálidos del hospicio,

Como exiliados, se marchan arrastrando los pasos,

Buscando el raro sol y moviendo los labios?

Ángel pleno de salud, ¿conoces las fiebres?»

Las flores del mal, poema XLIV Reversibilidad, Charles Baudelaire.

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El Jarama y el coronavirus

«—El día que se fastidie se fastidió — contestaba Macario —. Entonces sálvese quien pueda; quiere decir que les habrá llegado a ellos y a su madre el turno las apreturas, y a bandeárselas como sea y tirar para alante. Hasta entonces no hay más narices que dar uno de sí lo que estiren las gomas de los músculos»

El Jarama, 1955, Rafael Sánchez Ferlosio

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Moby Dick y el capitán Ahab en aguas del coronavirus

«El viejo está empeñado en perseguir a esa ballena blanca, y este diablo trata de enredarle y hacer que le dé a cambio su reloj de plata, o su alma, o algo parecido, y entonces él le entregará a Moby Dick»

Moby Dick, Herman Melville

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Don Juan Tenorio y don Coronavirus

«Llamé al cielo, y no me oyó.

Mas, si sus puertas me cierra,

de mis pasos en la Tierra

responda el cielo, no yo»

Don Juan Tenorio, José Zorrilla y Moral

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El gatopardo y el coronavirus

«Nosotros fuimos los gatopardos, los leones. Quienes nos sustituyan serán chacalitos y hienas, y todos, gatopardos, chacales y ovejas, continuaremos creyéndonos la sal de la tierra»

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La colmena, las vidas entrelazadas y el coronavirus

«La historia tiene ya el número de páginas suficientes para enseñarnos dos cosas: que jamás los poderosos coincidieron con los mejores, y que jamás la política (contra todas las apariencias) fue tejida por los políticos (meros canalizadores de la inercia histórica)»

La colmena, Camilo José Cela.

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Maquiavelo, el príncipe y el coronavirus

«Las injusticias se deben hacer todas a la vez a fin de que, por probarlas menos, hagan menos daño, mientras que los favores deben hacerse poco a poco con el objetivo de que se aprecien mejor»

El príncipe, Nicolás de Maquiavelo

Qué pena que Maquiavelo sea hoy en día sinónimo de astucia torticera y engaño doloso, cuando sus enseñanzas están llenas de sensatez y conocimiento real y verdadero de la naturaleza humana. Allá por 1553, ya fallecido el autor, en la Roma de los poderosos Medici, se publica este tratado de política y filosofía moderna en italiano, que se entienda bien, una obra polémica que defiende, y que define, el Estado moderno, mientras deja en pañales a los políticos que tenemos, ellos que siguen creyendo estar en principados acotados a los que no llega el clamor popular.

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Niebla y coronavirus

«Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. Y la vida es esto, la niebla. La vida es una nebulosa»

Niebla, Miguel de Unamuno

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Greguerías y coronavirus

«Un tumulto es un bulto que le sale a las multitudes»

«El camello tiene cara de cordero jorobado»

Greguerías, Ramón Gómez de la Serna1

Toda la sabiduría de este gran vanguardista y trasgresor cultural de la Generación de 1914 se concentra en el choque entre ingenio de artista y realidad para conseguir, mediante la simbiosis del humorismo y la metáfora, una greguería, más sinóptica aún si cabe que un haiku, pues solo consta de una frase, con el que comparte el deseo de provocar asombro y emoción; don Ramón hizo de la greguería algo con categoría de género literario que vino a enriquecer el acervo de la imaginería poética de principios de s. XX y que deberíamos rescatar en los albores de este amargado s. XXI. Una greguería es arte de vida que huele y transpira bullicio y algarabía. Todo eso que hemos perdido.

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Cañas y barro en el coronavirus

«Él era como el pastor de la leyenda: había acariciado de pequeña a la serpiente, la había alimentado, prestándola hasta el calor de su cuerpo, y al volver de la guerra asombrábase viéndola grande, Poderosa, embellecida por el tiempo, mientras ella se le enroscaba con un abrazo fatal, causándole la muerte con sus caricias»

Cañas y barro, Vicente Blasco Ibáñez

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El cuervo y el coronavirus

«Y el cuervo nunca emprendió el vuelo.


