Quantcast
ÚNETE

El socialista De Winne en el aniversario de la Rerum Novarum

La fundamental encíclica de León XIII, la Rerum Novarum, que estableció la doctrina social de la Iglesia, produciendo un cambio oficial en relación con la cuestión obrera y la economía, se publicó el 5 de mayo de 1891. Pues bien, en mayo de 1931, es decir, en su cuarenta aniversario, el socialista belga August De Winne, que trató muchas cuestiones religiosas, y al que hemos dedicado atención en distintos trabajos, publicó un artículo al respecto, que los españoles conocieron gracias a El Socialista, y que pasamos a comentar en el presente trabajo. El momento, además, coincidía con los primeros pasos de la Segunda República y con el inicio de las primeras medidas laicas en educación por parte del Gobierno Provisional.

De Winne informaba que en unos días se iban a celebrar en Roma las ceremonias para conmemorar el aniversario de la encíclica. Interesa destacar que aludía a que muchos católicos belgas iban a peregrinar con el fin de asistir a estos actos, pero los que eran “partidarios de la Democracia cristiana”, porque dudaba que fueran “católicos capitalistas”, ya que el documento papal siempre les hizo desconfiar.

El socialista belga hacía en su artículo un breve repaso de la encíclica, de cómo León XIII había tratado de la miseria de los obreros, entregados a la codicia de la “competencia desenfrenada” y de la usura. Los ricos habrían impuesto un “yugo casi servil a la infinita multitud de los proletarios”. De Winne elogiaba esta parte del texto, pero consideraba que no constituía ninguna novedad. Muchos escritores socialistas ya habían dicho eso y mucho más. El propio Marx constituía el ejemplo perfecto. Por consiguiente, la encíclica había llegado tarde, y esto había ocurrido porque se perseguían, siempre según nuestro protagonista, otras preocupaciones y el papa buscaba un fin distinto al que tenían los socialistas. Y todo esto se veía no en la descripción de la realidad, sino en las soluciones propuestas para atajar el problema.

En primer lugar, el papa había considerado que el socialismo no presentaba más que remedios falsos. Por eso lo condenaba, y lo hacía en nombre de la propiedad privada, cuando era, a juicio, precisamente de los socialistas, la causa u origen de todos los males.

El papa abogaba por una unión entre las dos clases, es decir, los capitalistas y los trabajadores, aunque no era contrario a la intervención “legal” (entiéndase la del Estado) pero con límites, aunque, según el socialista belga, el pontífice no detallaba cuáles debían ser. También habría cierta ambigüedad en relación con las huelgas porque ni las aprobaba ni las condenaba, no diciendo nada de los lockouts. En esa misma línea estaría la defensa de una jornada laboral que no excediera las fuerzas del trabajador, o sobre el salario, que no debería ser insuficiente para la subsistencia, y fijado no por el Estado, sino por corporaciones o “sindicatos compuestos”, de obreros o patronos solos, o mixtos, que eran los favoritos de León XIII. En conclusión, la encíclica para De Winne era un documento vago o impreciso, aparte de la condena inicial a la explotación, sin olvidar que el texto terminaba con una glorificación de la caridad.

Una vez realizado el examen breve de la encíclica De Winne repasaba la influencia de la misma. En principio, había sido recibida con júbilo por los defensores de la democracia cristiana porque suponía la sanción papal a lo que venían defendiendo. El entusiasmo se trocaba en temor y hasta hostilidad en el seno de la burguesía católica porque podía suponer una amenaza a su posición de dominio de clase. Pero, si esto había ocurrido en el momento de la publicación, De Winne se preguntaba si en el tiempo transcurrido se habían mantenido el entusiasmo de unos y el temor de los otros.

De Winne analizaba el caso belga, donde la Iglesia, como bien sabemos, era muy poderosa, y también los católicos en la vida política. La encíclica habría favorecido el fortalecimiento de las organizaciones obreras católicas, así como a la Democracia cristiana. Pero, por otro lado, había fomentado los problemas dentro del viejo partido clerical belga, al generar tensiones internas, imaginamos, en nuestra interpretación, entre los defensores de los cambios, y los que deseaban que se mantuvieran las premisas anteriores de la Iglesia. Pero no había conseguido debilitar al socialismo en el país, porque, siempre según nuestro articulista, se había convertido en el eje político.

En conclusión, el legado de la encíclica de León XIII era un conjunto de exhortaciones morales, pero sin un alcance práctico en relación con la evolución del capitalismo.

Hemos consultado el número 6942 de El Socialista. Podemos trabajar también con los artículos de este autor, publicados en este medio de El Obrero y titulados, “August De Winne y los socialistas católicos alemanes” (agosto de 2018), “La reseña de August De Winne del libro sobre el socialismo, la religión y la mujer de Otto Bauer” (noviembre de 2018).

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.