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La formación profesional. V. La FP. en el Franquismo

A Franco y a los franquistas cuando acaba la guerra civil en 1939, lo que menos les preocupaba era que las escuelas recuperasen el pulso o que la formación que recibieran los alumnos fuera de calidad, lo realmente importante para ellos era que tanto alumnos como profesores, fueran adeptos al régimen recién instaurado y que el miedo a su dios y sus sicarios fuera tan grande que “aquí no se moviera ni dios”.

La represión fue tan brutal que hoy día, diciembre de 2019, aún perviven secuelas de aquellos actos y uno de los colectivos más perseguidos fue el de los maestros y maestras republicanos. Todos aquellos docentes que ejercieron durante la República y defendieron sus ideales fueron separados de la docencia, cuando no encarcelados o asesinados, bajo la acusación de “desafectos al régimen”.

Cuando los niños y niñas llegaban a la escuela, antes de entrar se formaba por filas y columnas, se igualaban las distancias con el brazo y a la voz de ¡firmes! Todos permanecían quietos, en silencio, con cada profesor al frente de su clase. En los centros religiosos, que eran la mayoría, se asistían a misa y a continuación se entraba en clase, con el crucifijo y los retratos de Franco y Jose Antonio a ambos lados del mismo, presidiendo la estancia. Todos permanecían en pie y cantaban el “cara al sol”. Solo después de estos rituales empezaba la clase.

Durante el periodo 1939 – 1951 apenas se crean escuelas públicas. La ley de enseñanza primaria de 17 de julio de 1945 estaba basada en la primacía de la religión sobre cualquier otro componente, y en la necesidad de inculcar en los niños la excelencia de la Patria. Nace la escuela nacional-católica.

Durante casi 20 años, entre 1939 y 1959, la dictadura franquista ensayó una autarquía a ultranza, en lo económico y un aislamiento internacional impuesto en lo político. Esta situación dio lugar a que España fuera, junto con Portugal, los países más pobres de Europa, al mismo tiempo que profundizaban en la represión contra todo y todos los que no comulgaran con sus ideas y planteamientos.

Pero centrémonos en la Formación Profesional.

El nuevo régimen montó su particular estructura, sin derogar la Ley que la regulaba desde 1928, para ello creó en 1940 la “Obra Sindical de Formación Profesional” poniendo a la cabeza a los falangistas y otorgando su ejecución a órdenes religiosas, como los Salesianos para las enseñanzas básicas y medias y los Jesuitas para las superiores.

El “buque insignia” de la Institución Sindical fue en Madrid el reconvertido Centro Virgen de la Paloma, que venía funcionando desde 1910 como Colegio- Asilo, dependiente del Ayuntamiento. Junto a este lo fueron también el Virgen de la Merced en Barcelona y el Virgen del Pilar en Zaragoza.

Estos centros y otros de menor entidad implantaron programas de corte fascista, con una carga profunda de proselitismo religioso, pero que en el aspecto de las enseñanzas técnicas resultaron eficaces, pues pretendían y en parte lo consiguieron, formar profesionales que metieran al País en la deseada industrialización.

La Ley Orgánica de Formación Profesional Industrial, de 20 de julio de 1955 (B.O.E. del 2 de julio), define a la Formación Profesional, en su capítulo primero, como «la rama de la educación que tiene por finalidad esencial la adecuada preparación del trabajador cualificado en las diversas actividades laborales de la industria», para lo que adopta la denominación de ‘Industrial’ en un sentido amplio.

En los años cincuenta se registró un cambio importante en la política económica y como consecuencia más inmediata, el Estado comenzó a intervenir en el sistema educativo: aparecen los primeros planes de construcciones escolares (1953), la reforma y expansión del Bachillerato Elemental, de las enseñanzas técnicas, etc. Así, en 1955, y tras un periodo en el transcurso del cual la formación profesional se halló relegada a un segundo plano –de hecho puede considerarse que el periodo comprendido desde 1928 hasta el surgimiento de la Ley de 1955, incluyendo la mención a la Ley de Bases de la Enseñanza Media y Profesional de 1949, «lejos de significar la consolidación de la Formación Profesional, suponen más bien su olvido».