Aún sigue posado, aún sigue posado


en el pálido busto de Palas.


en el dintel de la puerta de mi cuarto»

El cuervo, Edgar Allan Poe

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El viejo y el mar del coronavirus

«Debiste haber traído muchas cosas, pensó. Pero ahora no es tiempo de pensar en lo que no hiciste. Piensa en lo que puedes hacer con lo que tienes aquí».

El viejo y el mar, Ernest Hemingway

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Ana Karenina asoma por el coronavirus

«El respeto lo han inventado para llenar un vacío donde debiera estar el amor». Ana Karenina, León Tolstói

La entrega femenina, abierta y generosa, a un amor reprobado por la sociedad es uno de los grandes temas recurrentes de finales del s. XIX, que arranca en 1857 con Mme. Bovary y continua con Ana Karenina (1878), La Regenta (1884) y Effi Briest (1895), por poner otros ejemplos clásicos de unos amores adúlteros cuyo precio terminan pagando muy caro sus protagonistas, algo que parecía estar ya superado. Craso error, como sabemos. Me comentaba un amigo que durante el confinamiento había aumentado de forma abrumadora la cantidad de mujeres con pareja que se apuntaban a redes sociales de citas, lo cual bajó notablemente cuando la vida volvió a la ‘normalidad’, y él lo achacaba al aburrimiento de la vida marital y las horas de encierro en casa. Se le olvidó mencionar cuántos hombres hacen lo mismo sin que eso mismo le sonara raro.

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Matadero 5, coronavirus 6

«Billy se dejaba guiar por el miedo y por la falta de miedo. El miedo le decía cuándo debía detenerse. La falta de miedo le decía cuándo debía seguir adelante». Matadero 5 o La cruzada de los niños, Kurt Vonnegut

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El retrato de Dorian Grey ante el coronavirus

«Para poner a prueba la realidad, hemos de verla en la cuerda floja. Cuando las verdades se hacen acróbatas podemos juzgarlas».

El retrato de Dorian Grey, Oscar Wilde

…O cuando la imagen no se corresponde con lo que ves y los deseos son escuchados y llevados al extremo de la presunción exacerbada traspasada por la vanitas y el fin es la tragedia y la vuelta del decadentismo.

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El corsario y el coronavirus

«Él ha legado un nombre a las edades que la virtud de amor tan solo adorne y que mil faltas maldecidas manchen»

El corsario, Lord Byron

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Rayuela y el juego del coronavirus

«Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos». Rayuela, Julio Cortázar

He aquí la novela mágica inclasificable que puede ser leída y entendida de múltiples maneras. Para mí, su mejor cronopio, entendido por Cortázar como un dibujo fuera del margen, un poema sin rimas, aunque también tiene el diseño de un mandala con la esperanza de dar paz en la reflexión de sus múltiples lecturas.

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El licenciado Vidriera y la locura del coronavirus

«Por amor de Dios que no hagáis que el seguirme sea perseguirme, y que lo que alcancé por loco, que es el sustento, lo pierda por cuerdo». El licenciado Vidriera, Novelas ejemplares, Miguel de Cervantes Saavedra

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Nada y todo coronavirus

«La vida volvía a ser solitaria para mí, como era algo que parecía no tener remedio, la tomé con resignación». Nada, Carmen Laforet

En la nada acogedora posguerra española, Andrea se enfrenta a sus 18 años a la vida asfixiante de su familia y a la libertad de la universidad de Barcelona. Una muchacha pasiva, casi infeliz, que posiblemente había leído en profundidad a Simone de Beauvoir desde la perspectiva de su autora de 23 años cargada de existencialismo y reflexión en soledad. La tristeza que destilan sus páginas se ha vuelto lema en estos tiempos de aislamiento e incertidumbre en una sociedad desvinculada y azotada por la melancolía de la inexistencia y la falta de asideros sólidos a los que agarrarse para no sentir la carencia absoluta del ser, que es una de las definiciones que da la RAE para el sustantivo ‘nada’.

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