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Los socialistas españoles y la victoria laborista de 1929


Ramsay MacDonald en un retrato de Solomon Joseph Solomon / Wikimedia Commons Ramsay MacDonald en un retrato de Solomon Joseph Solomon / Wikimedia Commons

Durante los años veinte el socialismo español dedicó una especial atención a la evolución del laborismo británico en su ascenso electoral y su llegada al poder, aunque de forma complicada. El laborismo suponía una alternativa posible frente al modelo comunista de la III Internacional. En distintos trabajos, que venimos publicando en los últimos tiempos, estamos intentando profundizar en esta cuestión.

Efectivamente, el triunfo laborista de las elecciones de la primavera del 29 provocó un gran despliegue en El Socialista, informando de forma exhaustiva, y publicando noticias sobre el nuevo gobierno y sus políticas, y hasta creando una sección de biografías con ilustraciones de los diputados laboristas.

Los socialistas españoles valoraban con entusiasmo esta llegada al poder, aunque fuera complicada, ya que, debemos recordar que los conservadores obtuvieron unos doscientos mil sufragios más que los laboristas, pero, dado el sistema mayoritario electoral británico, los laboristas aventajaron a los tories en diputados en los Comunes: 287 frente a 260, mientras que los liberales se quedaron en 59. Al no conseguir una mayoría estable, Ramsey MacDonald, el líder laborista, tuvo que contar con el apoyo liberal.  Este gobierno duró hasta el año 1931 en plena crisis económica y social.

En el número del día 31 de mayo de El Socialista se incluyó en la primera página una crónica de los primeros resultados conocidos de las elecciones. Se insistió en que la mayoría del electorado era femenino, con un millón y medio más de votantes. Parece ser, además, que fueron más madrugadoras que los varones a la hora de ejercer su derecho al voto. Debemos recordar que el pleno derecho al sufragio de las mujeres se había alcanzado el año anterior, aunque desde 1918 podían votar las mujeres mayores de 18 años. El periódico obrero español resaltaba el compromiso de las mujeres obreras exteriorizando su preferencia laborista. El voto femenino parecía decisivo en el cambio electoral en el Reino Unido, habiendo descolocado los cálculos políticos tradicionales. Al respecto, esta cuestión interesó mucho a los socialistas españoles, porque en el número del 2 de junio, cuando ya se confirmó el éxito de la izquierda, se publicó un artículo donde se planteaban interpretaciones sobre el voto de las obreras británicas que conocían bien la dura realidad de los hogares. También se aludía a que las mujeres no estaban sujetas al sometimiento religioso, un tema que tiene que ver con el debate en el seno de la izquierda española en esa época. También se aludía a la llegada de nueve diputadas laboristas a los Comunes.

En el periódico socialista se insertaban noticias sobre problemas en reuniones de los conservadores, los augurios de los liberales ante la afluencia de electores en las Universidades de Londres y Oxford, la animación en las calles londinenses, con un aumento del tráfico para ir a votar, el empleo de aeroplanos en Manchester para el transporte de electores y candidatos, y ese mismo uso pero con fines propagandísticos en la capital británica.

Los primeros resultados de la noche eran muy alentadores para los laboristas, especialmente en Londres.

Los socialistas españoles se congratulaban a través del previsible triunfo del laborismo británico frente al fracaso reciente en las elecciones belgas, pero de forma paralela al éxito socialista en Dinamarca. El periódico cerraba el conjunto de noticias de ese primer día con una intensa proclama sobre el avance del socialismo después de tantos sinsabores. Era la hora de la victoria.

En el número del primero de junio de 1929 se hizo un gran despliegue ya con las noticias y datos del éxito confirmado de los laboristas en el Parlamento. Se aprovechó para insertar un resumen del programa electoral laborista. En política interior se había una especial preocupación sobre el paro, un problema grave en el período de entreguerras, la adopción de políticas para aliviar las penurias sociales en las regiones hulleras, la reorganización industrial, la nacionalización de las minas, una política para el acceso popular a la vivienda en régimen de alquiler, la desaparición de los “slums”, es decir, de los barrios miserables, y el control de precios en los materiales de construcción, el control público de la tierra y la estabilidad de precios agrarios, la aprobación de créditos para los agricultores, el establecimiento del salario mínimo, mejora en la legislación sobre prevención de riegos en la industria, la reorganización de algunos sectores (algodón y metalurgia), y la aprobación de una legislación contra los trusts.

En política exterior, los laboristas abogaban por la aprobación de serie de medidas sobre el desarme y la paz, potenciando la Sociedad de Naciones, intentando que Francia retirara sus tropas de la Renania, y sobre la necesidad de reconocer a la Unión Soviética.

En un artículo específico se glosó la preocupación laborista por la educación y la cultura. Se destacaba la defensa del aumento de la edad de la escolarización obligatoria, y la preocupación por la enseñanza de los obreros.

Pero junto a la intensa alegría que desbordaba las líneas de las noticias y crónicas, los socialistas españoles advertían de la intensa responsabilidad que tenían los laboristas a la hora de gobernar, en un Reino Unido con fuertes problemas económicos y sociales, porque ya no era la potencia del pasado. También se analizaba el papel de los liberales en su equidistancia entre el conservadurismo y el socialismo, y la necesidad de que debían cambiar si querían sobrevivir, acercándose al laborismo. No olvidemos que su concurso era necesario para formar gobierno.

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Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.