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La sindicación de las matronas en la Segunda República

La profesión de matrona es una de las más antiguas de las que se tiene constancia y la primera titulación universitaria a la que pudieron optar las mujeres españolas. Profesión sometida a diversos avatares a lo largo de su historia y que en ocasiones corrió franco riesgo de desaparecer en nuestro país, durante el siglo XIX, debido a los intereses corporativos del colectivo médico, mucho más organizado y poderoso, que se apoyaba en una consolidada estructura patriarcal de la sociedad. Fue durante este siglo cuando las matronas se dieron cuenta de la importancia que tenía unir fuerzas para luchar contra sus adversarios y conseguir mejoras laborales para el colectivo.

A diferencia de la mayoría de sus congéneres, las matronas estaban acostumbradas a desenvolverse en espacios de socialización tradicionalmente masculinos. Las podemos encontrar, por ejemplo, siendo síndicos o clasificadoras de los gremios que se organizaron durante el siglo XIX con motivo de la instauración de la contribución industrial, o bien, presentando diversas quejas colectivas ante las autoridades para mejorar sus condiciones de trabajo o formando colegios profesionales extraoficiales.

Pero sin duda fue durante la Segunda República española cuando las matronas desarrollaron más su «conciencia obrera». La expansión de las mutuas de asistencia médico-farmacéutica y la instauración del Seguro Obligatorio de Maternidad fueron artífices de la creación de diversas asociaciones y de los Colegios Oficiales de Matronas. Y, como no, de secciones propias dentro de los sindicatos mayoritarios, como la sección de matronas del Sindicato Único de Sanidad e Higiene de la CNT o el de la Agrupación de Matronas de Madrid y sus limítrofes, afecta a la UGT.

Con respecto a la fecha de creación de estas secciones solo tenemos datos fehacientes de la Agrupación de Matronas de Madrid y sus Limítrofes, afecta a la UGT. Se constituyó formalmente el 12 de junio de 1931 y tenía su domicilio social en la «Casa del Pueblo» de la calle Piamonte n.º 2 de Madrid. La agrupación llegó incluso a contar con una revista profesional propia.

Además de esta, hubo otra agrupación de matronas, ligada al Colegio Oficial de Matronas de Madrid, que apareció en el Censo Electoral Social de octubre de 1931: la Agrupación de Matronas de Sociedades. No hubo más agrupaciones de matronas del resto del territorio nacional en el Censo, lo cual era un requisito indispensable para incorporar representantes en los comités paritarios que se crearon tras la Ley de Jurados Mixtos de 27 de noviembre de 1931. En otras provincias las representantes de estos comités paritarios fueron elegidos por los colegios oficiales de matronas o de practicantes.

No ha sido posible cuantificar con exactitud el número de matronas con afiliación sindical.. La Agrupación de Matronas de la UGT tenía 84 socias en el momento de su inscripción en el registro mientras que la de Matronas de Sociedades, inscrita el 25 de abril de 1931 tenía otras 116, pero estas cifras debieron aumentar considerablemente en los años siguientes a juzgar por el contenido de los expedientes de depuración y de los juicios sumarísimos de la postguerra.

Muchas matronas se afiliaron a un partido o un sindicato llevadas por las circunstancias. Para tomar posesión de una plaza o para entrar a trabajar en algunos destinos se exigía un carnet sindical. Pero otras estuvieron realmente involucradas en los movimientos políticos y sindicales.

Entre las matronas con una mayor implicación político-sindical encontramos algunas que pertenecieron simultáneamente a las Juventudes Socialistas Unificadas y a la UGT como Mª Josefa Doménech Elizondo y Magdalena Liñán Lozano, esta última también formó parte de la directiva de la Agrupación de Mujeres Antifascistas de su provincia. Constantina Alcoceba Chicharro, «la militante más destacada de la CNT soriana», participó como oradora en diversos actos de propaganda anarcosindicalista en la provincia de Soria durante la primavera y verano de 1936. Y para terminar Soledad Ruiz Hernando, afiliada a la UGT y miembro del Partido Comunista, que perteneció a la resistencia antifranquista durante la dictadura.

Las afiliaciones sindicales fueron utilizadas como cargos únicos o como agravantes en las acusaciones que se realizaron contra muchas personas durante la represión franquista. Represión que, como es bien sabido, buscaba eliminar cualquier resto de militancia y resistencia a la dictadura. Las matronas no fueron una excepción. Fue mucho más difícil incluir como atenuante en las declaraciones juradas la supuesta obligatoriedad de estar afiliadas para trabajar cuando la afiliación era previa a la instauración de la república o si se había pertenecido además a algún partido «sospechoso». Todas las matronas señaladas y otras muchas sufrieron la represión franquista: Constantina murió en prisión, a Soledad y a Josefa les conmutaron la pena de muerte y todas ellas, junto a muchas más, pasaron un tiempo más o menos largo en prisión debido a su compromiso social.

Bibliografía

Juliá, Santos (1982). «La UGT de Madrid en los años treinta: un sindicalismo de gestión». Reis: Revista española de investigaciones sociológicas, 20: 121-154.

Nielfa Cristóbal, Gloria (2003). «Trabajo, legislación y género en la España contemporánea. Los orígenes de la legislación laboral». En: Gálvez Muñoz, Lina y Sarasúa, Carmen (coords.) ¿Privilegios o eficiencia? Mujeres y hombres en los mercados de trabajo, pp. 39-56. Alicante: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante.

Ruiz-Berdún, Dolores (2012). Desarrollo histórico de una profesión: las matronas en Madrid hasta la Guerra Civil [Tesis doctoral]. Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá.

Ruiz-Berdún, Dolores y Gomis Blanco, Alberto (2017). Compromiso social y género. La historia de las matronas en España en la Segunda República, la Guerra Civil y la Autarquía (1931-1955). Alcalá de Henares: Ayuntamiento de Alcalá de Henares.

Profesora de del área de Historia de la Ciencia en la Universidad de Alcalá. Sus líneas de investigación están centradas en los aspectos históricos y antropológicos de la atención al parto, de la obstetricia y de las profesiones sanitarias, y más específicamente de los colectivos profesionales de matronas y enfermeras.

Participante en diversos proyectos de investigación nacionales e internacionales. Es socia de la Sociedad Española de Historia de la Medicina (SEHM), de la Asociación Española de Investigación de Historia de las Mujeres (AEIHM) y vocal de la junta directiva de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas (SEHCYT), siendo también la administradora de su página web.

Ha recibido una mención por su labor docente universitaria y dos premios de investigación: el premio «María Isidra de Guzmán» del Ayuntamiento de Alcalá de Henares (2017) por el libro Compromiso social y género. La historia de las matronas en España en la Segunda República, la Guerra Civil y la Autarquía (1931-1955), y el premio «Catedra Antonio Chamorro – Alejandro Otero» de la Real Academia de Andalucía Oriental (2019) por el artículo «Matronas víctimas de la Guerra Civil española», ambos en coautoría con el profesor Alberto Gomis Blanco, catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad de Alcalá.