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El valor que el Movimiento Obrero daba a la formación y a la cultura como herramientas emancipadoras

Cada época no sólo sueña la siguiente,

sino que soñadoramente apremia su despertar.

Walter Benjamin

Vivimos una época especialmente pasiva y enfermiza donde la fragilidad de la memoria es sólo uno de sus muchos males.

Me propongo en este breve ensayo poner de relieve el valor que el Movimiento Obrero Socialista, especialmente a finales del XIX y en los primeros quinquenios del XX, daba a la educación, formación y cultura.

Ahí están las Bibliotecas de las Casas del Pueblo y los esfuerzos que se realizaban para que los trabajadores adquirieran una formación, lo más idónea posible, para que pudieran ser sujetos activos de su emancipación.

El Movimiento Anarco-Sindicalista realizó, asimismo, unos esfuerzos en los Ateneos Libertarios y en los Círculos Ácratas para adquirir una formación, leer a los clásicos del movimiento obrero y difundir entre el proletariado su ideal revolucionario y redentorista.

El movimiento socialista, como es sobradamente conocido, conjugaba en su estrategia un doble campo de acción: uno estrictamente sindical, desde la fundación en 1888, de UGT y otro político, de raíz profundamente marxista y que siempre miraba a Francia y a Alemania, cuyos planteamientos procuraba asimilar.

Pablo Iglesias perteneciente a esa “punta de lanza” del Movimiento Obrero, que fueron los tipógrafos, insistía denodadamente en una organización sólida, un gradualismo como medio para continuar avanzando y una lucha que combinaba las apelaciones revolucionarias con una práctica básicamente reformista.

Para difundir las ideas, mantener comunicadas a las distintas Agrupaciones y dar a conocer la estrategia y la práctica, se fueron creando distintos periódicos y revistas en toda la geografía española.

Pueden consultarse en hemerotecas, en la Fundación Pablo Iglesias y en otras fundaciones del movimiento obrero. Son de gran interés El Socialista, de la que se ocupó durante muchos años el propio Pablo Iglesias, La Lucha de Clases de Bilbao, donde colaboró durante un tiempo Miguel de Unamuno, cuando se aproximó al Partido Socialista, El Mundo Obrero de Alicante, que posteriormente fue el medio de comunicación del PCE, La Guerra Social de Barcelona, Solidaridad de Vigo, El Obrero Balear de Palma de Mallorca y, por no citar, más que una última La Voz del Trabajo de San Sebastián.

Se han hecho trabajos meritorios para divulgar algunas de estas publicaciones emblemáticas pero, desde hace unos años, el interés ha quedado reducido a publicaciones de carácter histórico y a círculos académicos ¡es una lástima! Quienes hoy militan o están afiliados a partidos políticos y sindicatos de izquierda, deberían tener contacto con los contenidos expuestos en esas páginas y aprender de sus victorias y fracasos.

¿Qué libros se leían y se debatían? Muchos de ellos llevan varias décadas fuera de la circulación, pero sin ánimo de ser exhaustivo, enumeraré algunos de ellos: de Karl Marx, por ejemplo, Miseria de la Filosofía y de Paul Lafargue, yerno del autor del Manifiesto Comunista, El Materialismo económico o La Religión del capital.

Tampoco faltaban en las Bibliotecas de las Casas del Pueblo, Socialismo Utópico y Socialismo Científico de F. Engels, estaban también presentes textos de socialistas no marxista como Socialismo y Libertad de Jaurés. Prueba del esfuerzo que se hacía por informar de los derechos y facilitar el conocimiento de la legislación, citaré el Informe ante la Comisión de Reformas Sociales del doctor Jaime Vera, un texto, por tantas razones emblemático, Legislación del trabajo de Oyuelos y, por supuesto Organización y Programa del Partido Socialista.

Convendría, asimismo, analizar las influencias que recibía y los distintos afluentes que iban desembocando en el río socialista que adquiría una fuerza cada vez mayor.

Es digna de resaltarse, la preocupación ética y estética que los sectores más dinámicos del proletariado demuestran en esos años. Aparece con frecuencia, por ejemplo, la necesidad de contar con instrumentos de resistencia como las Sociedades de Socorro Mutuo, sobre todo a la hora de realizar huelgas, contra lo que se denominaba el “abuso plusvalista”.

