LA ZURDA

Un cubano progresista en la familia real española: José Güell Renté

José Güell Renté nació el 10 de septiembre de 1818 en La Habana, en el seno de una familia burguesa de origen catalán. Curso estudios de bachiller en el seminario de su ciudad natal, obteniendo el doctorado en Derecho Civil en la Universidad barcelonesa en junio de 1840. Tras volver a Cuba durante una temporada, retornó a España donde se integró en los elegantes círculos culturales de la capital, mientras recibía una pensión de su familia. Colaboró durante toda su vida en periódicos liberales, escribiendo obras de diferentes géneros como poesía, leyenda histórica, cuentos e incluso teatro. Muchas de ellas las redactó en francés y la mayoría fueron traducidas a cuatro lenguas europeas, como es el caso de sus Leyendas Americanas.

El romanticismo estaba en auge, no sólo como corriente literaria sino como modo de expresión vital, de tal manera que José Güell comenzó una relación plenamente romántica con la infanta Josefa de Borbón, prima de la reina Isabel II. Una tarde de 1847, mientras paseaba la infanta con su padre en la capital, los caballos de su coche se desbocaron y fue el poeta cubano quien los frenó. A partir de entonces, iniciaron una relación que quiso finalizar en boda, siendo testigos un joven Prim y el periodista Manuel Moreno López. El gobernador militar de Madrid, Patricio de la Escosura, impidió el enlace, apresando al novio, enviándole al castillo prisión de Santa Catalina en Cádiz.

Por entonces, el embajador británico sir Henry Bulwer, muy interesado en promover los movimientos independentistas cubanos en beneficio de Gran Bretaña, intercedió ante al gobierno por Güell. De esta manera, el diplomático inglés pensaba aumentar sus redes de influencia entre familias cubanas, como la que pertenecía el poeta.

Infatigable al desaliento, José Güell mantuvo su romántica relación con la infanta Josefa, contrayendo matrimonio católico con ella en Valladolid. Al saberlo, el general Narváez ordenó su destierro y aconsejó a Isabel II que privara de la categoría de infanta a su prima. Así se hizo, por lo que la pareja vivió desterrada durante cuatro años en Francia, donde criaron a dos hijos.

Finalmente, la reina les perdonó, devolvió los honores de infanta a su prima y aceptó su vuelta a Valladolid donde les sorprendió la revolución de 1854. En el verano de ese año se unió una revuelta cívico-militar liderada por O´Donnell y Cánovas con un movimiento revolucionario progresista, que reclamó la presidencia para Espartero. Hombre de ideas progresistas, José Güell se adhirió a la misma, siendo elegido presidente de la junta popular de la ciudad castellana, mientras su esposa se mostraba públicamente a favor del alzamiento para lograr la adhesión de la guarnición militar. Josefa de Borbón escribió a su prima Isabel II para asegurarle que la revolución no iba contra ella sino contra los políticos corruptos del Partido Moderado.

Se abrió de esa manera el periodo conocido como Bienio Progresista (1854-1856), con Espartero a la cabeza, siendo elegido Güell diputado progresista por Valladolid en las Cortes constituyentes. Las contradicciones internas del movimiento, la desunión interna y los problemas socioeconómicos motivarían el final de esta etapa política. Para evitar su disolución, varios diputados organizaron la defensa de las Cortes, poniéndose José Güell al frente del cuarto batallón de ligeros. Sus esfuerzos fueron en vano y los moderados volvieron a gobernar. Su líder, Ramón Narváez retó a duelo al diputado cubano, al haberle criticado duramente en el Congreso el año anterior. Finalmente, no se produjo el lance de honor por intervención de la reina y de los padrinos de los ofendidos, que no se pusieron de acuerdo en el arma con que batirse. Unos años más tarde, Güell escribió un ensayo comparando los reinados de Isabel I e Isabel II que le avino con su familia política. Sus hijos fueron agraciados con los títulos de marqueses de Valcarlos y Güell.

