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EL PERIÓDICO
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Mercedes Peces Ayuso

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

El nadador atravesando las aguas del coronavirus

Cuando un Neddy Merrill, o un Burt Lancaster en su mejor versión, decide aprovechar su perfecta jornada de domingo para volver a su casa nadando los 13 km de distancia atravesando las piscinas de sus amigos y conocidos, no sabe que su periplo será más duro que la odisea del que no volverá a su casa en años.

  • Publicado en Cultura

El ruido y la furia del coronavirus en el condado de Yoknapatwpha…

…o en cualquier hogar bajo la laureada corona del virus.

¿De cuántas moradas no estamos, pared con pared, siendo testigos de ruidos, sonidos y furias? ¿Qué narración no resulta insoportable desde la intensidad del que la está viviendo? Como en cada familia, la misma historia narrada por sus miembros contiene la semilla de un nuevo cuento para los mismos hechos que comparten cada día. A veces, la televisión nos asoma a la de alguien con niños pequeños, otras son habitadas por mayores, a menudo se dan ambas juntas. Los niños, todos Benjis, se quejan una y otra vez de un confinamiento que no pueden entender, porque son insensibles a la cronología y al trascurso causal de los sucesos, solo registran los hechos sin poder atribuirles un fin. Para los adultos, la cosa cambia, y mucho. Obligados a convivir 24 horas entre sí, se abren todas las puertas para que formalicen un amor o un divorcio. También son tiempos propicios para los secretos de familia, las intensas depresiones y los diferentes estados mentales, algunos de ellos propensos a la locura. Nos hace falta la Dilsey de Faulkner que aglutine y vire el barco familiar hacia puerto seguro, que sea la mirada que conecte a la familia de nuevo con el exterior, antes de que se pierda en sus propios y profundos pozos de soledad y decadencia.

  • Publicado en Cultura

El coronel no tiene quién le escriba sobre el coronavirus

Ni yo tampoco, quizá por eso soy yo quien hoy escribe por los dos.

Seguimos esperando que el Gobierno nos alivie, el dinero y la comida empiezan a escasear y apenas salimos de casa. No podemos, no nos dejan. Dicen que hay un virus como la gripe pero mucho más peligroso y a las personas con asma, como yo, las lleva directamente al hospital, un enorme edificio donde te curas o te mueres sola y de ahí a la tumba, sin más ceremonia que los lloros y lamentos de quienes te han querido bien, pero a los que no les está permitido darte el último adiós con la ceremonia debida. Tristes tiempos vivimos. Tristes aún más si cabe para los mayores que llevamos toda la vida de servicio y pasándolas canutas para ver que nuestro final se reduce al miedo y la desolación de estar solos en nuestras casas, eso con suerte, o en un limbo geriátrico en el que intentaremos sobrevivir a este nuevo ángel exterminador.

  • Publicado en Cultura

La de Bringas o el coronavirus de la hipocresía

Doña Rosalía es perfecta para representar aquí el paradigma del quiero y no puedo. La alegoría carnosa y encarnada de la indignidad y la miseria a la que muchos hogares españoles se están viendo sometidos en estas semanas de confinamiento. Pero la de Bringas es también esa que sale en la pantalla, la que vemos a todas horas, la matrona gritona, pija, cotilla, clasista y ambiciosa detrás de cada visillo y monitor. La voz de lo correcto y lo incorrecto, la súbdita complaciente de los de siempre, porque aunque no importe en absoluto, hay que seguir rindiendo pleitesía a las modas y modismos bobos de las bellezas hinchadas de fotoshop. La galería manda.

  • Publicado en Cultura

La insoportable levedad del ser coronavirus

Si algo nos ha traído la literatura es una ingente capacidad para transmutar y reflejar múltiples obras maestras en la cotidianeidad de nuestro vivir. Y ahora, más que nunca, en un ambiente ficticio, embrujado, rodeado, aureolado y dibujado por el coronavirus, todos vivimos en una borrachera de irrealidad que en parte nos aligera y nos debilita, en un ansia profunda por compartir la soledad impuesta y por romper el aislamiento para siempre.

