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Vandervelde narra los dos últimos días de vida de Jaurès luchando contra la guerra

El destacado socialista belga Émile Vandervelde nos ha dejado un testimonio de los dos últimos días de vida de Jaurès, el 29 y el 30 de julio de 1914, con el que estuvo en Bruselas. Los socialistas españoles recogieron este texto en El Socialista, un testimonio harto interesante porque confirma que el socialista francés luchó hasta el último instante de su vida contra la guerra. Este artículo glosa aquel testimonio.

Jaurès había acudido a la nueva Casa del Pueblo de la capital belga donde se habían reunido los principales miembros de la Internacional: Sembat, Vaillant, Keir Hardie, Kautsky, Haase y Adler.

Vandervelde afirma en su texto que las cosas no iban nada bien. Efectivamente, Belgrado había sido ocupada. Alemania estaba detrás de Austria, y Rusia defendía a los serbios. La guerra parecía inevitable, aunque aquellos socialistas tenían aún la esperanza de que no ocurriese.

En esta línea estaba Adler, que consideraba que aquella guerra era “una imposibilidad moral”, y que era imposible, por tanto, de que estallase. En este sentido, mientras se desarrollaba la reunión Haase leía telegramas anunciando que en Berlín, en Hamburgo, y en muchas otras ciudades alemanas las muchedumbres se preparaban para manifestarse contra la guerra.

Jaurés, siempre según nuestro cronista, pensaba que al final imperaría la paz. Sabía que Francia no quería la guerra. También se opinó en la reunión que el káiser se mostraba partidario de la paz, no por convicción, sino porque temía las consecuencias. Al parecer, Haase había sido llamado a la Cancillería, unos días antes, donde se le manifestó que el gobierno deseaba la paz tanto como los socialistas, pero se les avisó que tuvieran cuidado con las manifestaciones porque podían provocar las tendencias belicosas rusas. Vandervelde confesaba que en ese momento los socialistas no sabían o no podían saber de la doblez de las autoridades alemanas, resueltas a caminar hacia la guerra, para engañar a todo el mundo.

Jaurès debió ser el más optimista de la reunión porque siguió defendiendo la idea que no estallaría la guerra. Cuando alguien le respondió que, a pesar de todo, estallaría un conflicto, aunque se esperaba que localizado, el socialista francés respondió que podría ser pero supondría el aplastamiento de Serbia, por lo que era necesario que los socialistas austriacos se aprestasen a la agitación, y que en Alemania, como en Francia, se realizase un esfuerzo paralelo para presionar tanto a Austria como a Rusia. El objetivo era doble: rechazar las exigencias austriacas, que consideraba brutales, y fomentar la moderación en Rusia. Así pues, se redactó un manifiesto, que se firmó el 30 por la mañana.

A las once de la mañana de ese día, se separaron los líderes socialistas, después de haber acordado, conforme a lo propuesto por los representantes alemanes, celebrar en París, el domingo 9 de agosto el Congreso aniversario de la Internacional.

Vandervelde salió de la Casa del Pueblo con Jaurès, que se mostró, al parecer, aún más optimista por noticias que había recibido. Le manifestó al belga que la crisis se resolvería como las anteriores. Como le faltaba aún una hora para su tren con destino a París le propuso ir al Museo de Pinturas antiguas para volver a ver a los primitivos flamencos, pero Vandervelde tenía un compromiso y no le pudo acompañar. Al día siguiente, Jaurès sería asesinado.

La crónica de Vandervelde se publicó en el número 2263 de El Socialista del día 4 de agosto de 1915.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.