Tras la victoria de la llamada "Gloriosa Revolución", una coalición de partidos liberales aprobó la constitución democrática de 1869 y empezó a buscar un príncipe europeo que ocupara el trono español. Los Borbones se encontraban exiliados en París, donde la madre de Isabel II, María Cristina, aconsejó a su hija la abdicación en el príncipe Alfonso, lo mismo que, entre muchos, José Güell. Además, el cubano sugirió que su sobrino fuera enviado a una institución educativa en Gran Bretaña o en algún estado alemán; asimismo, aconsejó a la reina, lo mismo que María Cristina, que se reconciliara con su cuñado, el duque de Montpensier, pese a su complicidad con los revolucionarios que la habían destronado. La familia debía ofrecer una imagen de unidad ante la opinión pública.

Finalmente, Isabel II aceptó estos consejos, llegando a autorizar a Güell para que, gracias a sus contactos con el Partido Progresista, volviera a España y se entrevistara con algunos hombres fuertes del nuevo régimen. Su cuñado partió hacia Madrid, donde comunicó al regente, Serrano, y al presidente del gobierno, Prim, la abdicación, sugiriendo el nombre del príncipe Alfonso como futuro rey. Sin embargo sus esfuerzos fueron en vano, ante la negativa de ambos, por lo cual se retiró de la vida política durante una serie de años.

Finalmente, tras la breve monarquía de Amadeo I de Saboya y la Primera República, en el mes de diciembre de 1874 se produjo la restauración de los Borbones en la figura de Alfonso XII. El nuevo hombre fuerte, Cánovas del Castillo, se negó a la vuelta de sus padres y tíos, permitiéndole tan sólo la de sus hermanas a Madrid. La idea del político conservador era dejar claro a los españoles que el reinado isabelino había finalizado, así como las causas que habían llevado a su final.

Tras la promulgación de una nueva constitución en 1876, su aceptación por los liberales de Sagasta, el final de las guerras carlista y cubana, Cánovas aceptó la lenta vuelta de algunos familiares del rey. Entre ellos de José Güell que fue elegido senador por La Habana en 1879. Su esposa, la infanta Josefa, prefirió permanecer en Paris, al lado de Isabel II, hasta su muerte en 1910.

Comenzó así una nueva etapa de participación política de José Güell, uniéndose a las filas del posibilismo progresista. Desde su sillón en el Senado defendió la construcción de un nuevo edificio para la Universidad de la Habana, fundada en 1728, así como de un nuevo plan de estudios que presentó en la Cámara. Consideró necesario firmar un acuerdo comercial con Estados Unidos, facilitando la bajada de impuestos aduaneros a los productos cubanos que mayor demanda tenían como el tabaco y el azúcar. Siendo miembro de la Sociedad Abolicionista Española, abogó por una mayor libertad de prensa en Cuba, por el final de la esclavitud en la isla, proponiendo indemnizar a los esclavos liberados con algún dinero para que pudiera rehacer sus vidas, creando juntas protectoras de libertos. No resulta extraño que fuera elegido senador hasta su muerte, pues sus lazos familiares y políticos con Cuba nunca se rompieron.

Logró la mayor parte de sus objetivos políticos, salvo a concesión de una autonomía para Cuba, siendo amigo de abolicionistas, literatos y liberales como Rafael María de Labra. Falleció repentinamente el 19 de diciembre de 1884, siendo enterrado en el madrileño cementerio de San Isidro. Fue caballero de la órdenes de Carlos III e Isabel la Católica, que premiaban servicios civiles al Estado y, la segunda, actuaciones distinguidas en temas americanos.

El lector interesado en esta temática puede acudir a:

-Moral Roncal, Antonio Manuel, El infante Francisco de Paula Borbón, Madrid, Ediciones 19, 2018.

-Salcedo Olid, Manuel, Ramón María Narváez (1799-1868), Madrid, Homolegens, 2012.

-Vilches García, Jorge, Progreso y libertad: el Partido Progresista en la revolución liberal española, Madrid, Alianza, 2001.

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.