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El socialismo y el nacionalismo catalán conservador en 1917: la opinión de Antonio López Baeza

En este trabajo aportamos un material sobre la opinión de Antonio López Baeza, sobre la realidad del nacionalismo catalán a principios de 1917, en los inicios de un año importante en la triple crisis que sufrió el país: militar, política y socioeconómica.

En el número 2.810 de El Socialista, del lunes 29 de enero de 1917, Antonio López Baeza publicó un artículo, titulado “La política regionalista”, que planteaba la opinión de este periodista socialista sobre el nacionalismo catalán, en el momento que la Lliga Regionalista estaba adquiriendo un gran protagonismo.

Gracias a la información que aporta el Diccionario Biográfico del Socialismo Español sabemos que el madrileño Antonio López Baeza fue un periodista socialista fundamental en la segunda década del XX. Ingresó en la Agrupación Socialista Madrileña en el año 1912, representando a diferentes Agrupaciones en distintos Congresos del PSOE, así como a la Escuela Nueva, a la que perteneció, y que fue uno de los experimentos educativos socialistas más interesantes. También fue miembro de la UGT, y un destacado masón. Como periodista colaboró activamente en España Nueva, La Internacional, El Sol, La Voz, El Socialista, y dirigió “El Trabajo”, órgano oficial de los albañiles ugetistas madrileños. En el Partido desempeñó altas responsabilidades, ya que fue elegido vocal de la Comisión Ejecutiva en 1920, responsabilidad en la que se mantuvo hasta el año siguiente. Fue elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid en 1920, por el distrito de La Latina. En la crisis del socialismo español a raíz de la Revolución Rusa, optó por la causa comunista, al defender la pertenencia a la Tercera Internacional, saliéndose del PSOE. Murió en la carretera de El Pardo en julio de 1936.

El artículo en cuestión fue escrito a propósito de sendos mítines de Francesc Cambó y Joan Ventosa, los dos destacados líderes de la Lliga Regionalista, en Bilbao y Valencia, respectivamente. Antonio López comenzaba caracterizando al primero como uno de los representantes más destacados y capacitados del capitalismo español, mientras que consideraba que el segundo era más un cualificado representante del liberalismo moderno, como había demostrado en una reciente votación parlamentaria en la que se había ausentado cuando la Lliga decidió votar junto con la derecha sobre la subida del salario de los párrocos rurales.

Según nuestro protagonista, se evidenciaban diferencias en los discursos de ambos políticos. En principio, Cambó estaría muy preocupado por incorporar a sus planteamientos a toda la burguesía española. Su viaje a Bilbao no iba encaminado a defender la causa nacionalista en sí, sino a buscar el apoyo “de una clase determinada, la capitalista”, a sus planteamientos. Por su parte, Ventosa había intentado dirigirse a todo el pueblo. No es que no defendiese los intereses burgueses, pero había procurado incluirlos en los más generales.

Establecidas las diferencias del discurso político, López Baeza se preguntaba si eso significaba que las ideas y procedimientos entre ambos líderes del catalanismo eran incompatibles o no. No habría tal contradicción porque la Lliga encarnaba el espíritu nacionalista catalán y burgués, es decir, el periodista socialista explicaba la naturaleza de este partido y de sus líderes, sus dos almas o preocupaciones, de una manera clara. Además, señalaba que el nacionalismo burgués de estos políticos era esencialmente superior al estrictamente español. Sin aludirlo estaba explicando el programa de la Lliga condensado en el lema “Una Cataluña grande, en una España grande”.

El periodista realizó en su artículo una interpretación del nacionalismo catalán conservador harto interesante porque consideraba que tenía una serie de virtudes políticas innegables, en contraposición a la derecha española, El nacionalismo catalán era un enemigo político evidente para el socialismo porque propugnaba unas ideas económicas, como su negativa a que se gravasen los beneficios extraordinarios, que suscitaban el odio, pero no el desprecio, y animaban a la lucha política, pero no al desaliento ni al escepticismo, males contrarios al intenso valor que tenía la política para un socialista, siempre según nuestro protagonista. Era un enemigo que daba la cara, que no se escondía en subterfugios, representando intereses burgueses no anticuados sino modernos La Lliga defendería un programa económico capitalista, a través de Cambó, y un planteamiento nacional general, a través de Ventosa. La Lliga planteaba una alternativa a la penosa realidad española, mencionando la influencia de la guerra de Marruecos, que era, de perfil burgués, pero, que tenía un nivel muy superior al modelo representado por el ya desgastado turnismo, defendido en ese momento por los “Romanones y Datos”, representantes de los caducos partidos dinásticos. La Lliga era un partido burgués superior a los demás, incluidos, en alusión a los dinásticos, a los que defendían un carácter universal frente al exclusivismo del primero, pero que se sustentaban en bases caciquiles. El periodista insistía en que era el nacionalismo catalán un enemigo, pero un enemigo siempre preferible por su claridad, frente “proceder hipócrita, la cobardía emboscada”.

La estrategia política del nacionalismo catalán conservador había generado, como es sabido, y señalaba el articulista, intensas polémicas entre la opinión pública. Los socialistas no habían estado al margen. Habían organizado una serie de conferencias sobre el “problema catalán” en la Escuela Nueva. El propio Cambó había sido invitado a la Casa del Pueblo de Madrid para que expusiese sus ideas, que serían rebatidas, entre otros, por Fabra i Ribas. También se aludía en el artículo el debate en la Federación Catalana sobre el catalán, pero, sobre todo la bibliografía publicada sobre el nacionalismo, demostrando un gran conocimiento de la cuestión. En este sentido, aludía, fundamentalmente al libro de Ballester Soto, El microbio separatista, del año 1916, donde se lanzaba toda una diatriba contra el catalanismo. Antonio López analiza dicha obra, cuyo tono no es de su agrado porque no realizaba una crítica serena al catalanismo, pero le parecía interesante porque aportaba documentación fundamental para conocer la política de los catalanistas, aunque eso no significaba que criticase con dureza algunos de ellos, como el Catecismo Catalanista de Prat de la Riba. No olvidemos nunca la intensa lejanía socialista hacia las ideas y sentimientos de raíz nacionalista. Para López, la encendida publicación anticatalanista era muy útil por lo que apuntábamos, pero debía leerse con cuidado, sin dejarse llevar por las afirmaciones de su autor, aunque tampoco por las ideas nacionalistas.

El artículo terminaba con un comentario sobre la estrategia política de los catalanistas en las Cortes. Según el periodista los nacionalistas catalanes preferían que no se legislara a que se legislara mal, pero no habrían sabido impedir todo lo malo que se había hecho, y habían posibilitado que “no se aprobase algo de lo medianamente orientado que presentaba el Gobierno”, lo que había sido negativo. Pero, por otro lado, estaban contribuyendo a cambiar favorablemente las costumbres parlamentarias españolas por potenciar las discusiones económicas de una forma que el pueblo podía entender, sin la vieja retórica, rompiendo los “moldes de la vieja política”.

Los socialistas debían combatir políticamente a los nacionalistas catalanes, pero éstos habían generado algo muy positivo: la necesidad de prepararse mejor para el enfrentamiento político porque habían elevado el nivel del debate y dado modernidad a la política. En este sentido, comprobamos cómo López era consciente de algo que los historiadores han constatado. La Lliga Regionalista fue uno de los primeros partidos modernos en Cataluña y España en el comienzo del siglo XX por su organización y forma de actuar en política, frente a los partidos dinásticos.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.