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Mujer y Masonería hoy

Son arquitectas, abogadas, profesoras. Escritoras, periodistas, defensoras de derechos humanos, médicas, Son administrativas o jardineras. Algunas son madres, otras lo serán y algunas no querrán serlo. Mujeres de todas las clases sociales, condición, opciones sexuales. Pero todas están unidas por un lazo que las trasciende: son masonas. Y a la Masonería dedican parte de sus vidas, de su actividad y su tiempo. Llegar aquí no ha sido un camino fácil. Como no lo ha sido nada de lo que atañe a la mujer. Una larga historia de lucha por conseguir igualdad, por conseguir mismos derechos, pues si no son universales son privilegios. Dentro de la Masonería la mujer fue encontrando un lugar donde expresar sus anhelos, ahondar en su propia formación como ser humano libre y con la mirada puesta en la construcción de un mundo mejor que, pasando ineludiblemente por el logro de la plena igualdad, hunde sus raíces en el reconocimiento y el respeto profundo de la diversidad.

Durante muchos años esto no fue posible. La Masonería era un reducto masculino de hombres y para hombres. Eran tiempos en los que se negaba el alma a la mujer y esta se mantenía recluida en el cuidado de la familia, la crianza de los hijos propios o ajenos o en la limpieza de la casa, también propia o ajena, dependiendo de en qué lado de la sociedad se hubiera nacido. Eran tiempos en los que la sociedad patriarcal dominaba todos los ámbitos sin exclusión, tanto sociales como políticos o familiares. No obstante, es importante destacar cómo hubo mujeres que, negándose a asumir ese rol impuesto por una sociedad profundamente patriarcal, desigual e injusta, participaban fuera del rincón donde el hombre las había recluido y se atrevían a exigir su propio espacio. Fueron pioneras y algunas pagarían con su propia vida tal osadía. Fueron las antecesoras que irían desbrozando un camino largo, duro, difícil. Muchas veces cuajado de violencia y dolor. Mujeres olvidadas por la Historia de ayer a las que la Historia de hoy está en la obligación de rescatar.

El constante intento de invisibilizar a la mujer también pretendió ignorarla. Pero muchas hubo que, enfrentándose a ese estado de cosas, lograron cambiar la historia y fueron precursoras de la lucha por la Igualdad. Porque, sobre todo, a la mujer se le negaba ese derecho fundamental sin el que los demás son inexistentes: se le negaba la Libertad. Por ella murieron mujeres como Mariana Pineda, masona. Y negándole la libertad se le asignaban los espacios de la ignorancia y el sometimiento. Un tiempo en el que la mujer, por el hecho de serlo, estaba excluida de cualquier esfera pública. Sin voz, tratará de buscarla en la Masonería, esta institución que lleva como emblema la Igualdad, la Libertad. Por ello su incorporación, aunque lenta, fue decisiva.

La historia de la mujer en la Masonería va unida a su propia historia de emancipación. Sus conquistas en el camino de la igualdad y la libertad siguieron los mismos pasos. Nunca fáciles pero sí firmes, seguros y sin vuelta atrás. Su incorporación a la Masonería y su crecimiento dentro de ella han ido unidos a su propia concienciación. Hoy, en un tiempo en el que en la mayor parte de las sociedades occidentales se ha conseguido jurídicamente un estatus de Igualdad, aún queda mucho camino para que en todas las facetas y ámbitos esta sea una realidad integrada, asumida, incorporada al sentir más profundo del ser humano. La sociedad patriarcal sigue marcando la escena.

Desde las llamadas logias de adopción, hoy desaparecidas, pasando por las logias mixtas en las que hombres y mujeres comparten un mismo espacio sin que el género determine ámbitos de desigualdad, a las logias estrictamente femeninas, la mujer ha ido incrementando su presencia en su seno.

Es difícil definir lo que es esta hermandad denominada Arte Real. Escuela de filosofía, de pensamiento, que, mediante un trabajo gradual, pone su meta en la construcción de la propia persona. Construcción que se vierte en el servicio a la humanidad para lograr un mundo más libre, justo, igualitario y fraternal, lo que explica que la Masonería haya sido abanderada históricamente del Progreso y de la Razón y protagonista de los cambios más radicales en pos de la justicia y la libertad. Profundamente conectadas con el tiempo de la Razón y la Ilustración, son las logias espacios donde se habla con libertad de todo lo que atañe al ser humano.

La Masonería bebe de la tradición humanista que abogaba por la libertad de conciencia, tolerancia desde la igualdad de derechos, desde el respeto. Amor por el progreso, por la fraternidad, el entendimiento y la resolución de problemas desde la concordia. El día que estos principios no sean los inspiradores de la actuación de sus miembros, la Masonería habrá comenzado su declive. Principios que pierden su sentido si no son alimentados por ambos sexos, en pie de igualdad. En un mundo diverso, en el que la Humanidad clama urgentes cambios en pensamiento y forma de vida, en este siglo XXI en el que la naturaleza ha puesto contra la pared a la Humanidad, la Masonería integrada por hombres y mujeres en pie de igualdad tiene aún mucho que decir y que aportar. Mientras siga habiendo desigualdad, guerra, hambre, derechos humanos como privilegios disfrutados por unos cuantos, destrucción del medio ambiente, la Masonería tendrá mucho que decir. Los principios en los que nos hemos movido los seres humanos durante los últimos cien años se tambalean. El laboratorio de ideas de progreso que ha sido históricamente la Masonería sigue en pie. En él la mujer y el hombre, en pie de igualdad, encuentran un lugar en el que trascender, en el que crecer, en el que construirse como seres humanos para construir una humanidad menos doliente, menos consumista, menos competitiva y más en comunión con una Naturaleza de la que nos hemos apartado en exceso.

Luz Modroño es doctora en psicóloga y profesora de Historia en Secundaria. Pero es, sobre todo, feminista y activista social. Desde la presidencia del Centro Unesco Madrid y antes miembro de diversas organizaciones feministas, de Derechos Humanos y ecologistas (Amigos de la Tierras, Greenpeace) se ha posicionado siempre al lado de los y las que sufren, son perseguidos o víctimas de un mundo tremendamente injusto que no logra universalizar los derechos humanos. Y considera que mientras esto no sea así, no dejarán de ser privilegios. Es ésta una máxima que, tanto desde su actividad profesional como vital, ha marcado su manera de estar en el mundo.

Actualmente en Grecia, recorre los campos de refugiados de este país, llevando ayuda humanitaria y conviviendo con los y las desheredadas de la tierra, con los huidos de la guerra, del hambre o la enfermedad. Con las perseguidas. En definitiva, con las víctimas de esta pequeña parte de la humanidad que conformamos el mundo occidental y que sobrevive a base de machacar al resto. Grecia es hoy un polvorín que puede estallar en cualquier momento. Las tensiones provocadas por la exclusión de los que se comprometió a acoger y las medidas puestas en marcha para ello están incrementando las tensiones derivadas de la ocupación tres o cuatro veces más de unos campos en los que el hacinamiento y todos los problemas derivados de ello están provocando.