Quantcast
HEMEROTECA
             SUSCRÍBETE
ÚNETE A EL OBRERO

La formación profesional. II. De la ilustración a la Ley Moyano

Todo por el pueblo pero sin el pueblo, (autor desconocido). Parece que esta frase resume el sentir y el hacer de los ilustrados de la segunda mitad del siglo XVIII en España.

El Conde de Aranda, Campomanes, Pablo de Olavide o Manuel Santos Rubín de Celis, vieron la necesidad de que toda la población española elevara su nivel cultural, de cara a los acontecimientos que se vislumbraban en el horizonte. Para ello disuadieron a Carlos III de que promulgara la Real Cédula de 12 de Julio de 1781, que podría ser considerada el primer intento, en todos los reinos de las Españas, de establecer un sistema homogéneo de formación para toda la población, incluidas las niñas.

Entre las medidas que adoptaron también estuvo, unos años antes, el establecimiento y dotación en cada capital de provincia de una escuela de diseño, un maestro de fabricar telares, un tornero, un maquinista y un maestro o catedrático de matemáticas, para la formación de aprendices en los oficios elementales, porque lo que hasta entonces había no era más que la sombra de una educación gremial muy deteriorada.

Este podría ser considerado el primer intento de creación de una Formación Profesional moderna.

La repercusión de estas medidas no dio tiempo a que fueran muchas, porque los acontecimientos posteriores no lo permitieron, y el más grave de ellos la invasión francesa y todas sus secuelas sobradamente conocidas.

La Constitución de Cádiz de 1812 pudo ser una buena oportunidad para retomar la educación de toda la población pues establecía, entre otros, en el artículo 366 del Título IX, dedicado en exclusiva a la educación:

En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, a escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprenhenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles.

Desarrollando la Norma General, D. Manuel José Quintana, elaboró en 1814 el Informe del mismo nombre, en él se establecían los principios básicos que determinaban la Educación como:

Universal, Uniforme, Pública, Gratuita en la primera enseñanza y libre.

Pero el deseado y nefasto rey Fernando VII se encargó de abolirla, junto al resto de la Constitución, nada más llegar a estos sus dominios y no fue hasta el trienio liberal, con el general Riego a la cabeza, que se pudo publicar el reglamento General de Instrucción Pública de 1821, en el que se retomaba el Informe Quintana con algunas modificaciones.

El sistema Educativo se divide en Primera, segunda y tercera enseñanza.

Se regula la enseñanza pública y privada.

Se determina la gratuidad de la enseñanza.

Tampoco en esta ocasión se pudieron hacer efectivas tan necesarias normas porque entre 1823 y 1833 se conocerá como la “década ominosa”, con la vuelta al antiguo régimen y todos sus usos y costumbres.

Muere Fernando VII, se suceden las regencias de Mª Cristina y Espartero, sube al trono Isabel II pero en el ámbito de la educación se producen pocos cambios. Sin embargo cabe destacar los intentos del Duque de Rivas en 1836 y el Plan Pidal en 1845, que no fueron de gran ayuda para los que más lo necesitaban.

Entre 1854 y 1856 tiene lugar el Bienio Progresista y en 1857, cuando D. Claudio Moyano era Ministro de Fomento se promulga la Ley de Instrucción Pública, que tendrá un amplio consenso porque recogerá buena parte de los contenidos de los intentos anteriores.

Con todo lo visto parecería que el acceso a la educación era algo generalizado, nada más lejos de la realidad, el índice de analfabetismo estaba en torno al 90 % , la industrialización no acababa de instalarse, España seguía siendo mayoritariamente agrícola y los niños y niñas de la época tenían que pertenecer a una familia que no pasaran apuros económicos para completar sus estudios, aunque fueran primarios, hasta los 10 años y además los maestros estaban mal pagados.

El resto de la población, los más pobres, los que más lo necesitaban, además de no poder permitírselo, en muchos casos ni siquiera veían la necesidad y mucho menos las niñas.

Bibliografía:

Ramos Oliveira A. Un drama histórico incomparable. España 1808 – 1939, Pamplona, Navarra (España), (2017)

Ruiz Berrio J. La educación del Pueblo Español en el proyecto de los Ilustrados, Universidad de Oviedo.

Aramayola Alonso G. Aproximación al trabajo infantil en España. 1832 – 1939, (2011)

Campillo Frutos S. Evolución histórica de la formación Profesional y las exigencias del mercado de trabajo, de educar en el 2000, (2003)

Montero Alcaide A. Una ley centenaria: la ley de Instrucción pública (Ley Moyano, 1857).

Dávila Balsera P, María Naya Garméndia L. y Murua Cartón H. La formación Profesional en la España contemporánea: políticas, agentes e instituciones, Universidad del País Vasco (2013)

Constitución de Cádiz de 1812.

Aprendiz, Instalador Eléctrico, Ingeniero Técnico Industrial, Máster en Materiales Estructurales y Profesor Técnico de Formación Profesional.

Desde 2012 colaborando en el Grupo de Trabajo de la Secretaría de Educación del PSOE en Madrid.