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Las Monarquías Condenadas, Pi i Margall, y los socialistas en 1919

Nada más terminar la Gran Guerra, derrotados los Imperios Centrales, y en plena liquidación de las Monarquías vencidas, los socialistas españoles dedicaron mucha atención a esta cuestión concreta en las páginas de El Socialista. En este sentido, es muy significativo que en el primer número del periódico obrero del año 1919 se incluyera un artículo de Pi i Margall, fallecido en 1901, con el significativo título de “Las formas de gobierno”, y que el periódico enmarcaba en “Las Monarquías condenadas”.

Es cierto que los socialistas siempre fueron republicanos, pero también consideraban que tanto en Monarquías como Repúblicas se explotaba al trabajador, insertando muchos artículos en los que se analizaba esta cuestión y se ponían ejemplos comparativos entre lo que ocurría, por ejemplo entre Estados Unidos, la Francia de la III República y la Monarquía británica, para demostrar que en las dos primeras no se trataba muchas veces mejor a los obreros que en Inglaterra. Es más, los socialistas siempre fueron muy críticos hasta la llegada de la Conjunción Republicano-Socialista, y aún después, con el republicanismo español porque consideraban que, efectivamente, podía encuadrar a partidos o formaciones más progresistas, pero que solamente pretendían un cambio de régimen bajo las mismas premisas del sistema capitalista. Los socialistas no eran monárquicos, querían una república, pero social, no burguesa. En todo caso, dada la tendencia oficial aliadófila que terminó teniendo el PSOE, se criticó con dureza durante la Gran Guerra y la inmediata posguerra a las Monarquías de los Imperios Centrales como factores fundamentales del belicismo y de la falta de democracia en sus respectivos estados. Este sería el contexto en el que debemos entender el rescate de un viejo artículo del republicano Pi i Margall en la primera página del primer día de 1919.

Pi i Margall aludía en su artículo a que los periódicos monárquicos defendían que carecía de importancia la cuestión de las formas de gobierno, que hubiera Monarquía o República era indiferente si prevalecían los principios democráticos. El desdén por las formas era muy común, siempre según nuestro protagonista, hasta en la propia Filosofía. Serían accidentales, mientras que las esencias lo eran todo, pero si no había formas los objetos desaparecerían, hasta los hombres dejarían de ser tales.

Y ese argumento podía aplicarse a la política. Si se respetaba la soberanía del rey se convertía en ilusoria la del pueblo; en cambio, si esta se hacia real se desvanecía la Monarquía, o quedaba reducida a una vaga sombra, a un hombre.

Pi i Margall consideraba que era inexacto que existiese democracia bajo Monarquías hereditarias. No podía gobernar un pueblo que viviese bajo a la autoridad de un poder que no era obra de su voluntad, y que se presuponía derivado de Dios o de los vínculos de la sangre.

No podía ser indiferente fiar la suerte de una nación en el nacimiento, regidas en cada momento por hombres, mujeres o jóvenes sin saber ni experiencia, hoy por monarcas juiciosos, mañana por otros que no lo fueran. No se podía olvidar la historia de las Monarquías de la época (el siglo XIX), en donde se había llegado a la democracia por una incesante lucha del pueblo con los reyes, costando mucha sangre. En el artículo aludía al caso concreto de la batalla de Alcolea que terminó por liquidar al régimen isabelino en la Revolución de 1868, aunque luego esa democracia había sido arrebatada en Sagunto en alusión al pronunciamiento de Martínez Campos y la llegada de la Restauración borbónica.

Los monarcas eran los que ejercían las dictaduras. No era por el voto de las Cortes que se formaban y caían gobiernos, en una clara alusión al sistema político de la propia Restauración, ya que, como sabemos no eran las elecciones las que llevaban a crear ejecutivos, sino el turno pactado y la voluntad regia, mientras que las elecciones a Cortes eran un puro escaparate institucional amañando para dar visos de legitimidad al cambio de gobierno.

Las formas de gobierno no eran vanas. Las Monarquías venían en ese momento a ser condenadas para la Historia por la razón y la dignidad, un argumento perfectamente aplicable al nuevo tiempo de 1919 al estar siendo derribadas las Monarquías en el centro y este de Europa. Con la inclusión de este artículo antiguo los socialistas no sólo parecían alegrarse del fin de esas Monarquías sino que esperaban que cayera la española, algo que, como bien sabemos, estaba entre los temores del propio Alfonso XIII en ese mismo momento.

Hemos consultado el número 3440 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.