Quantcast
HEMEROTECA
             SUSCRÍBETE
ÚNETE A EL OBRERO

El movimiento obrero en Castelló en el temporal de 1889

A raíz de la preocupación actual por el cambio climático, se está comenzando a dar más importancia a estas cuestiones del clima desde la historiografía. En realidad, no es un tema nuevo. La obra de Emmanuel Le Roy Ladurie sobre la Historia humana y comparada del clima marcó un hito en su tiempo. Por otro lado, los historiadores de la economía y sociedad de los tiempos preindustriales siempre han dedicado mucha atención a la dependencia climática en los procesos de crisis de subsistencia sobre una agricultura con escasos avances tecnológicos, fruto de estructuras de la propiedad que impedían la aplicación de los mismos. Pero, sin lugar a dudas, ahora se están emprendiendo estudios más globales como el de Geoffrey Parker para todo el siglo XVII o el de Colapso de Jared M. Diamond sobre las causas del final de las sociedades incluyendo el cambio climático entre ellas. En todo caso, conviene también insistir que no se puede caer en determinismos cuando estudiamos la Historia, pero sí parece necesario recalcar que la cuestión de clima no es, ni mucho menos secundaria, como no lo es hoy; es más, ahora mismo ya es fundamental porque peligra el planeta, y ahora no por causas naturales, sino por la acción humana sobre la Naturaleza.

Pues bien, nuestro objetivo en este artículo es mucho más modesto y se vincula a las consecuencias sociales de los efectos del tiempo atmosférico para un caso concreto, Castelló en el año 1889. En esta pieza estudiamos la reacción de las autoridades ante un desastre natural, y cómo se interpreta la misma desde los grupos desfavorecidos, algo más difícil de abordar para épocas anteriores al siglo XIX. Contamos para informarnos sobre lo que pasó, cómo se reaccionó y la queja del movimiento obrero socialista castellonense, empleando dos fuentes, la obra de Juan A. Balbás, El libro de la provincia de Castellón, obra premiada en los Juegos Florales del Rat-Penat, celebrados en Valencia en el verano de 1889, y la crónica-denuncia del corresponsal de El Socialista.

En enero de 1889 se produjo en Castellón un intenso temporal de lluvia y nieves que duró dos semanas. La situación llegó a tal extremo que los jornaleros en grupos de veinte, treinta o cuarenta salieron a la calle para pedir limosna. Pero también niños y mujeres se manifestaron públicamente por las principales calles de la ciudad expresando que llevaban cuarenta y ocho horas sin comer. El corresponsal del periódico obrero informaba en su crónica que algunos recibieron limosnas, “mendrugos que el perro había de comerse o que este quizás” no había querido.

El mismo corresponsal afirmaba que ante estas manifestaciones en las que los obreros reclamaban trabajo el Ayuntamiento reaccionó, mientras que Balbás consideraba que el Consistorio había acudido “en socorro del necesitado”, y “con mano pródiga” había ofrecido jornales para trabajos en el Paseo del Arenal. Según el propio Balbás también se habían repartidos raciones de pan, arroz, alubias, patatas, tocino y bacalao. Pero el corresponsal socialista hizo su propia interpretación de las ayudas, especialmente en relación con los salarios. Al parecer, siempre según su texto, se había ofrecido un jornal de seis reales el primer día en las obras, pero esa cantidad fue disminuyendo progresivamente a medida que pasaban las jornadas al aumentar el número de jornaleros que buscaban ocupación. El segundo día se ofrecieron cinco reales, por cuatro el tercer día, hasta que se llegó a decir que no había trabajo o que si los jornaleros querían trabajar lo hicieran gratis. Los socialistas denunciaban la actitud del Ayuntamiento porque ni tan siquiera los seis reales eran suficientes para cubrir las que eran apremiantes necesidades de los jornaleros, porque algunos llevaban quince días sin trabajar y, por lo tanto, sin recibir estipendio alguno. Además, el Ayuntamiento había suspendido los trabajos y los jornales cuando todavía se necesitaba ayudar a muchas personas. El corresponsal no conocía la causa de esta suspensión, no sabía si había sido por falta de fondos, pero apuntaba que algunos ediles habían criticado a los trabajadores porque, en su opinión, no hacían nada de provecho.

Las organizaciones obreras comenzaron a movilizarse. En ese sentido, las Juntas Directivas de la Sociedad Tipográfica y la de Panaderos se habían reunido para organizar una manifestación para reclamar pan o trabajo. Al parecer, este hecho podría ser una de las causas por las que las instituciones, las Sociedades religiosas y recreativas decidieran actuar. Sabemos cuáles fueron gracias a Balbás: el Gobierno Civil, el Militar, el Casino Antiguo, el Nuevo, el de Artesanos, el de Labradores, el Centro Católico, el Instituto Provincial, el Regimiento de Otumba, los estudiantes, los vicarios de la Sangre y San Miguel, además de algunos particulares.

Por eso, la crónica socialista se quejaba de que solamente se actuaba cuando los trabajadores se movilizaban, cuando los necesitados desesperados salían a la calle. El miedo a lo que pudiera ocurrir habría movilizado a las instituciones.

Balbás explicaba que una vez terminado el temporal el labrador había vuelto a su trabajo en el campo, sin que fueran precisos más socorros, porque según su opinión en Castellón había muy pocos “pobres de solemnidad”, y los que había eran forasteros. En Castellón todo el mundo vivía de su trabajo, por eso tenía fama de “honradez y merecidísima por cierto”.

Dos interpretaciones de lo ocurrido a raíz del temporal que azotó Castellón en 1889.

Como hemos señalado hemos empleado como fuente El Socialista, en su número 150, y el libro de Balbás citado, páginas 382 y 383.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.