Los redactores de la Ley son conscientes del nuevo contexto establecido en torno a las necesidades que la industria española precisa. Así, su preámbulo está cargado de referencias al “creciente desarrollo industrial” y la consiguiente necesidad de poder contar con una mano de obra diestra y especializada.

Después de algunos retoques en su desarrollo, la estructura de los estudios queda como sigue:

— La fase de Pre-Aprendizaje, de dos años de duración, desde los doce años, con intencionalidad propedéutica, creada a fin de proporcionar al alumnado los conocimientos elementales que le permitan entrar a la siguiente fase.

— La fase de Aprendizaje tiene tres años de duración, a partir de la edad mínima de 14 años. Otorga el título de Oficialía Industrial. Dentro de la FPI se indica, en el Artículo 8, que el Aprendizaje tiene por objeto «el conocimiento elemental, teórico y práctico, de una profesión u oficio industrial». En el capítulo 40 se vuelve a insistir en la idea de que el periodo de aprendizaje comprendería las enseñanzas técnicas y prácticas concernientes a los fundamentos científicos, tecnológicos, gráficos y manuales indispensables para el aprendizaje de los oficios básicos industriales y de las diversas especialidades propias de cada uno de ellos.

— La fase de Maestría tiene dos años de duración. Para acceder a este nivel es necesario poseer el título de Oficialía Industrial, otorgándose, al final de estos estudios, el título de Maestría Industrial. Al maestro industrial, tras un periodo de rodaje en la empresa, se le considera como un profesional que actuaba en la misma como mando intermedio. Según la Ley, el maestro industrial ha de conocer el manejo, estructura interna y adecuada utilización de todas y cada una de las máquinas y herramientas que constituyen la sección de trabajo de la empresa en la que desarrolla su tarea profesional; debe estar también capacitado para distribuir el trabajo entre los distintos operarios y asimismo debe poseer ideas claras acerca de la organización de la empresa. — Se descubre, a través de los datos, cómo más de la mitad del alumnado, mayoritariamente masculino, de las 12 ramas existentes, seguía la rama del Metal, quizá por la tradición que pesaba en este país sobre esta modalidad en concreto: puede afirmarse que la participación en la rama del Metal y de la Electricidad llegan a ocupar hasta un 83 % de toda la matrícula.

Otro aspecto que la ley planteó, pero que no siempre se consiguió fue la interrelación del centro educativo con la empresa, sin olvidar la importante carga horaria de talleres y laboratorios en el propio centro docente.

Aunque en 1970 se publica la Ley General de Educación, en la que se contemplaba también la Formación Profesional, la ley de 1955 se estuvo aplicando, a efectos prácticos, hasta el final del franquismo, ( quien escribe terminó Maestría Industrial en 1974).

Bibliografía consultada:

Martinez Usarralde M.J. Historia de la Formación Profesional en España, Universitat de Valencia, (2002)

Campillo Frutos S. Evolución histórica de la formación Profesional y las exigencias del mercado de trabajo, de educar en el 2000, (2003)

Dávila Balsera P, María Naya Garméndia L. y Murua Cartón H. La formación Profesional en la España contemporánea: políticas, agentes e instituciones, Universidad del País Vasco (2013)

Federación de Enseñanza de CCOO en Andalucía, Temas para la Educación, nº 5 – noviembre de 2009

Aprendiz, Instalador Eléctrico, Ingeniero Técnico Industrial, Máster en Materiales Estructurales y Profesor Técnico de Formación Profesional.

Desde 2012 colaborando en el Grupo de Trabajo de la Secretaría de Educación del PSOE en Madrid.