Estos trabajadores aprendieron que el pensamiento es un arma poderosa y que tenían que dotarse de ideas extraídas de líderes y teóricos del Movimiento Obrero, para hacer frente a la ideología dominante, aunque fuera a través de textos divulgativos.

Hay veces en que el pensamiento heredado no sólo no es de ayuda sino que significa una rémora. Por tanto, un objetivo básico era encontrar sus propias armas e instrumentos teóricos. Lo que hoy denominaríamos una estrategia de acción comunicativa, estaba muy presente en quienes lideraban el PSOE y la UGT.

Organizar una resistencia solidaria, que no flaqueara, aunar esfuerzos y oponerse a la explotación que padecían, eran los elementos distintivos de la lucha obrera en esos años duros y difíciles pero más fecundos, de lo que parece, en cuanto a resultados.

El Movimiento Obrero Socialista, en sus vertientes política y sindical, fue madurando. No desdeñaban, en absoluto, la agitación, pero fueron aprendiendo a apostar por reformas profundas, capaces de establecer cambios de envergadura en la salud laboral, en las condiciones de trabajo y en la protección social.

Había que acomodar la teoría a una práctica que permitiera ir consiguiendo objetivos, paso a paso. Así se fue diferenciando, con nitidez, el Programa Máximo de los programas que emanaban de los Congresos Internacionales y de los Congresos del Partido y del Sindicato, mediante la teoría de las dos ruedas. Sin olvidar la aspiración de derrocar el poder burgués establecido.

Hoy, cuando se ciernen sobre nosotros un anquilosamiento analítico, puede y debe servir de acicate, conocer la trayectoria que mantuvieron las organizaciones obreras, para al menos, ser conscientes del significado de esa trayectoria, que tenía como columna vertebral la consecución de derechos y libertades que establecieran un modelo social más justo y que favorecieran la desaparición, de los efectos más negativos y lacerantes de la explotación que padecían.

Supieron vencer –otro aspecto al que debemos conceder no poca importancia- la desconfianza ante el propio poder. Se hicieron conscientes de la fuerza que tenían, midieron riesgos, padecieron algunos reveses pero lograron conquistas democráticas indudables y “de calado”.

No quiero, pasar por alto, el apoyo que recibieron de minorías intelectuales afines. Quizás, la más significativa, fue la de la Institución Libre de Enseñanza.

Para avanzar es preciso desprenderse de certezas ficticias y de un optimismo voluntarista. Hoy, el esgrimir la razón democrática y el rechazo a las desigualdades crecientes, nos obliga a seguir el ejemplo histórico del Movimiento Obrero.

No será un narcisismo retroactivo, que en el fondo no es otra cosa que una perversión histórica, quien nos ayude a encontrar el camino de salida de este laberinto.

Mientras tanto, vale la pena aprender de dónde venimos para ser capaces de tomar decisiones importantes, que sin duda, condicionarán nuestro futuro colectivo.

Siempre es recomendable recordar el legado de los clásicos. Sófocles en Electra, nos dejó dicho “nada más provechoso pueden recibir los hombres que el buen juicio y la mente sabia”. Consejos como este podrían ser muy interesantes si no existiera un enorme vacío, una desinformación y un desconocimiento del mundo greco-latino.

En este ensayo he hablado de varias cosas. Lo he hecho de forma general. Tal vez, sea conveniente, con mayor reposo tirar de dos o tres hilos y desarrollar dos o tres aspectos, apenas enunciados que, sin duda, serán útiles a los lectores avisados.

Lo que resulta claro y, hasta contundente, es que si nos paramos a considerar lo que los sindicatos de clase y los partidos políticos de izquierda han logrado, desde mediados del siglo XIX hasta finales del XX, advertiremos no sólo que con frecuencia somos injustos con sus conquistas sino también, que al desconocerlas tiramos por la borda buena parte de nuestro sentido crítico.

El desinterés hacia la historia va en nuestra contra. Presos de un individualismo disolvente, ni siquiera somos conscientes de que la unión hace la fuerza… y de que podemos buscar respuestas solidarias para defender nuestros intereses colectivos.

Y, sin embargo… todavía estamos a tiempo de reaccionar y de plantar cara, conjunta y solidariamente, a muchas amenazas que se nos vienen encima. 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.