LA ZURDA

La formación profesional. III. De la Ley Moyano a final del siglo XIX

La Ley Moyano de 1857, además de estructurar las enseñanzas generales regladas, configuró los estudios profesionales superiores, como los Ingenieros de Caminos Canales y Puertos o los Ingenieros de Segunda que lo habían hecho en 1850. También estableció los llamados Estudios de Aplicación a las Profesiones Industriales, que venían después de los Estudios Generales y eran en realidad el acceso a los Estudios Técnicos Profesionales, ya que con ellos se podía acceder a las Ingenierías.

El discurrir de los años ha demostrado la longevidad de esta Ley, que estuvo vigente con sus modificaciones hasta 1970 (Ley Villar Palasí).

Los Estudios de Aplicación tuvieron poco recorrido, porque lo que en realidad querían los padres de estos jóvenes estudiantes, era que sus vástagos accedieran al bachillerato de artes y a esto habría que añadir que quien se podía permitir estos estudios eran familias de clase media y alta, no con la intención de que sus hijos se convirtieran en obreros cualificados.

Por tanto los estudios de aplicación fueron sustituidos en pocos años por las Escuelas de Artes y Oficios, que empezaron a implantarse en la década de los años 70 del siglo XIX y aún perviven hoy día, convenientemente adaptadas, una buena cantidad de ellas.

Estas escuelas sirvieron para adecuar la Formación Profesional a las necesidades locales y sociales de su entorno, además de cubrir un hueco en este tipo de formación, como eran los Maestros de Taller, Contramaestres, Maquinistas o Artesanos.

Las órdenes religiosas estuvieron bien atentas para situarse en primera línea de esta actividad educativa, siempre acompañada de su apostolado, ya en 1881 fundan los Salesianos de Utrera en Sevilla y en 1883 los también Salesianos de Sárria en Barcelona. Los Salesianos, La Salle o Los maristas se dedicaron preferente a la población masculina y Las Hijas de La Caridad a la femenina.

Los obreros del último cuarto del siglo XIX podían ser: jornaleros en las tierras de los burgueses, proletarios en las fábricas o, los más afortunados, mancebos o aprendices en comercios y talleres.

La edad a la que solían empezar a trabajar unos y otros era entre 7 y 10 años y representaban el 15 % de la fuerza laboral entre mujeres, niños y niñas. Todo ello debido al estado de extrema pobreza que sufrían sus familias a pesar de trabajar todos.

La primera ley que reguló el trabajo infantil en España se publicó en 1873 (Ley Benot), que establecía en 10 años la edad mínima de incorporación al trabajo. Los menores de 13 años en los niños y 14 en las niñas no podían superar una jornada diaria de 5 horas. La jornada podía ser de 8 horas para los niños hasta 17 años y las niñas hasta 15 años.

Su aplicación fue muy escasa, valga un ejemplo:

“La España Textil” de Barcelona era quizá la fábrica más importante de España en 1868, con 1530 empleados y fue considerada modélica en su trato a sus empleados. Pues bien, en ese mismo año había en esta fábrica 16 niños y 18 niñas menores de 10 años. 124 varones y 411 hembras de 10 a 20 años. Es decir que el 37,5 % eran menores.

En el sector minero se mantenía la prohibición de trabajo a menores de 10 años, aunque se rebajaba hasta los 9 años si acreditaban saber leer y escribir, mediante certificado del párroco y el alcalde.

Esta situación se mantuvo hasta 1900, año en que salió a la luz la Ley Dato, con mayores repercusiones.

Bibliografía consultada:

Ramos Oliveira A. Un drama histórico incomparable. España 1808 – 1939, Pamplona, Navarra (España), (2017)

Ruiz Berrio J. La educación del Pueblo Español en el proyecto de los Ilustrados, Universidad de Oviedo.

Aramayola Alonso G. Aproximación al trabajo infantil en España. 1832 – 1939, (2011)

Campillo Frutos S. Evolución histórica de la formación Profesional y las exigencias del mercado de trabajo, de educar en el 2000, (2003)

Montero Alcaide A. Una ley centenaria: la ley de Instrucción pública (Ley Moyano, 1857).

Dávila Balsera P, María Naya Garméndia L. y Murua Cartón H. La formación Profesional en la España contemporánea: políticas, agentes e instituciones, Universidad del País Vasco (2013)

Aprendiz, Instalador Eléctrico, Ingeniero Técnico Industrial, Máster en Materiales Estructurales y Profesor Técnico de Formación Profesional.

Desde 2012 colaborando en el Grupo de Trabajo de la Secretaría de Educación del PSOE en Madrid.