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EL PERIÓDICO
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Los otros “semidioses” de la pantalla


Rescatamos una breve columna periodística reivindicativa de quienes detrás de las cámaras hacía en los años treinta, y también ahora, como siempre, que hubiese y haya cine, y que parecen olvidados:

“Existen en los estudios otros semidioses, que no son ni estrellas, ni di. rectores, ni productores, ni operadores. Se habla de ellos muy poco; peno, a veces, san más importantes que el resto de los que intervienen en las cosas de la pantalla; más importantes, pese a lo humilde de su indumentaria. Estos semidioses, que conservan una digna reserva y que, por algún pacto secreto con el mismísimo demonio, tienen el don de ubicuidad, se llaman: encargado del almacén, fotógrafo, decorador, jefe del negociado de búsquedas..., y tantos otros que ni ellos saben cómo se llaman.

En un gran estudio, el encargado del almacén es un hombrecillo que parece un portero y que va de un sitio a otro. Lleva una especie de morrión en bandolera; y de este morrión saca, al menor requerimiento, una pastilla de jabón, un silbato, una alhaja, un juguete..., un objeto de esos imprevistos que, en un momento dado, pueden ser indispensables. Tan indispensables como el callo de esta anécdota que nos han narrado.

A Marie Dressler le hacía falta un callo en el pie derecho. No se había pensado en ello. ¿Se iba, por tan insignificante falta, a suspender la sesión ya comenzada?... Acudieron al encargado del almacén, y éste, prontamente, sacó un callo de su morrión: algodón en rama, cuero y goma. En un segundo, la artista pudo quejarse del callo que no tenía.

En cuanto al servicio de búsquedas, podemos decir que quien no lo conozca no puede aventurarse en sus locales sin correr el riesgo de volverse loco. ¡Hay que oír las preguntas y dos encargos que allí se escuchan! “Dibújeme un decorado de “cabaret” en 1950.” “¿Qué clase de cerrojos empleaban en la época de Luis XIV?” “Facilíteme una palabra de cuatro sílabas capaz de designar dulcemente a la muerte.” “¿En qué día exactamente nació Charles Dickens?”... Nada más. Y los peluqueros, los sastres. Los especialistas del sonido: ruido de tormenta, de tempestad marina... ¿Y los bomberos?... Un verdadero ejército que no hubiera desdeñado Napoleón, y que, sin embargo, no reciben nunca ni uno sólo de los aplausos con que a menudo se premia una patada en la espinilla dada por Stan Laurel, por ejemplo.”

Fuente: El Socialista, número 7171, de 31 de enero de 1931.