ÚNETE

Publican una guía que hace de brújula para personas sin hogar en Barcelona

  • Escrito por Marcel Vidal Calzada
  • Publicado en Crónicas

Saber dónde ducharse, dormir, comer o cambiarse de ropa no es fácil para una persona sin hogar, por eso cada año la Comunidad de San Egidio edita la que llama "Guía Michelin de los pobres", una brújula que dirige a los que duermen al raso a refugios, que, según la comunicad, escasean en Barcelona.

La Comunidad de San Egidio, formada por laicos cristianos que ofrecen un servicio voluntario de ayuda a las personas sin hogar, ha presentado hoy en la capilla de Sant Llàtzer de Barcelona la guía "Barcelona, dónde comer, dormir, lavarse. 2020" y ha aprovechado para reivindicar de nuevo la necesidad de más espacios de acogida para las personas sin hogar.

La responsable de los servicios de San Egidio, Raquel Sancho, ha cifrado en 1.500 las personas que duermen cada día a la intemperie en la capital catalana, unas 400 más en asentamientos irregulares y otras 2.000 en albergues o pisos del ayuntamiento o de entidades.

Una cincuentena de personas han asistido a la presentación de la decimosexta edición de esta "Guía Michelín de los pobres", que este año, como novedad, se puede consultar por el móvil y cuenta con código QR.

La guía recoge más de 500 direcciones de interés para las personas que viven en la calle, desde albergues para dormir, comedores sociales, centros asistenciales o centros sanitarios, además de teléfonos útiles sobre servicios públicos.

Los responsables de la comunidad han recordado a las personas sin hogar que fallecen cada año en las calles y han destacado "las complejas realidades" que implica carecer de un hogar.

"El grado de humanidad de una sociedad se mide por el trato que tiene con sus miembros más débiles", ha afirmado Sancho, que ha reclamado más lugares a los que se puedan dirigir las personas sin hogar, entre ellos espacios descentralizados en los barrios.

Aunque el editor de la guía, David Corominas, ha destacado que en los últimos 16 años se "han triplicado los espacios para dormir", ha insistido en que las plazas y los recursos son insuficientes.

Sancho ha enfatizado que de la "calle se puede salir, pero es necesaria ayuda" y que el derecho a la vivienda y un trabajo digno son factores clave para que los ciudadanos que actualmente duermen en la calle puedan salir de esta situación.

La responsable de San Egidio ha hecho cuatro reivindicaciones concretas: incrementar los espacios de acogida para dormir en la ciudad, aumentar el número de micropisos protegidos y tutelados, la apertura durante los meses de invierno de espacios dedicados a la emergencia para el frío y garantizar la gratuidad del transporte para estas personas.

En relación con la última propuesta, Sancho ha apuntado que "no hay que complicar más la vida de quien ya la tiene suficientemente complicada", y ha expuesto que la realidad de un sintecho que, al no poder pagar el precio del transporte público", se pasa todo el día recorriendo a pie la ciudad.

Al menos, con la guía pueden dirigir sus pasos a algún lugar.

La guía, que es gratuita, es una "brújula" para llevar en el bolsillo y orientarse en la ciudad, que recoge todas las indicaciones de los servicios públicos y privados indispensables, y la edición de este año incluye el servicio de la "ducha amiga".

Este nuevo servicio ha sido posible gracias al acuerdo de la Unión de Federaciones Deportivas de Cataluña (UFDC), según el cual los polideportivos de Barcelona ceden las duchas de sus clubes para las personas sin hogar.

Los miembros de San Egidio han hecho balance de su labor durante el año pasado en Barcelona: 10.000 cenas distribuidas, 250 personas encontradas cada semana en la calle, 900 mantas y sacos repartidos, más de 41 toneladas de alimentos distribuidos y 5.414 cenas repartidas en el Comedor de San Egidio, entre otros.

Unos últimos apuntes vitales: la esperanza de vida de las personas que viven en la calle se reduce 20 años respecto al resto de la población, el 25 % de las personas viven solas y el 21,3 % de la ciudadanía catalana vive bajo el umbral de la pobreza. EFE.