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Botticelli en “El Socialista” en 1928

“Contemplando el “Nacimiento de Venus” se percibe todo lo que de divino tiene el Amor” (Emiliano M. Aguilera)

En otro trabajo nos hemos referido a la intensa labor divulgadora de la cultura y el arte que realizó Emiliano M. Aguilera en las páginas de El Socialista, a propósito de un artículo que publicó sobre Luca Giordano en las páginas del periódico obrero socialista. Recordemos que Martín Aguilera fue un abogado y crítico de literatura y arte, muy activo entre las Juventudes Socialistas, miembro de la Agrupación Socialista Madrileña, colaborador en El Heraldo de Madrid, miembro del Patronato del Museo Municipal de Madrid, y un incansable redactor del periódico socialista. De regreso del exilio se dedicó con fruición a publicar en Editorial Iberia un número considerable de libros de pintores, y estudios introductorios de autores literarios. Aguilera fue un socialista que puso su enorme capacidad de trabajo al servicio de la difusión de la cultura.

Pues bien, en marzo de 1928 nuestro escritor publicó en la sección de “Sugerencias” de El Socialista un artículo donde se acercaba al “Nacimiento de Venus de Botticelli”, y que glosamos en esta pieza.

Botticelli sería, para Martín Aguilera, uno de los artistas que había sabido presentar el desnudo humano en su aspecto más sublime. El mérito sería doble porque al plasmar en sus cuadros unas “lindísimas mujeres” desnudas no lo había hecho al modo de los escultores griegos, interesados, siempre según su opinión, en perseguir un sentimiento sereno, pero que habían resultado unas estatuas mudas, con algunas excepciones. El pintor italiano, en cambio, conocía la “elocuencia” del desnudo, por lo que había hecho hablar a los “cuerpos virginales” de esas mujeres. Un cuerpo podía expresar tanto como un rostro.

Botticelli había sabido hacer palpable las íntimas inquietudes de sus vírgenes, los “sueños puros de aquellas áureas cabecitas”, la ternura, la humildad, los temores y los anhelos de sus frágiles mujeres, de formas poco acentuadas, y que reflejarían un amor romántico y excelso, lejos de la maternidad, pero también de la sexualidad; en una palabra, el autor estaría hablando del reflejo neoplatónico en la pintura de Botticelli.

En el “Nacimiento de Venus” la diosa emergía del Océano sin estridencias. Venus abría sus ojos al mundo “con placentera calma”. Alrededor de la venera, trono de la diosa, no había ni ondinas ni sirenas, ni delfines, ni tritones, ni caballitos de mar. Nacía sin mácula, en un estado puro, hasta santo, se atrevería decir el crítico de arte. Además, ella trataba de ocultar sus pechos y “su bajo vientre”, ofreciendo su rostro, que era lo más “noble y gentil”.

El autor prefería esta Venus a las que pintaron los venecianos y los flamencos porque habían buscado sus modelos en los lupanares. Botticelli, en cambio, había acertado teniendo entre sus modelos a Simoneta Catanea.

Podemos acudir al número 5968 de El Socialista, y al artículo que publicamos en El Obrero en noviembre de 2018, titulado “Luca Giordano en “El Socialista”.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.