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La primera reacción socialista ante la creación del Ministerio de Trabajo (1920)

Por Real Decreto de un Gobierno de Eduardo Dato de 8 de mayo de 1920 se creaba el Ministerio de Trabajo, que reunió en su seno el conjunto de organismos oficiales que trataban de cuestiones laborales, como el Instituto de Reformas Sociales, desapareciendo, a su vez, el Ministerio de Abastecimientos por otro Real Decreto de ese mismo día, y que había sido creado en septiembre de 1918 en relación con la brutal crisis sobre los abastecimientos generada por las consecuencias de la Gran Guerra.

Pues bien, en este artículo nos acercamos a la postura inmediata de los socialistas ante este cambio en la Administración del Estado. En principio, podríamos suponer que el socialismo español estaría de enhorabuena por la creación de un Ministerio de Trabajo, habida cuenta de que sabemos que fue, en el futuro, uno de sus instrumentos para mejorar la condición de los trabajadores en tiempos del primer bienio republicano, lanzando una extensa legislación, estando al frente del mismo, el principal líder socialista, Francisco Largo Caballero. Anteriormente, y, por otro lado, con todos los vaivenes que hubo, también el sindicalismo socialista participó en el Instituto de Reformas Sociales, como luego haría en los Comités Paritarios de la época de Primo de Rivera. Pero en 1920 la situación era distinta y la creación del Ministerio de Trabajo no causó una impresión, en principio, nada positiva para los socialistas. Escéptica, podríamos convenir que fue esta primera postura.

En El Socialista se incluyó una columna que trataba sobre este cambio administrativo, cargando contra los gobiernos españoles por su inclinación hacia las soluciones burocráticas -el eje de la crítica- que, supuestamente, terminaban por complicar más las cosas. Ese habría sido al caso del Ministerio de Abastecimientos para los socialistas, creado ante la cuestión pavorosa de las subsistencias, pero que se había convertido en “un complicado artilugio burocrático”.

Ahora se creaba el Ministerio de Trabajo, del que se llevaba hablando mucho tiempo. En ese sentido, sabemos que en el propio Decreto se decía que la idea ya se había anunciado en el Discurso de la Corona de 1914, pero que el estallido de la Gran Guerra había paralizado su creación. El periódico se preguntaba cuáles iban a ser las funciones del nuevo departamento ministerial y qué género de actuaciones habría de desarrollar frente a los problemas laborales. Los socialistas afirmaban que el Ministerio reuniría un conjunto de organismos ya existentes, pero se ignoraba la finalidad que perseguía el Gobierno. El Ministerio surgía sin un estudio previo y sin un ideario que lo orientase. Se acusaba al Gobierno de haberse precipitado, desde la perspectiva socialista. En todo caso, como podemos comprobar, en el preámbulo de la disposición se afirmaba que la creación obedecía a necesidades del momento histórico, habida cuenta del creciente interés de los Estados y sus Gobiernos hacia las cuestiones sociales, hasta tal punto que se había tratado en el ámbito internacional en las negociaciones y tratados de paz, en alusión a la creación de la OIT. Por otro lado, también se aludía a la tradición española de creación de Institutos que habrían realizado continuos trabajos de información, preparación legislativa y de inspección.

En consecuencia, los socialistas opinaban que la clase trabajadora no tenía ninguna confianza en lo que se consideraban “tinglados oficinescos” que se armaban para dar una apariencia de modernidad a un Gobierno que encarnaba la vieja política. No olvidemos que Dato sería un representante de esa vieja política, pero también es cierto que se preocupó de crear una legislación laboral desde su concepción de renovación del conservadurismo.

No cabe duda que había un evidente desengaño en relación con lo que había hecho la Administración en plena Guerra Mundial, pero también por el trabajo del Instituto de Reformas Sociales porque muchas de sus iniciativas o recomendaciones no terminaban de cuajar, provocando plantes de los vocales obreros. En todo caso, es muy conocido que el socialismo español siempre fue partidario de participar en cuantas instituciones de tipo laboral se pusieron en marcha en el reinado de Alfonso XIII y la Dictadura de Primo de Rivera, pero con un evidente espíritu crítico. Este es el marco en el que tenemos que entender, a nuestro juicio, esta reticencia hacia la iniciativa de Dato.

Hemos consultado el número 3508 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.