  • Publicado en Cultura

Bola de sebo y de coronavirus

«La delgada capa de pudor que barniza a toda mujer de sociedad no recubre sino la superficie», Bola de sebo, Guy de Maupassant

He aquí que ella, Bola de sebo, encarna la metáfora más cruda de la condición humana en su versión más descarnada y desenmascara absolutamente una sociedad resumida en un carruaje de apenas 10 ocupantes, arquetipos de indolencia y sumisión, burgueses y patriotas bien pensantes y feroces críticos de lo mismo que pretenden, ella que está en medio de todos, dando sin recibir, generosa, y sensible a las penas de los otros, siempre mal pagada en su renuncia. La figura despreciada por los mismos que la utilizan y prostituyen sin la menor repulsa.

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Bélver Yin del país del coronavirus

De pronto, 39 años después, este libro ha dado otra vuelta de tuerca hacia el dragón chino. Un regreso a la comparativa del espejo, el gemelismo sietemesino que nos acompañará durante los próximos meses acunando la teoría del eterno retorno, pero ya empezando a percibir las cosas de manera diferente, más por lo que intuimos que por lo que vivimos. A causa y efecto del coronavirus chino.

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Elsa von Freytag-Loringhoven: dadaísta y protomadre del punk

Vino al mundo el 12 de julio de 1874 en Swinemünde, Pomerania, actualmente Polonia, como Elsa Hildegard Plötz, hija de la pianista Ida Marie Kleist y Adolf Plötz una figura patriarcal que abuso de ella física y verbalmente, lo que marcará su futuro. Por eso, cuando a sus 18 años falleció su madre, escapa del yugo paterno yéndose a vivir con una tía a Berlín. Meses antes su madre había dicho: «He malcriado a Elsa a propósito, para que siempre sepa a qué tiene derecho». Y Elsa aprende bien. A los 19 años descubre la noche y su peligro hermoso, empieza a trabajar en un cabaret donde es contratada para hacer de estatua griega, posa para artistas del lugar y ejerce la prostitución con soberana libertad. A los 22 años ha leído a San Agustín, a Novalis, a Goethe, a Flaubert y a Hölderlin y en su abanderamiento de la libertad sexual ya acumula un bello expediente de gonorrea y sífilis que le tratan con mercurio. Lo que a cualquier humano devastaría por dentro, a Elsa le da una vida extra. Estos años de cabaretera le otorgan la pátina necesaria para asumir una existencia libertaria, sin dios ni amo.

Berlin Alexanderplatz vacía por coronavirus

Qué lejos de aquel 1928 cuando la plaza hervía de vida. Biberkopf pululando de nuevo en libertad listo para su nueva vida de promesas, alardes y fechorías. Y ahora, casi un siglo después, se siente tan vacía…

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El coronavirus a través del espejo

«Cuando el día se convierte en noche y el cielo se convierte en mar, cuando el reloj suena pesado y no hay tiempo para el té. Y en nuestra hora más oscura, antes de mi rima final, ella regresará a casa en el País de las Maravillas y hará retroceder las manos del tiempo»

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Aurora Rodríguez: Pigmalión desbocada

El Ferrol, 23 de abril de 1879, Ciempozuelos, 28 de diciembre de 1955

Teórica del feminismo de los años 30. Militante del PSOE desde 1928 aunque terminará mal con el partido. Reformadora social y sexual. Mente brillante pero retorcida.

Florence Foster Jenkins la mejor peor soprano del mundo

Que Florence era una optimista redomada, veía la vida en rosa, poseía un elevadísimo (y equivocado) concepto de sí misma o era una excéntrica a la cual le resbalaba todo, son afirmaciones no excluyentes y que muy probablemente se apliquen a la perfección a esta maravillosa mujer que aun cantando tal mal provocaba tanta ternura. Las claves están en que ella misma se consideraba un auténtico talento y que era una enamorada de la música, con buenas dotes pianísticas pero, aunque para su desgracia con una voz destrozona. Y si no que se lo pregunten al aria de la Reina de la Noche de la Flauta Mágica de Mozart (por favor no os lo perdáis: https://www.youtube.com/watch?v=V6ubiUIxbWE).

Loïe Fuller. La bailarina eléctrica o la gran ilusionista escénica

He aquí que se presenta la bailarina-no bailarina, vestida con una túnica de seda blanca de varios metros, la crisálida anunciando una mariposa cuyas alas van moviéndose al son de la música y cambiando de color según el ritmo que impone Loïe en su danza serpentina, mudable, abrupta, coloreada, sintética y sincrética, en los albores del XIX parisino de la Belle Epoque...

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