LA ZURDA

El discurso de Ramsay MacDonald en enero de 1924 en el Albert Hall de Londres ante la inminente llegada al Gobierno

Las elecciones de diciembre de 1923 dieron la victoria a los conservadores, pero sin los suficientes diputados para poder formar un gobierno estable, frente a laboristas y liberales. Eso provocaría que Ramsay MacDonald pudiera acceder al poder con el apoyo liberal, aunque el gobierno no duraría mucho tiempo, ya que en octubre se convocaron unas nuevas elecciones. En todo caso, era la primera vez que un laborista se encargaba de formar gobierno en el Reino Unido y eso repercutió de forma evidente en la izquierda europea, incluido el PSOE, que siguió muy de cerca todo el proceso político que llevó al laborismo al gobierno, un interés que siguió durante todos los años veinte, en los que el laborismo se consolidó como uno de los pilares del sistema de partidos británico, desbancando a los liberales. Nosotros, por nuestra parte, estamos estudiando este seguimiento, especialmente a través de El Socialista.

En este artículo analizamos uno de los discursos más importantes de la Historia del laborismo y del Reino Unido, días antes del acceso al poder, y que se pronunció en un acto grandioso en el Albert Hall de Londres el 8 de enero de 1924.

El mitin, ante diez mil asistentes, fue protagonizado por MacDonald, Clynes, J.H. Thomas, Margaret Bonfield, Robert Smillie y George Lansbury.

Del discurso de MacDonald, que consideraba que muy pronto iban a ser llamados los laboristas al poder, como así ocurrió, nos interesan las líneas generales que planteó sobre la política a adoptar por el Gobierno, pero, antes, importa destacar varias cuestiones de su discurso:

1. No se quería el poder para preparar unas elecciones generales. Se accedía al poder para realizar una labor. Como es sabido, el Gobierno no pudo durar ni un año y hubo que convocar elecciones en el otoño.

2. Si el capital huía cuando el laborismo llegase al poder los responsables serían los “provocadores del pánico” no los laboristas.

Después de estas dos consideraciones previas el líder laborista desgranó las siguientes líneas de la política a adoptar:

1. El trabajo por la paz. Europa había alcanzado la paz, pero, según su expresión, “no existe una capital en Europa que no alimente y conserve encendidas las brasas de la última guerra”, unas brasas que “a la menor brisa no prendan a todas las materias inflamables de Europa, y la guerra surgiría otra vez”.

MacDonald consideraba que los resquemores con Francia eran deplorables, es decir, debían terminar. Había que establecer, además con Francia, Italia, Rusia, Alemania, Checoslovaquia y con todos los pueblos de las naciones una relación no entre fuerzas militares rivales sino con los habitantes, que no tienen interés en enfrentarse.

Creía que la llegada al poder de un partido obrero animaría la fuerza del pacifismo.

Por eso el Gobierno británico debía trabajar por fortalecer la estructura de la Sociedad de Naciones, como el principal instrumento para lograr y afianzar la justicia internacional, que era el medio para que se diesen las condiciones para la paz entre las naciones.

Ramsay MacDonal era defensor de reconocer al gobierno ruso, dejando de vivir ajenos a la realidad rusa, un hecho que calificó de “pomposa tontería”.

Lo que importaba era el comercio. Lo que importaba era llegar a un arreglo que comprendiese “desde las costas de Japón hasta las costas de Irlanda”.

2. El paro. Ramsay MacDonald consideraba que era una prioridad. Todos deseaban que un gobierno se dedicase a solucionar este problema, ya que hasta el momento no se había hecho nada. Era la primera vez que un gobierno obrero, un ministerio obrero dirigido por hombres y mujeres experimentados en el mundo laboral y con capacidad para ponerse en el lugar de los parados y de sus familias iban a examinar el problema desde un punto de vista humano, y no necesariamente desde el punto de vista de los salarios.

3. La vivienda. De Cruzada calificó el asunto de la vivienda, ya que era un problema acuciante por las pésimas condiciones que tenían los hogares británicos. Quería convencer a las clases acomodadas de la necesidad de actuar, para luego emprender el gran esfuerzo de proveer de casas a quienes carecen de las mismas. Había que emprender, por lo tanto, una cruzada. Y para ello no se dudarían los laboristas en enfrentarse a las empresas y truts que encarecían los materiales de construcción.

En conclusión, quería un gobierno obrero para que:

“la vida de la nación pueda seguir adelante. El año 1924 no es el último en el programa divino de la creación”.

Hemos consultado el número 4664 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.